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Sánchez saca al PSOE del pesimismo con los errores de Feijóo y el miedo a Vox

Pedro Sánchez, rodeado de simpatizantes, en un mitin en Burgos esta semana.

José Enrique Monrosi

22 de octubre de 2026 23:24 h

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Aparcar el pesimismo de las encuestas publicadas, aprovechar los constantes tropiezos de Alberto Núñez Feijóo y agitar el miedo a la ultraderecha. Esa es la receta de campaña que sigue Pedro Sánchez en busca de su remontada más difícil. Y a tenor del estado de ánimo del Partido Socialista, por el momento, parece que funciona. Algunos 'trackings' internos que manejan en Ferraz y que se actualizan día a día ya dibujan, de hecho, un escenario impensable fuera del universo Tezanos hace apenas unos meses: que el PSOE ya está hoy en condiciones de ser la fuerza más votada y que la mayoría absoluta de las derechas está en el filo, pendiente de un puñado de últimos escaños provinciales que se deciden por décimas.

Vista con perspectiva, esa foto fija del momento político del país en el que la izquierda aún tiene posibilidades, aunque todavía escasas, de reeditar un gobierno progresista (en una de cada cinco simulaciones de la demoscopia interna de Ferraz la derecha no suma mayoría) es ya todo un logro si se tiene en cuenta el punto de partida: una legislatura marcada por el desgaste de la Ley de amnistía y las cesiones al independentismo, los casos de corrupción y el choque con la Justicia, y los errores de gestión como el caso de la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta. Y por eso, la explicación en el equipo del presidente es que a Sánchez y al PSOE le sientan bien las campañas electorales, justo lo contrario que a su principal adversario político.

Esa lectura la sostiene el balance de las tres últimas semanas, el tiempo que hace que el presidente del Gobierno vio en la crisis de la vivienda el mejor contexto posible para convocar elecciones y anunció la disolución de las Cortes. Desde entonces, la percepción en el PSOE es que se han tocado las teclas correctas en base al objetivo prioritario de la izquierda, que es alcanzar un nivel de activación del electorado progresista que consiga neutralizar la movilización masiva del votante de derechas, ávido de echar a Sánchez de la Moncloa de una vez por todas.

La primera misión era cambiar el estado de ánimo y sacar al PSOE, y a la izquierda en general, de una sensación generalizada de derrotismo y de bajada de brazos. Y el punto de inflexión para eso, creen en las filas socialistas, fue el mitin de Fuenlabrada de hace justo una semana. Allí, Pedro Sánchez entró de la mano de su esposa, Begoña Gómez, subió con ella al escenario, la besó, la abrazó, le dirigió una declaración pública de amor expreso y acabó bailando 'malibU', de Rusowsky, una mezcla de merengue experimental, electrolatino y pop alternativo. Las imágenes se hicieron virales, la derecha no dejó de hablar de ello y reaccionar en redes sociales durante varios días, y el PSOE se lanzó a difundir carteles de campaña con el lema “la fuerza del amor”.

“El mundo de las sensaciones es brutal y nosotros tenemos claro desde el principio que esta tenía que ser la campaña de la esperanza y la alegría. Y vemos que el contrario se pone nervioso, así que el camino es claramente ese”, comentan en el equipo de Pedro Sánchez, donde admiten abiertamente que la pareja del presidente del Gobierno, a la que ya corean de forma habitual incluso en los mítines a los que no asiste, será un activo de campaña. “Si Begoña entra en campaña es porque la han metido, la han utilizado políticamente. Ella moviliza a la militancia, pero también a la gente normal, porque la han acosado por ser la mujer del presidente y le han montado un caso sin pruebas. Es el paradigma de la mala política y es justo lo que nosotros salimos a combatir, por eso su presencia y la reivindicación que hace el presidente de su pareja es un mensaje tan potente para mucha gente”.

Además de lo meramente anímico o emocional, la campaña del PSOE se fundamenta en dos ejes políticos. Por un lado, caricaturizar la figura de Feijóo como un político gris, sin ideas ni carisma y entregado a la extrema derecha. Y aprovechar los regalos que suponen sus frecuentes tropiezos, ya sean dialécticos o estratégicos. Y por otro, contraponer un modelo de gobierno basado en la protección social y el avance de derechos frente al riesgo de involución que implican las políticas de la ultraderecha, a la que el PP ya se abraza abiertamente sin complejos como socio de coalición.

Una prueba de ello ocurrió esta misma semana. El martes, el Consejo de Ministros aprobó un paquete de medidas sociales que incluían el aumento de la protección para las pensiones de viudedad, más inversión para alojamientos de estudiantes universitarios, mejoras de las prestaciones para huérfanos de violencia machista y víctimas del terrorismo, o nuevas coberturas para bajas laborales de mujeres con patologías derivadas de trastorno menopáusico y trabajadoras víctimas de violencia de género. Y al día siguiente, aterrizó en Madrid “el hombre de la motosierra”.

El presidente argentino, Javier Milei, todo un símbolo internacional de la ultraderecha y de los recortes sociales, irrumpió en plena campaña para poner en aprietos al PP y a Vox y para regalarle otra nueva baza a la izquierda. Milei llegó a España y sorprendió que no fuera recibido ni por Feijóo ni por Abascal, aunque sí por Isabel Díaz Ayuso. Su nivel de ataques e insultos al Gobierno, a la prensa, a la izquierda y a Pedro Sánchez resultó de tal magnitud, que hasta algunos referentes comunicativos de la derecha y algunos dirigentes del PP, como Moreno o Albiol, le afearon su conducta.

Pero mientras, el PSOE se frotaba las manos. “Hola, Milei. Los zurdos y las zurdas te dan la bienvenida a España”, se podía leer en una enorme lona que colgaba desde primera hora de la mañana del miércoles en la sede socialista de la calle Ferraz. Sánchez se grabó un vídeo para sus redes sociales en el que reivindicó “la honra” de ser zurdo y subir las pensiones o el Salario Mínimo frente a quien solo defiende los recortes. En su mitin del día en Burgos proclamó que Milei es “de la misma peña” que Feijóo y que Abascal, que según pronostica harán lo mismo en España que en Argentina si tienen poder para ello. Y compartió también en sus redes una canción que tacha de “fanático” al presidente argentino después de que tildara al jefe del Ejecutivo español de “ladrón” o “dictador”.

“Estamos convencidos de que, ante este panorama, la gente progresista no se va a quedar en casa. La gente va a ir a votar para defender sus derechos. Lo que dicen y lo que sabemos que harán PP y Vox genera miedo y eso moviliza. Hay progresistas que estaban en la abstención que ya se han movilizado”, sostienen desde el PSOE, donde cuentan con estudios demoscópicos que acreditan esa tendencia.

Según uno de los últimos 'trackings' internos de la semana, el PSOE sería ya primera fuerza en intención directa de voto, con alrededor de un punto de diferencia sobre el PP, ahora por debajo del 30%. Tercera fuerza sería Vox, con un ligero retroceso en los últimos siete días y una estimación de voto por debajo ahora del 20%. Y en la izquierda, Frente Amplio superaría las expectativas de todos los sondeos y rondaría en la actualidad la horquilla de los 16-18 escaños, con Podemos al borde de ser fuerza extraparlamentaria.

La principal conclusión es que PP y Vox se moverían en el entorno de los 180-185 escaños, según el día, pero que la mayoría absoluta de la derecha no estaría asegurada y dependería de un puñado de últimos escaños provinciales que se deciden por décimas. Es más, en una de cada cinco simulaciones de esos 'trackings', la suma de la derecha y la ultraderecha queda por debajo de los 176 escaños. La otra gran conclusión es que, frente a la movilización masiva y la intención de voto ya prefijada en la derecha, el mayor número de indecisos se mantiene aún en el bloque de la izquierda. Y de la capacidad de movilización de ese electorado hasta el 29N dependerá, en gran medida, el dictamen de las urnas. Algo que, en definitiva, refuerza la tesis de que queda partida.

Para el PSOE, convertir esos indecisos en votantes de fuerzas de izquierdas es la tarea fundamental en lo que queda de campaña. Y para ello, admiten sin tapujos que cuentan con la inestimable ayuda de la impericia de un Feijóo al que retratan como un “político insolvente” que no tiene reparos en pedir sacrificios a la ciudadanía o en darle pábulo a un escenario de recortes en plena campaña. “En plena crisis de la vivienda se permite frivolizar con que si pides una pizza te puedes quedar una casa, se le ha ido de las manos el debate de las pensiones y al día siguiente de que Sánchez esté de buen rollo en La Revuelta sale y dice que va a quitar el ministerio de Igualdad y que no subirá el Salario Mínimo si la patronal no quiere. La verdad es que es un fenómeno”, ironizan en el PSOE.

Además de los mítines, que se cuadran con un margen relativamente corto de tiempo, en el equipo de campaña del presidente le tienen preparado a Pedro Sánchez todo un periplo audiovisual por formatos comunicativos poco ortodoxos. Tras 'La Revuelta', donde vieron al presidente cuatro millones y medio de personas, están previstas varias intervenciones en podcast con miles de seguidores (ya ha confirmado su presencia en el espacio del 'youtuber' Jordi Wild). Y también la presencia en programas como 'Salvados' y 'Cara al Show', de La Sexta, 'El Perro Andaluz', de TVE, o 'El Hormiguero', de Antena 3.

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