Las gafas
No sé si nos hemos dado cuenta, pero el eclipse es una historia de amor. Un amor desafiante, prohibido y conquistado. Un amor eterno y esperanzador.
No, no es que me haya dado un ataque rosa, no crean, ni me he empachado con ninguna película de la tele los domingos por la tarde, nada de eso. Es que me he acordado de aquella canción infantil, ¿la saben? Al sol le llaman Lorenzo, y a la luna Catalina. Cuando se acuesta Lorenzo, se levanta Catalina. Con un bailecito de agacharse y levantarse. Y risas. Aunque era la triste historia de un amor imposible. Una condena.
Lo que más me asombra (nunca mejor dicho lo de sombra) es que seamos capaces de prever ese encuentro (llamémosle eclipse), escarbar en las leyes del cosmos y concretar, al milímetro, que llegaría, a pesar de la maldición. No es que seamos adivinos, es que vivimos en un universo que es leal, cumple sus leyes y nos da lecciones que conviene aprender. Ya saben a qué me refiero.
Para comprender nuestro mundo, necesitamos el telescopio (ver el más allá), y el microscopio (ver el más acá). Esta mezcla de instrumentos nos hace entender las cosas. Pero lo que en este momento necesitamos es un ahorascopio, un aparato que nos permita medir no en años luz ni en nanómetros, sino en centímetros de realidad cotidiana. Un artilugio nuevo que nos abra los ojos y podamos distinguir todos los ataques que sufre nuestra capacidad de compartir sin eclipsar a nadie. La realidad del ahora y aquí, en el planeta tierra, la vemos mal porque no tenemos a mano las gafas del bienestar común.
Sabemos la trayectoria de Catalina, sabemos el reinado poderoso de Lorenzo, sabemos esa suma de órbitas que permite encuentros cósmicos, y lo vemos con las gafas adecuadas, pero no sabemos encontrar la manera de respetarnos aquí unos a otros (una órbita siempre tiene algo de respeto), no sabemos compartir espacios sin que aparezca el conflicto irresoluble. Nos faltan las gafas adecuadas.
Si nos ponemos las gafas que hemos comprado, nos advierten: así no se puede conducir, no conviene confundir las gafas, añaden. De verdad, el concepto gafas significa poder ver la realidad según las condiciones que nos rodean. Ese es nuestro porvenir; bonita palabra porvenir, más que bonita es sincera, suena a esperanza.
Unas gafas para descubrir el eclipse lejano, otras para analizar el átomo escondido, ¿para cuándo gafas para ver de verdad al otro, al diferente, al que está al lado?Las necesitamos con urgencia.
La Luna y el Sol lo han conseguido. A pesar de todos los inconvenientes de sus familias que se oponen (tienen algo de Romeo y Julieta), han roto el maleficio de la canción infantil y se han besado. Con pasión, delante de tantos ojos con las gafas adecuadas, se han besado, sin pudor y desafiantes.
Ojalá descubramos pronto las gafas de la convivencia, y sepamos besarnos delante de todos, con mirada rebelde y construyendo el porvenir. Ese que es nuestro.
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