Dividida en más de 200 cajas y cruzando el Atlántico en barco: así llegó la Estatua de la Libertad a Estados Unidos

“Es un icono, un tesoro nacional y una de las figuras más reconocibles del mundo”. Así la define la organización Statue of Liberty-Ellis Island Foundation en su página web, donde subraya cómo la Estatua de la Libertad se ha convertido en uno de los monumentos más emblemáticos de Nueva York

Desde su inauguración en 1886, la enorme estructura de cobre ha sido protagonista en la ciudad estadounidense. Esta recibe entre 3,7 y 3,8 millones de visitantes cada año, pero son muchos los que desconocen su origen. ¿Cómo llegó la estatua hasta Estados Unidos? ¿O es que acaso siempre estuvo en este país?

Para conocer la historia de la pieza, debemos viajar en el tiempo hasta el año 1865, cuando al francés Édouard de Laboulaye se le ocurrió la idea de hacerle un regalo gigante al pueblo de Estados Unidos. El jurista y político, también conmovido por la reciente abolición de la esclavitud en el país, quería que el obsequio sirviera para conmemorar la independencia estadounidense. 

El joven escultor Frédéric Auguste Bartholdi fue entonces contratado para llevar a cabo esa idea y diseñar la estructura. Este llenó de simbolismos aquella estructura, incluyendo elementos como la antorcha, la corona con puntas como rayos de sol, la placa con la fecha del 4 de julio de 1776 grabada en números romanos, el grillete roto y las cadenas a los pies de la estatua…

De la construcción al viaje

Para su construcción, Bartholdi necesitó la ayuda de un ingeniero para resolver los problemas estructurales de la escultura de cobre tan colosal. Aquí entró en acción Alexandre Gustave Eiffel, quien justo antes de crear su famosa Torre Eiffel fue contratado para diseñar el armazón interno que permitiría sostener la estructura. 

La construcción de la Estatua de la Libertad se completó en Francia en julio de 1884, y entonces llegó el momento decisivo: transportar el colosal monumento desde el país europeo hasta el otro lado del Atlántico. No era tarea fácil, teniendo en cuenta que la estructura mide 46,05 metros de altura y pesa 125 toneladas. 

El viaje comenzó en Ruan, hasta donde la estatua viajó en tren, para más tarde bajar el Sena en barco y llegar al puerto de El Havre. De allí partió hasta Nueva York, ciudad a la que llegó el 17 de junio de 1886 a bordo de la fragata Isère. Pero esta no hizo la travesía por el Atlántico tal cual la conocemos ahora: la estatua fue desmantelada en 350 piezas, divididas en 214 cajas, para facilitar el traslado. 

Una vez en su destino, la estatua tardó unos cuatro meses en ensamblarse sobre su nuevo pedestal. El 28 de octubre de 1886, la Estatua de la Libertad fue inaugurada y hoy, 140 después, sigue captando todas las miradas del que viaja hasta la ciudad de Nueva York.