José Ferrer, director médico de Ascires: “Podemos anticiparnos 20 años para actuar contra enfermedades neuronales”
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Ascires da este martes un paso más en su expansión sanitaria con la inauguración de su nuevo hospital en la avenida de las Tres Cruces de València. El grupo, que nació ligado al diagnóstico por imagen y la medicina nuclear, completa ahora el recorrido con cirugía, hospitalización, urgencias y tratamientos, en un centro concebido para concentrar en un mismo espacio todas las fases de la atención al paciente. La tecnología vuelve a ser la gran apuesta de la compañía, que incorpora equipos de última generación y un quirófano híbrido, pero también nuevas formas de abordar enfermedades como el cáncer o el Alzheimer. «En medicina, lo peor que puedes hacer es ir por detrás», sostiene su director médico, José Ferrer.
Ascires nació y ha crecido muy ligado al diagnóstico por imagen y ahora da el salto a la medicina general con la inauguración de un hospital de primer nivel. ¿Por qué?
Es otra liga. Cuando solo te dedicas al diagnóstico te quedas en una parte de lo que es la atención médica. Al final, la medicina consiste en prevenir, diagnosticar, tratar y hacer seguimiento de los pacientes. Nosotros nos quedábamos en una parte del proceso y ahora completamos todo el recorrido. Ha sido un proceso paulatino. En València empezamos con el radiodiagnóstico, después incorporamos la radioterapia y la oncología radioterápica, con aceleradores y tratamientos, y posteriormente llegó la medicina nuclear. Pero seguíamos estando muy centrados en el diagnóstico. Llegó un momento en que pensamos que no podíamos quedarnos encorsetados en una parte del proceso y que teníamos que poder acompañar al paciente de principio a fin. Hace siete u ocho años empezamos a desarrollar policlínicas, como Campanar, Universitat o nuestros centros de Gandia y Castelló. Era ya un enfoque de policlínica, pero diferente al convencional: trasladábamos a esos centros toda nuestra capacidad diagnóstica y tecnológica.
Por ejemplo, en uno de ellos incorporamos una resonancia de unas prestaciones extraordinarias, algo que no es habitual en una policlínica. También empezamos a realizar técnicas terapéuticas ambulatorias. Pero entonces te das cuenta de que puedes hacer más cosas y que, para hacerlas, necesitas un lugar donde ingresar a un paciente, un quirófano o una UCI. Y ahí está el germen de este hospital. Ha sido un proceso natural: empiezas con algo pequeño, vas incorporando servicios y, poco a poco, llegas a poder completar todo el proceso asistencial.
La tecnología es una de las grandes apuestas del hospital.
La tecnología ha sido siempre una de las señas de identidad de Ascires. Desde aquel germen inicial del diagnóstico, nuestra filosofía ha sido buscar la mejor tecnología disponible. Hemos viajado por muchas partes del mundo para conocer qué se está haciendo y qué equipos pueden aportar algo al paciente. La idea es acortar al máximo el tiempo que transcurre desde que surge una tecnología hasta que puede utilizarse con los pacientes. A veces ese desarrollo es larguísimo y existe mucha distancia entre las empresas que fabrican la tecnología y quienes finalmente la utilizan. Nuestro objetivo es acortar ese tiempo, pero sin hacer locuras. Hay que estudiar muy bien cada tecnología y, cuando compruebas que realmente funciona y merece la pena, hacer que llegue cuanto antes al paciente.
Usted es especialista en medicina nuclear. ¿Qué es lo más novedoso que va a ofrecer el hospital en este campo?
Te diría tres cosas. La primera son unos detectores digitales que están entre los mejores del mercado. ¿En qué se traduce esto? En que antes podía detectar lesiones de alrededor de un centímetro y ahora podemos llegar a lesiones de unos dos milímetros. Es decir, podemos detectar cosas que antes no veíamos. La segunda tiene que ver con los cirujanos. Muchas veces me han dicho: “Tú ves un foco de dos o tres milímetros en medio del abdomen, pero cuando yo abro todo tiene el mismo color”. Yo puedo verlo perfectamente en una imagen, pero el cirujano, cuando entra en el cuerpo, no tiene esa referencia. Por eso podemos llevar determinados equipos de medicina nuclear al quirófano y, además, este hospital dispone de un quirófano híbrido que incorpora sistemas de imagen dentro del propio quirófano: un TAC, una resonancia y un arco en C robotizado. Eso supone un salto importante. Tenemos herramientas que permiten localizar en tiempo real aquello que antes era muy difícil encontrar. Tú tienes las imágenes del preoperatorio, pero cuando abres el cuerpo la anatomía cambia. Lo que estaba en un sitio puede desplazarse y, además, estamos buscando lesiones de apenas unos milímetros.
¿Eso permite anticiparse a la evolución de una enfermedad?
Exactamente. En medicina, lo peor que puedes hacer es ir por detrás. Si eres capaz de detectar lesiones muy pequeñas, puedes actuar sobre ellas antes de que crezcan y evitar tener que recurrir desde el primer momento a tratamientos sistémicos. Por ejemplo, en el cáncer de próstata tienes pacientes con un tumor localizado y otros con una enfermedad diseminada. Cuando está localizado se puede operar o tratar con radioterapia. Cuando está diseminado, normalmente se recurre a tratamientos sistémicos, como las hormonas, que pueden funcionar durante un tiempo y después dejan de hacerlo. Nosotros podemos añadir una tercera posibilidad: si la enfermedad está diseminada pero puedo ver exactamente dónde están los puntos de diseminación, puedo actuar directamente sobre ellos. De esa manera puedo retrasar la utilización de determinados tratamientos sistémicos. En medicina tienes diferentes líneas de tratamiento. Conforme las vas utilizando, te quedan menos opciones para el paciente. Si dispones de herramientas que permiten intercalar tratamientos entre esas líneas, tienes más posibilidades. Es una pelea constante, pero una cosa es ir por detrás y otra anticiparse. La clave es poder detectar la enfermedad antes de que produzca una alteración anatómica evidente: saber que ahí hay algo, que hay células malignas, aunque el ganglio todavía tenga un aspecto normal.
Hablaba también de neurología y de enfermedades como el Alzheimer. ¿Hasta qué punto se puede anticipar el diagnóstico?
Es un campo muy importante. Cuando hacemos una resonancia a un paciente con demencia, muchas veces encontramos patrones de atrofia cerebral que pueden ser similares. Pero cuando estudiamos la función podemos diferenciar qué zonas del cerebro están afectadas. No es lo mismo un Alzheimer que una enfermedad que puede presentar síntomas parecidos, como la demencia frontotemporal. En el Alzheimer se alteran determinadas zonas, como el cíngulo posterior o el precúneo, mientras que en la demencia frontotemporal están afectados el lóbulo frontal y el temporal. Al principio los síntomas pueden ser muy similares y es difícil saber qué enfermedad tenemos delante. En el Alzheimer, además, existe un depósito de sustancia amiloide entre las neuronas. Esa sustancia genera inflamación y contribuye a la muerte neuronal. Nosotros podemos detectar ese depósito de amiloide hasta 20 años antes de que aparezcan los síntomas. Es algo tremendo: puedes detectar que existe ese depósito dos décadas antes de que la persona empiece a notar los primeros síntomas.
Pero detectar la enfermedad veinte años antes no significa necesariamente que puedas tratarla.
Ese es el problema. Cuando aparecen los síntomas, muchas neuronas ya han muerto. Por eso hay que intentar intervenir antes. Ahora han aparecido los primeros tratamientos destinados a eliminar ese depósito de amiloide, dos anticuerpos que actúan contra esa sustancia. La evidencia de los ensayos indica que, al eliminar ese depósito, se puede ralentizar la progresión de la enfermedad. Pero para poder actuar necesitas saber qué está pasando. Cuando no sabes qué le ocurre a un paciente, no puedes avanzar en medicina. Cuando empiezas a conocer qué sucede, puedes empezar a buscar soluciones. Durante mucho tiempo todas las demencias se metían en el mismo saco. Ahora sabemos que no es así: hay alteraciones vasculares, Alzheimer y otras enfermedades diferentes. Hasta que no empiezas a ver que los cerebros de los pacientes con demencia no son todos iguales, no puedes decir qué ocurre en cada enfermedad y buscar tratamientos específicos para cada una.
Entonces, ¿sería partidario de hacer chequeos neurológicos preventivos?
El problema es que estas pruebas todavía son caras. En un cribado poblacional necesitas pruebas suficientemente económicas para poder llegar a mucha gente. Si la prueba es muy cara, la sanidad pública no puede asumir un cribado de toda la población. En cualquier caso, hay algo que sí sabemos: la actividad intelectual y social es muy importante. Uno de los mejores ejercicios para el cerebro es algo tan sencillo como asociar nombres y caras, establecer relaciones y mantener activas muchas funciones cerebrales. Y la sociabilidad también es fundamental. Lo he vivido personalmente con mi madre, que falleció de Alzheimer. Una de las grandes repercusiones de la pandemia de COVID fue el aislamiento de las personas mayores. El ser humano es un ser social y ese aislamiento tuvo consecuencias.
Van a abrir un nuevo hospital en València en un momento en el que también están llegando otros operadores sanitarios. ¿Qué valor diferencial quiere aportar Ascires?
Primero, tecnología. Intentar estar siempre pendientes de qué tecnología viene y cuál puede marcar una diferencia. Después necesitamos equipos humanos. Y eso es complejo porque se están abriendo muchos hospitales. Para atraer a un médico tienes que ofrecerle un proyecto que le ilusione. La tecnología es una parte esencial, pero también lo es el entorno. Y después está la capacidad de crear equipos multidisciplinares y multiespecialidad. Hay que hacerlo de verdad, porque esa es la medicina. El paciente no pertenece a una especialidad. El cuerpo humano tiene cerebro, corazón, hígado, sistema urinario, aparato musculoesquelético... El paciente es un todo. Si somos capaces de aplicar esa visión global y hacer trabajar conjuntamente a las diferentes especialidades, entonces estamos haciendo medicina. Ese es el espíritu del hospital: máxima tecnología y hacer medicina.
¿La idea es trabajar también con la sanidad pública?
Yo creo que la medicina es universal y tienes que llegar a todo. La sanidad privada y la sanidad pública somos dos patas de un mismo eje y siempre hemos trabajado juntos. Creo que debe seguir siendo así. Muchas veces esto se politiza y no debería ser así. Al final, uno ayuda al otro y el otro ayuda al uno.
València también se ha convertido en un polo de atracción internacional. ¿Habéis pensado en el turismo sanitario?
Sí. Tenemos profesionales muy cualificados y reconocidos internacionalmente. Por ejemplo, el doctor Lozano en neurocirugía, que ha trabajado toda su vida en Toronto y que, por sí mismo, atrae pacientes internacionales. También tenemos referentes en neurología y cardiología. La doctora Maceira y su equipo, por ejemplo, cuentan con la triple acreditación europea en cardiología. Creo que la proyección internacional de València ha crecido mucho en los últimos años y existe un grupo de pacientes que puede beneficiarse de ello. También lo hemos pensado en medicina deportiva, tanto para deportistas de élite como para personas que practican deporte habitualmente.
¿Y qué papel tendrán las urgencias?
Las urgencias son importantes, pero hay algo que va mucho más allá de tener buenos profesionales o buenas instalaciones: la ingeniería de procesos. Los médicos que hemos participado en la construcción del hospital hemos podido pensar desde el principio cómo se mueve cada persona por el edificio: por dónde va el paciente, por dónde el familiar, por dónde el médico o la enfermera; cómo se desplaza una muestra o cómo se organiza una prueba. Por ejemplo, un paciente que viene a hacerse una mamografía puede cambiarse una sola vez y realizarse después la mamografía, la ecografía, una biopsia si la necesita y una densitometría. Eso es ingeniería de procesos. En urgencias hemos pensado mucho cómo conseguir que el paciente pase rápidamente a quirófano, a la UCI o a hospitalización cuando lo necesita, y que las pruebas de imagen se hagan sin generar esperas innecesarias. Es una parte que hemos estudiado mucho y que hay que revisar permanentemente. El objetivo final es que el paciente tenga la sensación de que le han atendido y le han solucionado el problema. Es una sensación subjetiva basada en hechos objetivos.
Antes de acabar, me querías hablar del teragnóstico, uno de los conceptos que más se está desarrollando en medicina nuclear.
Sí, porque me gusta mucho. El teragnóstico consiste en utilizar un mismo mecanismo para diagnosticar y después tratar de forma muy selectiva. Por ejemplo, imagina un paciente con cáncer de próstata. Le administramos un radiofármaco y vemos que el tumor de la próstata capta esa sustancia, así como determinados ganglios y una metástasis ósea. Hemos utilizado una sustancia, por ejemplo PSMA, marcada con un isótopo radiactivo para localizar dónde está la enfermedad. Una vez que sabemos que ese paciente tiene esa diana, utilizamos el mismo PSMA, pero en lugar de marcarlo con un isótopo utilizado para el diagnóstico, lo marcamos con un isótopo terapéutico. El PSMA va al mismo sitio y el tratamiento actúa allí. Es medicina personalizada de verdad. No administras un tratamiento genérico a un paciente porque tenga una determinada enfermedad. Primero compruebas que esa diana está presente y, si lo está, administras el tratamiento que sabes que puede actuar sobre ella. Por eso se llama teragnóstico: primero haces el diagnóstico y, si es positivo en ese paciente concreto, puedes utilizar el tratamiento.
¿El tratamiento actúa solo en esa zona?
No necesariamente. Puede tratar todo el cuerpo, pero es muy selectivo. Allí donde se acumula el radiofármaco diagnóstico se acumulará también el radiofármaco terapéutico. Por tanto, no doy un tratamiento genérico a una persona individual, sino un tratamiento individualizado a una persona concreta, porque previamente he comprobado que ese tratamiento puede hacer efecto. En algunos ensayos, esto ha permitido que pacientes con una expectativa de vida de tres meses, por ejemplo en cáncer de próstata, pasen a vivir un año, un año y medio o dos años. Ganas tiempo. Y cuando ganas tiempo en medicina pueden aparecer nuevas terapias, puedes combinarlas y prolongar todavía más la supervivencia. No siempre puedes curar una enfermedad, pero sí puedes cronificarla y hacer que el paciente viva más tiempo y, además, con una buena calidad de vida.
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