Un estudio cuestiona décadas de defensas y abre el debate sobre abandonar Nueva Orleans algún día
Las pólizas de vivienda han convertido el riesgo climático de Nueva Orleans en una presión económica que ya empuja a algunos residentes a marcharse. Steve Picou, músico y planificador ambiental, dejó junto a su pareja su casa de la ciudad hace tres años, después de que el seguro anual pasara de 900 a unos 9.000 dólares en dos décadas. La ciudad, con algo más de 360.000 habitantes, ha perdido población en cuatro de los últimos cinco años.
Ese movimiento precede a una transformación costera que un estudio publicado en Nature Sustainability sitúa en una escala geológica mucho mayor. Torbjörn Törnqvist, geólogo de la Universidad de Tulane y autor principal, junto con investigadores de Yale, Florida State y Coastal Carolina, analizó registros de los últimos 125.000 años y la antigua costa de Ponchatoula Ridge, unos 50 kilómetros al norte. El trabajo calcula para el sureste de Luisiana una subida relativa eventual del nivel del mar de entre tres y siete metros, capaz de desplazar la costa más de 100 kilómetros tierra adentro.
La reacción política ha abierto una disputa sobre cómo hablar del futuro de la ciudad cuando el calendario de esa transformación sigue sin precisión. Helena Moreno, alcaldesa de Nueva Orleans, acusó al estudio de estar “más centrado en generar publicidad y titulares para conseguir clics” que en ofrecer soluciones, mientras Gordon Dove, responsable de la agencia estatal de restauración costera, lo calificó como “el estudio más ridículo que he visto”.
Los humedales que todavía separan buena parte del área urbana del golfo han perdido terreno desde la década de 1930 y siguen debilitándose. Luisiana ha perdido más de 5.000 kilómetros cuadrados de costa, y una evaluación citada por el estudio considera plausible que desaparezca el 75% de los aproximadamente 15.000 kilómetros cuadrados de humedales restantes hacia 2070 bajo una trayectoria media de emisiones. Esos espacios absorben oleaje y reducen la energía de las marejadas, mientras el terreno se hunde y el aporte de sedimentos disminuye.
Algunas organizaciones vecinales han empezado a estudiar destinos interiores antes de que una tormenta obligue a improvisar desplazamientos masivos fuera de Nueva Orleans. Debra Campbell, presidenta de A Community Voice, una organización con unos 9.000 miembros en la ciudad, ha participado en visitas a Vicksburg y Natchez, en Misisipi, donde residentes y autoridades hablaron sobre viviendas vacías y edificios públicos como posibles alojamientos temporales. Campbell explicó que muchas familias quieren permanecer en sus barrios, aunque otra catástrofe como la del Katrina podría impedir un regreso prolongado.
Las defensas públicas exigen inversiones cada vez mayores
El coste de quedarse también dependerá de cuánto dinero público pueda dedicarse a reforzar una ciudad construida en forma de cuenca y protegida por grandes infraestructuras. Howard Botts, científico jefe de Cotality, sitúa a Nueva Orleans en una puntuación de riesgo de 100, unos 25 puntos por encima de Natchez y Vicksburg. El Gobierno federal ya ha gastado 15.000 millones de dólares en defensas tras el Katrina, y el sistema incluye la barrera de marejada del lago Borgne, una estructura de hormigón y acero de 2,9 kilómetros.
Ese sistema puede ganar tiempo, aunque sus responsables admiten que las obras tendrán que crecer a medida que el terreno continúe descendiendo y el mar avance. Jeff Williams, director regional de la Southeast Louisiana Flood Protection Authority, calcula que harán falta otros 1.000 millones de dólares para elevar algunos tramos de diques entre 30 y 60 centímetros. “Puedes diseñar para cualquier escenario, pero estamos en el negocio de reducir riesgos”, señaló Williams.
La propuesta de reubicación gestionada plantea utilizar ese tiempo fundamental para orientar viviendas, empresas y servicios hacia terrenos más altos antes de que las salidas se produzcan bajo presión. Jesse Keenan, investigador sobre adaptación climática en la Universidad de Tulane y coautor del estudio, advirtió en NPR que “la verdadera cuestión es cuándo y qué significa empezar a planificar una transición de población, empresas y capital”.
AR Siders, experta en reubicación costera de la Universidad de Delaware, señala que Estados Unidos carece de un plan nacional para traslados de esta escala, de modo que Nueva Orleans va a tener que elegir entre invertir cada vez más en protección o desplazar gradualmente su centro urbano hacia zonas interiores.