La solución
Ya tengo la solución para todos los problemas de este país, estado o nación. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Estaba ahí delante, al alcance de mi mano, y yo sin verla.
Está claro, hemos de darle el Mando Único al poder judicial. Se acabaron los conflictos y los enfrentamientos. Hasta nueva orden (del poder judicial, claro), el mando único lo tendrán los jueces. ¿Por qué? Por su puesto.
Todo son ventajas. Así se acortan los plazos y se evitan debates eternos y controversias. Ya no habrá insultos públicos en el parlamento, ni esperpentos poco edificantes, y nos ahorraremos largos telediarios repetidos dedicados siempre a lo mismo.
Incluso tendíamos que plantearnos seriamente si la profesión de juez o jueza debería ser hereditaria, como la monarquía. ¿Qué mejor academia que la familia para aprender a ser justos? También ahí ahorraríamos plazos por todos los lados y estaría garantizado un sentido de la justicia coherente y común, sin sospechas.
No me digan que no es lógico y razonable. Eso de tres poderes en uno está bien para la santísima trinidad, o para un lubricante, o como cartel publicitario, pero para el tema del poder no deja de ser una entelequia incómoda. Donde esté el poder de verdad, que se quiten las trilogías.
Los jueces y juezas, insisto, son el auténtico oráculo al que hemos de cuidar y respetar. ¿Qué digo respetar? Hemos de adorar, porque en ellos reside la verdad y la justicia. Las leyes que se le puedan ocurrir al parlamento son papel mojado. ¿Qué sabrán los diputados de leyes? ¿Acaso han estudiado?
Los jueces, como buenos conocedores de la legalidad, es mejor que asuman ese Mando Único, que propongan las leyes, las redacten y las apliquen. Se acabaron las contradicciones. ¿No se dan cuenta? Es que todo cuadra, una lógica aplastante; perdón, quiero decir evidente. Ya sé, van a salir con la cantinela de los votos. Las votaciones son muy importantes, sirven para tomar acuerdos entre los magistrados cuando haya discrepancias, porque esto es una democracia, que a nadie se le olvide. Incluso cabe el “voto particular”, también llamado pataleta, para que tenga cabida el desacuerdo. Está todo pensado.
Lo demás es burocracia. Que no, que no será una imposición. ¿Cómo va a ser una imposición si está basada en la ley? Pueden pensar que los jueces siempre están del mismo lado; ¡qué fácil es criticar! Y hacerlo sin fundamento alguno. Con lo difícil que es juzgar, con lo complicado que es buscar pruebas donde no las hay, con el pudor que da pedir una simple tarima para estar a la altura, con lo que cuesta todo eso, van a venir ahora con la cantinela de que la justicia está escorada. Ignorantes. Un juez es imparcial por naturaleza, ¿Es que no lo saben?
Pero, ¿qué pasa? ¿Se han asustado? Tranquilos, solo era una broma, una ocurrencia. No se lo tomen en serio ni tengan miedo, que ya tenemos bastante susto metido en el cuerpo como para que yo venga con sobredosis.
En realidad, este relato que les cuento no es una historia para no dormir, no crean, es una historia para despertar.
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