España tuvo su propio hombre lobo ante la justicia: confesó 13 asesinatos y aseguró que se transformaba en animal por una maldición

Un buhonero de fama afable se convirtió en el hombre lobo más célebre de España después de confesar crímenes que atribuía a una bruja. Manuel Blanco Romasanta había sido sastre antes de recorrer como vendedor ambulante Galicia, León, Asturias, Cantabria y Portugal.

En las aldeas lo conocían como un hombre educado, familiarizado con caminos difíciles y dispuesto a ayudar a quienes necesitaban desplazarse. Esa confianza acabaría formando parte de una historia de desapariciones, asesinatos y una explicación muy ligada al folclore.

Los desplazamientos facilitaron los presuntos ataques de Romasanta

La actividad de guía permitía a Romasanta acompañar a mujeres y niños que buscaban trabajo o pretendían emigrar lejos de sus aldeas. Había nacido el 18 de noviembre de 1809 en Regueiro, en el municipio orensano de Esgos, y había cambiado de oficio después de enviudar joven. Según las acusaciones, aprovechaba los viajes para atacar a algunas de las personas que confiaban en él. La justicia le atribuyó nueve asesinatos, aunque su confesión llegó a 13.

Durante años, algunas familias creyeron que sus parientes continuaban vivos porque recibían noticias que parecían proceder de ellos. Romasanta les mostraba cartas supuestamente escritas por los desaparecidos, aunque las había falsificado él mismo. Los cuerpos no aparecieron, una ausencia que dificultó reconstruir los hechos y que más tarde aprovecharía la defensa. Cuatro de las 13 muertes confesadas tampoco pudieron acreditarse plenamente durante el proceso.

Ante los jueces de Allariz, el acusado ofreció una explicación distinta de las que sugerían aquellos viajes y aquellas cartas. Sostenía que una bruja lo había maldecido y que se transformaba en lobo, especialmente durante las noches de luna llena. La metamorfosis podía prolongarse varios días, incluso una semana. Contó que, en la montaña de Couso, había encontrado dos lobos, sufrido convulsiones y rodado tres veces por el suelo antes de adoptar, según él, la forma animal. Aseguraba que después atacaba por hambre.

La figura del lobishome pertenecía desde mucho antes al imaginario gallego, dentro de una tradición europea que asociaba la transformación en lobo con maldiciones y hechicería. Las leyendas también incorporaron mordeduras, rituales y la influencia de la luna, aunque esta última no aparece de igual manera en todas las versiones.

Durante siglos, las acusaciones de licantropía llegaron a relacionarse con los procesos por brujería. En el caso de Romasanta, la creencia en los hombres lobo adquirió una dimensión judicial cuando el acusado aseguró todos los crímenes que había cometido era porque se escapaban a su control. Su relato también abrió la posibilidad de una explicación psiquiátrica: la licantropía clínica, un trastorno en el que una persona cree ser un lobo o convertirse en él aunque eso nunca llegue a pasar.

Los médicos descartaron que Romasanta hubiera perdido la razón

La defensa, encabezada por el abogado coruñés Manuel Rúa Figueroa, discutió tanto la suficiencia de las pruebas como la responsabilidad mental del acusado. Argumentó que confesar 13 muertes no demostraba por sí solo su autoría, especialmente cuando faltaban cadáveres y testimonios presenciales. También planteó que una persona convencida de convertirse en animal podía padecer una perturbación que afectara a sus recuerdos y a su imputabilidad. Rúa Figueroa publicó posteriormente la Reseña de la causa, en 1859, donde comentó todo el proceso judicial contra Romasanta.

La hipótesis de que Romasanta padecía una enfermedad mental recibió el apoyo de un supuesto especialista francés conocido como profesor Philips, cuya identidad sigue sin estar confirmada. Philips propuso estudiar a Romasanta como posible caso de enfermedad mental monomaníaca. Los médicos que lo examinaron, sin embargo, rechazaron que hubiera perdido la razón. El propio acusado afirmaba recordar sus actos después de recuperar la forma humana.

Isabel II evitó la ejecución del condenado por asesinato

El 6 de abril de 1853 fue condenado en Allariz a morir por garrote vil y a pagar 1.000 reales por víctima. El expediente se conserva como Causa 1.778 en el Archivo Histórico de Galicia, aunque la condena nunca llegó a ejecutarse porque Isabel II conmutó la pena capital por cadena perpetua tras las gestiones para estudiar su supuesta licantropía. No consta que aquel examen médico riguroso llegara a realizarse.

Según las fuentes más repetidas, Romasanta murió el 14 de diciembre de 1863 en la prisión de Monte Hacho, en Ceuta, posiblemente por cáncer de estómago. El hombre que decía convertirse en lobo terminó sus días encarcelado por crímenes cometidos contra personas que habían confiado en él.