Un hallazgo de balas de honda acerca la última batalla de Roma contra los rebeldes de la Ceretania
El control de los pasos pirenaicos convirtió Cerdanya en un territorio decisivo para Roma, porque aquella cuenca enlazaba la Península Ibérica con el resto de Europa y seguía bajo dominio ceretano en el siglo I a. C. Sus habitantes cultivaban la tierra, criaban ganado, explotaban recursos locales y comerciaban entre valles, mientras mantenían una resistencia que se prolongaba desde la llegada romana a la costa mediterránea en 218 a. C.
Un hallazgo en Collet de Jovell reveló un campamento romano
El paso alpino de Collet de Jovell, situado cerca de Urús y a unos 113 kilómetros al norte de Barcelona, permitió localizar en abril de 2024 los restos de un campamento militar romano. El equipo de la Universidad Autónoma de Barcelona registró cada hallazgo mediante GPS y lo incorporó a una base de datos digital dentro de un proyecto de investigación sobre la antigua Cerdanya.
La presencia del campamento en una zona boscosa y elevada adquiere valor militar porque el enclave domina una de las principales rutas de acceso a la llanura. Desde esa posición, las tropas podían vigilar el movimiento por el paso y proteger un corredor necesario para penetrar en el territorio ceretano, cuyo relieve dificultaba cualquier avance desde las áreas ya sometidas por Roma.
Entre los materiales recuperados aparecieron proyectiles de honda fabricados en plomo, monedas romanas, fíbulas utilizadas para sujetar la ropa y clavos de hierro procedentes de las sandalias de los legionarios. El plomo facilitaba la producción de munición frente a la recogida de piedras, mientras la forma de las piezas permitía lanzarlas con rapidez y conservar en su superficie marcas relacionadas con el ejército.
Una inscripción identificó al gobernador de la campaña
Dos de esos proyectiles llevaban grabadas las letras CN D, una abreviatura que los arqueólogos vinculan con Cneo Domicio Calvino, gobernador de Hispania Citerior y aliado de Octavio, futuro emperador Augusto. La inscripción sigue las convenciones romanas para abreviar nombres y ofrece una datación más precisa que el resto de objetos, fechados en su mayoría en la segunda mitad del siglo I a. C.
La identificación del gobernador sitúa el ataque en el año 39 a. C., cuando Calvino ejercía el mando en la provincia y las tropas romanas combatieron una revuelta ceretana. Los proyectiles cumplían una función militar y propagandística, porque el nombre del comandante convertía cada impacto en una declaración de autoridad sobre la población atacada.
El historiador romano Dion Casio, que vivió entre los siglos II y III, relató que los ceretanos tendieron una emboscada a soldados dirigidos por uno de los oficiales de Calvino y consiguieron que huyeran. La respuesta del gobernador comenzó dentro de sus propias filas, donde ordenó ejecutar a uno de cada diez hombres de dos unidades mediante la práctica conocida como decimación, antes de lanzar la ofensiva contra los rebeldes.
La causa precisa del levantamiento permanece abierta, aunque la ocupación militar, los impuestos, las exigencias de suministros y el control romano de las rutas montañosas pudieron alimentar la resistencia local. La Universidad Autónoma de Barcelona considera que estos hallazgos confirman un proceso prolongado y violento, pues “la conquista romana de la Península Ibérica no fue breve ni pacífica”.
El campamento cambió la reconstrucción de aquella campaña
Los restos de Collet de Jovell modifican además la localización aceptada para aquella campaña, que solía situarse más al oeste de los Pirineos pese a que Dion Casio había vinculado la revuelta con los ceretanos. La posición del campamento sitúa el enfrentamiento dentro del territorio controlado por esta población y aporta una referencia material para reconstruir el avance de las tropas.
La derrota de 39 a. C. puso fin a aquel episodio de resistencia y dio paso a una represión romana que afectó a los asentamientos y a la organización política de los ceretanos. Muchas poblaciones fueron abandonadas, mientras las estructuras sociales locales cedieron terreno ante la administración provincial, de modo que unas letras impresas sobre plomo permiten seguir el momento en que Roma afianzó su dominio en los Pirineos orientales.