¿Pagarías 40 euros por un anfiteatro romano falso? Eso hicieron decenas de turistas en Italia por culpa de un constructor espabilado que ha acabado en la cárcel
La aplicación turística siguió mostrando durante un tiempo una supuesta atracción antigua, y los visitantes llegaban a la ladera convencidos de que iban a recorrer un recinto histórico extraordinario. La credibilidad creció porque una guía local había dedicado cuatro páginas al lugar y había impreso 3.000 ejemplares con logotipos institucionales.
Tras esa cobertura apareció el Anfiteatro Marittimo Berico, una construcción levantada en los Colli Berici, cerca de Arcugnano, que Franco Malosso presentó como un conjunto arqueológico con restos neolíticos, griegos y romanos.
Un estafador convirtió una ladera en un supuesto yacimiento arqueológico
Malosso, un italiano de 69 años que también utilizaba el pomposo nombre de Franz von Rosenfranz, cobró hasta 40 euros por acceder a un recinto de unos 5.000 metros cuadrados donde había gradas de piedra clara, columnas, estatuas y una piscina artificial.
La promoción atribuía el lugar a episodios vinculados con Julio César, Cleopatra, los templarios y Julieta, el personaje ficticio de Shakespeare asociado a Verona, aunque el recinto se encontraba en la provincia de Vicenza. También fechó la construcción en el año 393, una cronología incompatible con la vida de César y Cleopatra, y presentó una iglesia del complejo como residencia de Julieta.
Los investigadores desmontaron esa historia al examinar los materiales empleados, porque hallaron bloques trabajados recientemente, columnas de cemento, figuras de yeso y piezas fabricadas con fibra de vidrio o papel maché. Varias superficies habían sido tratadas para parecer antiguas, mientras que las imágenes por satélite mostraban una ladera nivelada donde no había pruebas del corrimiento de tierras que Malosso decía haber descubierto en 2005. Los objetos atribuidos a distintas épocas tampoco aportaron respaldo arqueológico.
Los especialistas encontraron fallos en toda la versión del promotor
Jacopo Bonetto, profesor de Arqueología Clásica en la Universidad de Padua, explicó a El País que cualquier profesional competente habría reconocido el origen moderno por los materiales y por el contexto. La autenticación de un yacimiento exige estudiar las técnicas constructivas, el mortero, el suelo circundante y la relación del recinto con asentamientos conocidos, de modo que una piedra envejecida de forma artificial carece de valor sin una secuencia arqueológica coherente.
El propio nombre contenía otra discordancia, ya que un anfiteatro romano rodea una arena ovalada, como ocurre en el Coliseo, mientras que el recinto de Arcugnano tenía gradas semicirculares frente a un espacio escénico. Esa planta corresponde a un teatro y ofrecía una pista incluso para personas sin formación arqueológica.
Cuando las autoridades empezaron a investigar, Malosso cambió su versión y sostuvo que la estructura levantada era una reproducción moderna de otro edificio antiguo enterrado bajo la colina, aunque los técnicos de patrimonio no encontraron pruebas que respaldaran esa explicación.
Los tribunales confirmaron la condena tras varios recursos
La Fiscalía de Vicenza impulsó el procedimiento después de que los responsables italianos intervinieran en 2016, y un tribunal condenó a Malosso en 2019 a dos años y cuatro meses de prisión junto con una multa de 3.000 euros. El Tribunal de Apelación de Venecia confirmó el fallo en 2020, mientras que el Tribunal de Casación declaró inadmisible el último recurso tras una vista celebrada en diciembre de 2021. La resolución definitiva se publicó en enero de 2022, y Malosso ingresó en prisión cuatro años después, aunque la noticia solo trascendió durante el mes de julio de 2026.
La sentencia abarcó construcción ilegal, infracciones sobre paisaje protegido y patrimonio cultural, además de falsificación de una obra artística o arquitectónica. El tribunal rechazó que algunas conductas hubieran prescrito porque las obras continuaban el 20 de julio de 2016, una fecha que contradice la versión de que todo había terminado alrededor de 2005.
La colina sigue ocupada por el teatro de hormigón pese a la orden de restaurarla, y retirar la estructura, vaciar la piscina artificial y estabilizar el terreno puede costar millones sin que las autoridades hayan determinado todavía qué organismo asumirá la factura.