El faro de esta isla balear fue construido después del naufragio de un barco francés en 1910
La costa del noroeste de la isla balear de Menorca alberga un imponente guardián de piedra que hoy es famoso por ofrecer uno de los atardeceres más hermosos del mar Mediterráneo. Se trata del emblemático faro de Punta Nati, un paraje donde la belleza del paisaje actual contrasta fuertemente con la peligrosidad de sus aguas y acantilados en siglos pasados. Y es que este faro no nació como un atractivo turístico, sino como una respuesta urgente y necesaria ante una de las costas más hostiles de la isla, caracterizada por corrientes marinas traicioneras y arrecifes ocultos.
Durante siglos, el fuerte viento de la Tramontana azota esta zona, una corriente del norte que alcanza ráfagas de 200 kilómetros por hora, convirtiendo este litoral en una trampa mortal para los navegantes. La falta de iluminación adecuada en esta zona de la costa norte de Menorca provocó una asombrosa cantidad de siniestros marítimos a lo largo de los siglos. Más de un centenar de personas, entre tripulantes y pasajeros, perdieron la vida de forma trágica en estas aguas oscuras debido a la escasa visibilidad de los temporales invernales.
La imposibilidad de divisar los escarpados acantilados desde alta mar generó una profunda preocupación constante entre las autoridades y los experimentados marinos de la época. A pesar del peligro evidente y de los constantes siniestros que se sucedían, la costa norte de Ciutadella permaneció sumida en la oscuridad, esperando un detonante de gran magnitud internacional para que finalmente se tomaran medidas definitivas con el fin de proteger las embarcaciones. El suceso que cambió el destino de esta costa ocurrió el nueve de febrero de 1910, cuando el moderno buque de vapor francés Général Chanzy, de dos mil toneladas, zarpó de Marsella con rumbo a Argelia. A bordo de la embarcación de la compañía transatlántica francesa viajaban 87 pasajeros y 70 tripulantes, todos ellos bajo el mando del experimentado capitán Cayol, un distinguido caballero de la Legión de Honor.
En un tramo crucial del viaje, el barco debió cruzar el canal entre Menorca y Mallorca. Desafortunadamente, un fuerte temporal de Tramontana, acompañado de violentos vientos y una nula visibilidad, desvió el rumbo de la nave por completo, empujándola inexorablemente hacia los peligrosos arrecifes ocultos y los altísimos acantilados de piedra que bordeaban la costa norte. El barco chocó bruscamente contra una roca submarina cerca de los acantilados de Punta Nati, lo que arrancó de cuajo la hélice y el timón de la embarcación. Ante el brutal impacto, varios tripulantes y pasajeros subieron a la cubierta principal para investigar el daño, pero las olas barrieron la superficie del buque con furia. Instantes después, el agua gélida del mar entró en contacto directo con las calderas ardientes, desencadenando una terrible explosión que partió el casco del buque por la mitad y lo hundió rápidamente en la profundidad del mar.
156 personas perecieron de forma casi instantánea en medio de la tempestad, dejando un desolador panorama de escombros y cuerpos mutilados flotando en el agua, en lo que sería una gran tragedia internacional. La tragedia solo perdonó la vida de un hombre de treinta años llamado Marcel Bodez, un empleado de aduanas francés que logró salvarse gracias a sus dotes de excelente nadador. Bodez nadó con gran dificultad hasta una pequeña cueva en el acantilado y usó los abundantes restos del naufragio para construir un refugio contra el frío. Al día siguiente, agotado y herido, escaló la pared del acantilado de 80 metros de altura y caminó desorientado hasta una finca cercana de Son Salomó.
Como no hablaba español y estaba en estado de shock, tomó un pedazo de carbón y dibujó en la pared a un barco hundiéndose junto a personas fallecidas para pedir ayuda. Los campesinos lo alimentaron y dieron aviso a las autoridades. El impacto de este desastre conmovió profundamente a la sociedad menorquina y tuvo un enorme eco en la prensa internacional, movilizando barcos de rescate de España y de Francia hacia el lugar del desastre. La dureza del accidente y la trágica muerte de 156 personas impulsaron al Ayuntamiento de Ciutadella a solicitar con urgencia la construcción de un faro en esta peligrosa zona del litoral.
La presión y la apremiante insistencia del propio Gobierno de Francia, afectado por la gran pérdida de sus ciudadanos, fueron determinantes para que el proyecto se pusiera en marcha de inmediato. El faro de Punta Nati, conocido popularmente en su época como sa Farola Nova, fue concebido como un elemento indispensable para garantizar la seguridad de las rutas marítimas del norte menorquín y evitar que se repitiera una desgracia. El proyecto de este nuevo faro fue diseñado con gran esmero por el ingeniero español Mauro Serret, iniciándose las obras en 1912. Debido a la urgencia diplomática y a las constantes presiones de las autoridades galas, el alumbrado del faro se inauguró de forma anticipada tan solo 14 meses después del inicio de las obras.
La construcción del complejo se completó en julio de 1914, dotándolo con la tecnología de iluminación más moderna. El faro consta de una sólida torre de planta hexagonal de 19 metros de altura y de dos edificios rectangulares de mampostería. La linterna está situada a 42 metros sobre el nivel del mar, emitiendo destellos de luz blanca visibles a 16 millas náuticas.
En la actualidad, el entorno que rodea el faro de Punta Nati destaca por su paisaje árido, conocido popularmente como la Menorca seca, repleto de riscos imponentes e infinitas hileras de pared seca. En este agreste paraje destaca el curioso fenómeno natural de los bufadores, que son grietas en el terreno rocoso que conectan con el mar y expulsan potentes columnas de agua y viento durante los fuertes temporales del norte, que no impiden la visita diaria de cientos de personas que se acercan a contemplar la espectacular puesta de sol, viendo a Mallorca recortarse en el horizonte. La costa pedregosa que fue escenario de una gran catástrofe se ha convertido en un sitio de paz donde la luz del faro sigue brillando.