Un hallazgo arqueológico en Escocia revela un gran monasterio medieval fundado hace 1.500 años
Un conjunto de hallazgos arqueológicos en la isla de Lismore, en el oeste de Escocia, ha aportado evidencias materiales sustanciales sobre la importancia del monasterio que, según las fuentes históricas, fundó san Mo Luóc en el siglo VI. Las excavaciones han identificado un extenso cementerio altomedieval, restos de construcciones y una zona especializada en trabajos artesanales de gran calidad. El estudio, publicado en la revista Antiquity, sostiene que las evidencias permiten considerar Lismore como un destacado centro eclesiástico del noroeste de las islas británicas y ayudan a reconstruir su papel dentro de las redes cristianas del reino de Dál Riata.
Hasta hace pocos años, la existencia de este monasterio se sustentaba fundamentalmente en referencias históricas y tradiciones locales. Mo Luóc (también conocido actualmente como Moluag) aparece en las crónicas irlandesas, que sitúan su muerte hacia los años 593 o 594. Su actividad coincidió con una importante expansión del monacato en las regiones de lengua celta durante la segunda mitad del siglo VI, el mismo contexto en el que surgieron otros centros como Iona, fundado por Columba alrededor del año 563. A finales del siglo VII, Lismore formaba parte de Dál Riata, un territorio de habla gaélica que comprendía Argyll, gran parte de las Hébridas y una zona del actual norte de Irlanda.
La ubicación exacta del monasterio se había situado tradicionalmente bajo la posterior catedral medieval de Clachan, pero durante mucho tiempo las pruebas fueron escasas. Se conocían algunos fragmentos de cruces altomedievales y tres alfileres de los siglos VII y VIII, mientras que excavaciones realizadas a mediados de la década de 2000 solo localizaron materiales de épocas posteriores. La Lismore Historical Society inició en 2016 una nueva investigación arqueológica, centrada inicialmente en la nave y las estructuras asociadas de la catedral medieval. Los resultados llevaron después a ampliar los trabajos para estudiar la posibilidad de que aquel edificio se hubiera levantado sobre el emplazamiento del antiguo complejo de Mo Luóc.
Un cementerio utilizado durante siglos
Una de las principales evidencias apareció en un cementerio olvidado al sureste de la iglesia, cuya existencia fue confirmada arqueológicamente en 2018. Bajo capas que contenían numerosos huesos humanos desplazados por actividades posteriores, los investigadores localizaron al menos seis enterramientos conservados en su posición original, principalmente de adultos. Las dataciones por radiocarbono sitúan el más antiguo entre los años 650 y 780 y el más reciente entre 900 y 1040. El espacio estaba delimitado por un muro de piedra caliza y en él apareció también un fragmento de una cruz de piedra de época altomedieval.
Las campañas posteriores ampliaron considerablemente ese escenario. En 2021 aparecieron nuevos enterramientos alrededor de una cruz de granito rota conocida como Sanctuary Stone, con restos de adultos, adolescentes y niños. La evaluación inicial indica que todos los esqueletos adultos identificados en esta zona son masculinos, mientras que algunos individuos jóvenes presentan indicios de infecciones y enfermedades metabólicas. Las evidencias muestran que esta parte del cementerio fue utilizada repetidamente durante el periodo altomedieval, con restos óseos desplazados y enterramientos que se cruzaban entre sí. También se documentaron tumbas revestidas y cubiertas con piedra y un fémur con un traumatismo provocado por un objeto cortante, posiblemente una espada o un hacha.
Un taller especializado en metales preciosos
Pero una de las pruebas más reveladoras sobre la categoría del enclave procede de su actividad artesanal. Las excavaciones descubrieron una estructura ovalada de unos ocho metros de diámetro, con un grueso muro construido en seco y el suelo pavimentado con losas de piedra caliza. Junto a ella aparecieron sucesivas capas ricas en carbón que contenían cientos de fragmentos de moldes de arcilla y crisoles. Las dataciones sitúan la actividad artesanal entre los siglos VII y IX, mientras que los depósitos asociados al edificio abarcan aproximadamente desde el siglo VIII hasta el X.
En total, los arqueólogos recuperaron más de un millar de fragmentos relacionados con el trabajo de metales no ferrosos, entre ellos crisoles, tapas y moldes. Estos últimos demuestran que allí se fundieron al menos dos tipos de broches penanulares y otros objetos rectangulares que podrían haber sido hebillas. Los análisis mediante fluorescencia de rayos X muestran que las aleaciones de cobre fueron las más utilizadas, pero algunos crisoles contienen concentraciones elevadas de plata y oro, una evidencia poco habitual de fundición de metales preciosos. Los investigadores señalan además que algunos de los tipos de crisoles encontrados tienen paralelos en conjuntos metalúrgicos de otros enclaves de elevado estatus.
El taller no se dedicaba únicamente al metal. Entre sus restos se localizaron ocho piezas trabajadas de hueso y asta, incluidas dos con delicados diseños entrelazados tallados, cuya función no se conoce con certeza. Los investigadores consideran probable que pudieran utilizarse como piezas de práctica para diseños destinados a objetos metálicos o como moldes para dar forma a láminas de oro empleadas en la decoración de piezas de metal. Las condiciones de humedad conservaron además materiales orgánicos que raramente sobreviven en yacimientos de la misma época, como madera, asta y cuerno. El análisis preliminar ha identificado aros de tejo pertenecientes a recipientes construidos con duelas, parte de una posible caja del mismo material y otros restos que apuntan a que estos objetos también se fabricaban allí.
Un centro monástico de gran relevancia
La magnitud y calidad de estos materiales permiten comprender mejor la relevancia alcanzada por Lismore durante la Alta Edad Media. El conjunto de moldes y crisoles para metales no ferrosos es el más numeroso localizado después del de Dunadd, mientras que no se conocen en Escocia otras piezas con motivos tallados de una calidad comparable a las recuperadas en Lismore. Los fragmentos de cruces de piedra encontrados durante las excavaciones incluyen además formas ornamentales que hasta ahora no se habían documentado en la Escocia altomedieval.
Las evidencias arqueológicas todavía no han permitido localizar la iglesia que Mo Luóc habría establecido en el siglo VI, ya que los testimonios materiales conocidos corresponden principalmente a los siglos VII-X. Los autores consideran, sin embargo, que los hallazgos refuerzan la posibilidad de que el entorno de la actual iglesia parroquial corresponda al emplazamiento de aquel establecimiento. El cementerio, la metalurgia de metales preciosos y otros trabajos artesanales dibujan la existencia de una comunidad monástica próspera, con una considerable riqueza y sofisticación artística comparable a la de grandes centros insulares como Iona y Portmahomack y con una influencia regional y posiblemente supraregional. Las próximas investigaciones tratarán de delimitar la extensión completa del recinto monástico, explorar la parte superior del cementerio y reconstruir el dominio eclesiástico más amplio asociado a Lismore.