Encuentran bajo un campo de fútbol en Dinamarca un monasterio medieval que se creía perdido desde hace siglos

Un campo de fútbol de la ciudad danesa de Roskilde ocultaba bajo el césped buena parte de un monasterio medieval que durante siglos se había dado prácticamente por desaparecido. Una prospección con georradar ha identificado extensos restos del antiguo convento de Santa Clara, fundado en 1256, a aproximadamente un metro bajo la superficie. Las imágenes obtenidas permiten reconocer las cuatro alas dispuestas alrededor del patio del claustro, diferentes estancias, pilares y la iglesia situada en el sector meridional. La conservación es especialmente notable en algunas zonas del complejo y proporciona a los arqueólogos una oportunidad poco habitual para conocer la arquitectura monástica de una ciudad que durante la Edad Media concentró un importante poder religioso y real.

El descubrimiento se produjo a raíz de un proyecto que, en principio, nada tenía que ver con la búsqueda de un edificio desaparecido. Los trabajos se realizaron ante los planes de construir un aparcamiento subterráneo bajo el terreno deportivo de Byparken, en Roskilde. Las fuentes históricas situaban allí un convento femenino durante la Edad Media, por lo que la organización de museos ROMU decidió estudiar previamente el subsuelo. Los arqueólogos sabían dónde se había levantado Santa Clara, pero desconocían cuánto podía haberse conservado de aquel conjunto. El georradar ofrecía una forma de averiguarlo sin excavar: permite detectar estructuras enterradas mediante señales electromagnéticas y elaborar mapas detallados de lo que permanece oculto.

Un monasterio que se daba por desaparecido

La sorpresa tiene que ver tanto con lo encontrado como con la historia posterior del edificio. Santa Clara fue uno de los cinco monasterios medievales que contribuyeron a convertir Roskilde en un centro destacado de Dinamarca, en una época en la que la ciudad albergaba tanto poder eclesiástico como real. Tras la Reforma del siglo XVI, el convento fue disuelto y demolido y alrededor de medio millón de ladrillos procedentes del conjunto acabaron vendidos para utilizarlos en el castillo de Selso. Esa reutilización de sus materiales había alimentado durante mucho tiempo la idea de que prácticamente nada de la construcción original había sobrevivido bajo tierra.

Las mediciones han desmentido esa suposición. El mapa obtenido permite distinguir las huellas de los edificios monásticos, las divisiones internas de distintas habitaciones, los corredores del claustro y una iglesia en el ala sur. En el sector oriental aparecen además indicios especialmente claros de pilares que sustentaban las bóvedas y de la distribución de las estancias. Las imágenes muestran asimismo las cuatro alas dispuestas en ángulo recto alrededor del patio central y sugieren la presencia de otras construcciones en el exterior del recinto principal. La cantidad de información arquitectónica que puede identificarse sin haber abierto todavía el terreno ofrece una base excepcional para conocer con mayor precisión cómo estaba configurado el antiguo convento.

Los propios responsables de la prospección destacan la nitidez de los resultados. Arne Abel Stamnes, arqueólogo del Instituto Noruego para la Investigación del Patrimonio Cultural (NIKU), y entidad que ha difundido el hallazgo, encargado de procesar e interpretar los datos, asegura que es la primera vez que documenta mediante esta técnica un conjunto monástico con semejante grado de conservación.

“En mi opinión, estos se encuentran entre los resultados de georradar más claros obtenidos en un complejo monástico de Escandinavia”, señala. Las estructuras comenzaron a ser visibles en los datos mientras el equipo recorría todavía el campo de fútbol. Stamnes destaca precisamente la claridad de unas imágenes que, según explica, no siempre se obtiene con esta técnica y cuya interpretación puede requerir un considerable trabajo de análisis.

Un mapa del subsuelo sin necesidad de excavar

La prospección, realizada en enero de 2025, fue fruto de la colaboración entre ROMU, el Museo Nacional de Dinamarca y NIKU. Para estudiar el terreno se empleó un equipo de georradar instalado sobre un vehículo que recorrió sistemáticamente el campo enviando ondas electromagnéticas hacia el subsuelo. Cuando estas encuentran elementos con propiedades diferentes a las de la tierra que los rodea —como muros, zanjas u otras huellas de actividad humana—, parte de la señal regresa al receptor. El procesamiento posterior de esas respuestas permite reconstruir la posición y la forma de las anomalías y, en condiciones favorables como las de Roskilde, distinguir con precisión estructuras arquitectónicas sin remover previamente el terreno.

La ubicación del hallazgo ofrece además unas condiciones especialmente valiosas para continuar investigando el complejo. El crecimiento urbano de Roskilde ha dificultado el conocimiento arqueológico de sus antiguos monasterios, pero el espacio ocupado actualmente por el campo deportivo es una superficie abierta que no ha sido edificada con posterioridad. Esa circunstancia brinda la posibilidad de estudiar Santa Clara y el entorno en el que se encontraba con un grado de detalle difícil de conseguir en otras zonas de la ciudad. El arqueólogo y especialista en monasterios medievales Regin Meyer considera que los datos muestran con claridad el potencial arqueológico que continúa enterrado y destaca el valor de estas prospecciones para identificar restos arquitectónicos y orientar investigaciones arqueológicas más precisas en el futuro.

Una pieza pendiente de la Roskilde medieval

El valor del descubrimiento aumenta por la situación particular de Santa Clara respecto a los demás monasterios conocidos de la ciudad. Es el último de los cinco complejos medievales de Roskilde cuyo subsuelo permanecía prácticamente por documentar. Los otros cuatro están protegidos, mientras que el terreno del antiguo convento femenino carece de esa protección precisamente porque durante años se consideró que sus vestigios habían desaparecido. Los nuevos resultados muestran ahora que no solo quedan restos, sino que determinadas zonas, especialmente las alas norte y este, presentan un notable grado de conservación y permiten identificar elementos de su distribución interior.

El hallazgo también proporciona un punto de partida para decidir cómo compatibilizar el patrimonio arqueológico con los proyectos previstos para el terreno. Si el Ayuntamiento de Roskilde mantiene sus planes para construir el aparcamiento subterráneo, el siguiente paso será abrir zanjas de prueba y realizar investigaciones arqueológicas en el área afectada. Los resultados de esas intervenciones se combinarán con la información obtenida mediante el georradar para determinar dónde podrían ser necesarias excavaciones más amplias y cómo abordar las siguientes fases de investigación. El objetivo expresado por los responsables del proyecto es documentar los restos y, al mismo tiempo, encontrar soluciones que garanticen la conservación futura de las partes mejor preservadas.

La recuperación de Santa Clara cambia así la imagen de un edificio cuya desaparición se había dado prácticamente por hecha desde que fue desmantelado hace varios siglos. Lo que sobre la superficie parece únicamente un terreno deportivo conserva, aproximadamente un metro más abajo, los restos de un complejo religioso capaz de aportar nueva información sobre la Roskilde medieval. Antes incluso de que comiencen las excavaciones, el georradar ha permitido pasar de referencias históricas y vestigios que se creían perdidos a un mapa en el que vuelven a distinguirse alas, habitaciones, claustros, pilares y una iglesia. El antiguo convento no sobrevivió en pie a la Reforma, pero una parte considerable de sus estructuras permaneció enterrada hasta que el proyecto de una futura obra urbana llevó a los arqueólogos a determinar cuánto quedaba realmente de Santa Clara.