Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
Carles Dolç i Neus Sanfèlix al seu estudi d'arquitectura.
1 de noviembre de 2026 12:45 h

0

Carles es Dolç. Carles nunca fue amargo, tenía la dulzura que da la convicción, el compromiso, la voluntad de cambiar las cosas. Una dulzura diferente unida a la seriedad. Perteneció a esa generación efectiva que va perdiendo efectivos, pero mantiene intacto su rigor, sus pancartas, el sur de los invisibles marcado en su brújula. 

Fue un personaje de referencia para su tiempo y para el tiempo de todos y todas. Por eso sigue siéndolo hoy. Activista cuando era difícil serlo, ecologista cuando apenas sonaba ese concepto, comprometido cuando el compromiso era un riesgo. Hijo predilecto de su ciudad, esa a la que tanto dio. Cuanta justicia en un solo acto. Todo ello alarga su lista de amistades afectadas.

Lo conocí en la naciente Escuela de Arquitectura, allá por el 68, donde ya era un líder junto a Just Ramírez. Les admiraba, escuchaba sus argumentos en las asambleas e imaginaba: Tal vez un día yo… Sus ideas iban configurando las mías, poco a poco.

Luego llegó el compromiso político, esas barreras estúpidas que suponen pertenecer a partidos diferentes. Nunca mejor puesto el nombre de “partido”, nunca una situación antigua de tanta actualidad. ¡Qué absurdo! Ojalá algún día lo aprendamos de verdad descubriendo la unidad como instrumento imprescindible.

Menos mal que después llegó con fuerza la amistad, con los afectos a cuestas, para resolver las diferencias, que no eran, y poder encontrar al personaje que siempre ha sido. Las convicciones y la proximidad hicieron el resto.

De vez en cuando nos reuníamos para comer en el Liceo Francés, que tanto le gustaba. Llegaba con paso titubeante y, en la sobremesa, cara a cara, sin secretos, nos reíamos de las discrepancias ficticias de ayer, esas que desaparecían envueltas con los argumentos compartidos de hoy. Arreglábamos el mundo conjugando propuestas, hilvanando ideas, sonriendo. Cuando nosotros dormimos, me decía, ellos siguen despiertos; los perversos no descansan y, a la mañana siguiente, hay que volver a empezar. ¿Sabes?, insistía, hemos de escribir, la memoria flaquea y no podemos permitir que el olvido devore el futuro. Y brindábamos con agua por esos principios, desafiando cualquier presagio. Él cumplió su promesa, escribió y dejó un legado contra la confusión. Yo lo hago solo a retales.

Sí, al acabar brindábamos, y nos citábamos para la siguiente. Que no tarde tanto, insistíamos, sin saber que sería la penúltima.

Brindar. Brindar por la vida, por esos compromisos que se mantienen. Brindar por los últimos de la fila, elije la fila que quieras que los últimos siempre son los mismos.

Brindar por Carles.

Etiquetas
stats