Rufián: cómo parar al fascismo y aprender matemáticas
Gabriel Rufián está empeñado en enseñarnos a parar el fascismo. La fórmula es muy sencilla: ser valientes, unir a la izquierda y someter al PSOE, que, por lo visto, solo es capaz de legislar en favor de la gente cuando alguien como él nos retuerce el brazo, recordándonos la O de Obrero.
Sus recetas son siempre sencillas, espetadas a golpe de frases ingeniosas, pues de tanto tuitear solo es capaz de pensar en bloques de 280 caracteres, lo cual supone una ventaja a la hora de conseguir notoriedad y, sobre todo, una excusa fantástica para no tener que justificar sus afirmaciones, que quedan en titulares llamativos ausentes de contenido.
La (pen)última de Rufián ha sido acusar a Sánchez, tras su paso por La Revuelta, de no haber hecho lo suficiente: «Quedas muy guapo con Broncano, pero has podido hacer muchas cosas».
Me quedo con la duda de si se trata de tontuna o de cinismo, porque Rufián sabe perfectamente que para sacar adelante cualquier medida en el Congreso ha sido imprescindible poner de acuerdo a la izquierda de la izquierda de la izquierda, mareada de tanto giro, con la derecha del PNV y con la derecha de la derecha de la derecha de Junts.
El Gobierno de Sánchez no ha sido un gobierno Frankenstein, pero sí lo ha sido la mayoría parlamentaria en la que se ha apoyado, un auténtico quebradero de cabeza, aunque imprescindible para evitar la alternativa: un gobierno de los orcos de Mordor.
Rufián lo sabe. Sabe, incluso, que Podemos estuvo dispuesto a votar en contra del Decreto Maricarmen y tan solo la presión del Sindicato de Inquilinas forzó que apoyara la medida, con la tranquilidad para Iglesias, que sigue gobernando en la sombra parapetado tras Belarra, de saber que lo tumbaría Junts.
Rufián lo sabe porque fue su grupo, precisamente, el que estuvo a punto de hacer fracasar la reforma laboral, salvada in extremis por el dedo torpe, aunque acertado y providencial, del diputado popular Casero.
Rufián lo sabe porque con sus exigencias maximalistas impidió sacar adelante la reforma de la Ley Mordaza y lo mismo hizo con diferentes iniciativas del Gobierno sobre vivienda, por considerarlas insuficientes, cuando eran las únicas posibles para obtener el respaldo de Junts y PNV.
Para Rufián las matemáticas son cuestión de voluntad, como si no hubiera que contar los votos y obtener los suficientes para aprobar las medidas que permiten mejorar la vida de la gente.
Pero ese no ha sido nunca su principal objetivo y lo ha demostrado con lo que de verdad importa: sus votos en el Congreso, que, al igual que los de Podemos, se han sumado a los del PP y Vox cada vez que ha convenido a sus intereses.
Y no se trata tan solo de las veces que ha votado en contra. A lo largo de esta legislatura hay iniciativas que ni siquiera han llegado al Congreso, incluidos los presupuestos, por la imposibilidad de acordar con ERC y Podemos un texto, nuevamente por ese todo o nada.
El éxito de Sánchez ha sido navegar durante más de tres años entre las exigencias contrapuestas de PNV y Junts, de un lado, y las de ERC y Podemos, del otro, y gobernar en favor de la gente con el apoyo de una mayoría parlamentaria sustentada tan solo en el rechazo a un gobierno de ultraderecha.
Rufián lo sabe, como sabe que parar al fascismo solo es posible reeditando una mayoría heterogénea, en la que lo fundamental sea la capacidad de encontrar mínimos comunes y no el afán de convertirse en la única izquierda.
Pero ese no es su estilo, como bien sabe Puigdemont, al que impulsó a suicidarse políticamente con su famoso tuit sobre las 155 monedas.
Rufián lo sabe, pero le pueden su vanidad y su oportunismo: de hecho, ha conseguido convertir su llamada a la unidad de la izquierda en un señuelo que le ha permitido blindar su resultado en Cataluña y conformar una candidatura a su medida, a costa de destrozar las perspectivas de los comunes. Sorprendente manera de unir a la izquierda.
Ahora, durante la campaña, nos seguirá dando lecciones de cómo parar al fascismo, cuando su tacticismo irresponsable es uno de los factores que pueden hacer posible la victoria de la ultraderecha. Sí, de la ultraderecha, porque a estas alturas se ha comido a la derecha ultra.
Quedas guapo e inteligente en Twitter, Rufián, pero tú sí podías haber hecho posible muchas cosas.
Sobre este blog
Espacio de opinión de Canarias Ahora
0