14 horas y 31 minutos: es el tiempo que necesitó Gertrude Ederle, la primera mujer que cruzó nadando el Canal de la Mancha

En el verano de 1926, una joven neoyorquina de apenas 19 años se convirtió en la mujer más famosa del mundo. Hablamos de Gertrude Ederle, una nadadora de Estados Unidos que, el 6 de agosto de aquel año, se convirtió en la primera mujer en cruzar a nado el Canal de la Mancha, el brazo que separa el noroeste de Francia de la isla de Gran Bretaña.

Este era un logro en sí mismo, pero aún fue más impresionante si se tiene en cuenta que Ederle consiguió hacerlo más rápido que cualquiera de los cinco únicos hombres que habían logrado cruzar el canal antes que ella. La joven nadó hasta Dover (Inglaterra) en 14 horas y 31 minutos, batiendo el récord mundial masculino por 1 hora y 59 minutos.

Un año antes, la neoyorquina ya había intentado cruzar a nado el Canal de la Mancha, aunque sin éxito. La nadadora estaba más que preparada para esta impresionante travesía si recordamos que, entre 1921 y 1925, ostentó 29 récords nacionales y mundiales de natación amateur. En 1924, llegó a participar en los Juegos Olímpicos de París, donde consiguió una medalla de oro en los 4 x 100 metros y dos de bronce.

La travesía a nado

Poco después de las 7 de la mañana del 6 de agosto de 1926, la deportista partió hacia Inglaterra luciendo un traje de baño de dos piezas que ella misma había diseñado para la ocasión. Pero más allá de la vestimenta elegida, una de las cosas que más llamó la atención fueron las distintas capas de aceite de oliva y grasa de oveja (lanolina) con las que se había untado el cuerpo para evitar roces durante el ejercicio.

También se recuerdan los accesorios que eligió para la larga travesía por mar. Gertrude nadó con unas gafas que parecían de motorista, selladas con parafina para proteger sus ojos de la sal. Durante el recorrido, se enfrentó a todo tipo de adversidades, desde una tormenta hasta enormes olas que la arrastraban y dificultaron sus movimientos dentro y fuera del agua.

Aunque la distancia entre las dos ciudades era oficialmente de 34 kilómetros, el mar agitado hizo que la longitud real de su nado fuera de unos 56 km, pero a pesar del mal tiempo, se calcula que unas 4.000 personas la esperaban para recibirla al otro lado. Los días posteriores, periódicos de Estados Unidos, Gran Bretaña y toda Europa aclamaron su hazaña como un acontecimiento histórico.

El final de una carrera

Gertrude se quedó sorda tras contraer sarampión a los cinco años, lo que le dejó secuelas graves e infecciones. Tiempo después, ya de adulta, sufrió una lesión en la espalda por una caída, aunque ninguna de estas dos cosas le frenaron para dedicarse profesionalmente a la natación. Tras retirarse, dedicó parte de su vida a enseñar a nadar a niños sordos en una escuela de Nueva York. Ederle falleció a los 98 años en 2003.