Heródoto miró hacia los Pirineos al buscar el origen del Danubio y ahora una investigación pone a Heuneburg bajo sospecha
Una copia cretense de finales del siglo XV cambió un detalle de la ruta de los argonautas que hoy alimenta una disputa sobre el castro de Heuneburg: donde el manuscrito más antiguo conduce hacia Tirrenia, esa recensión introduce la ciudad de Pirene.
La diferencia entre ambas versiones resulta relevante para el debate, porque Dirk Krausse utiliza esa aparición para acercar la ciudad citada por Heródoto al alto Danubio, mientras Patrick Sims-Williams considera que el pasaje ofrece una base muy frágil para semejante identificación.
La semejanza gráfica entre Τυρρηνίαν, que es Tirrenia, y Πυρήνην, que se traduce Pirene, añade otra posibilidad, ya que Carl Wendel detectó en ese manuscrito otras confusiones entre Π y Τ.
La ubicación de Pirene pone a Heuneburg bajo discusión
Sims-Williams, catedrático emérito de Estudios Célticos de la Universidad de Aberystwyth, defiende en The Antiquaries Journal tal y como recoge La Brújula Verde que la Pirene de Heródoto debe buscarse dentro del mapa occidental que manejaba el autor griego, cerca de los Pirineos y del Atlántico.
Heródoto situaba a los celtas más allá de las Columnas de Heracles y junto a los cinesios, considerados los habitantes del extremo occidental europeo. En sus Historias escribió que “el Istro nace en el país de los celtas y en la ciudad de Pirene”. Esa geografía aleja su Pirene de Baden-Wurtemberg.
Heuneburg, levantada sobre un espolón del alto Danubio cerca de Herbertingen, fue uno de los grandes asentamientos de Europa central durante la primera Edad del Hierro. Manuel Fernández-Götz, profesor de la Universidad de Oxford, y Dirk Krausse, jefe de arqueología de la oficina de patrimonio de Baden-Wurtemberg, han descrito un enclave que alcanzó unas 100 hectáreas durante la primera mitad del siglo VI a. C.
Hacia el 600 a. C., Heuneburg contó con una muralla de adobe sobre piedra caliza inspirada en modelos mediterráneos. Las excavaciones también han descubierto ánforas procedentes de Massalia, la actual Marsella, y cerámica ática, indicios de sus contactos con el Mediterráneo. Un incendio hacia 540-530 a. C. destruyó buena parte del asentamiento.
La identificación de Pirene condiciona la atribución celta
La discusión sobre Pirene afecta además a otra cuestión histórica, la posibilidad de llamar celtas a los habitantes de esta zona del sur de Alemania durante la Edad del Hierro temprana. El pasaje de Heródoto constituye uno de los principales testimonios escritos utilizados para situar a los celtas en esta parte de Europa, de modo que identificar Pirene con Heuneburg daría fuerza a esa asociación.
Las demás fuentes antiguas tampoco permiten resolver el problema. Esteban de Bizancio atribuyó a Hecateo de Mileto una mención a una polis celta llamada Nyrax, cuya ubicación continúa sin conocerse con seguridad. El arqueólogo Joseph Déchelette la relacionó con Noreia, pero esa propuesta fue abandonada y otras hipótesis posteriores tampoco han conseguido establecer una localización aceptada.
La propia investigación reciente mantiene esa prudencia al hablar de estas poblaciones. Un estudio genético publicado en Nature Human Behaviour en 2024 utilizó la expresión “círculo hallstáttico occidental” para referirse a grupos relacionados con la cultura de Hallstatt, desarrollada durante la Edad del Hierro en buena parte de Europa central y occidental.
Los investigadores trataron con cautela la denominación “celta temprano”, ya que establecer una relación entre esos grupos arqueológicos y una identidad celta continúa dependiendo de pruebas que permiten distintas interpretaciones.
Las fuentes antiguas tampoco permiten identificar Heuneburg con certeza
Krausse ha reforzado la identificación de Heuneburg con dos argumentos, y uno de ellos parte de la categoría griega de polis aplicada al asentamiento. Sims-Williams replica que los autores griegos podían emplear ese término para poblaciones de territorios considerados bárbaros sin exigir la escala política o económica de Heuneburg, una lectura ya planteada por el helenista Mogens Herman Hansen.
El segundo argumento recurre a los escolios de las Argonáuticas y a una obra perdida de Timágeto, donde el Danubio baja de “las montañas celtas” hasta un “lago celta” y se bifurca hacia el mar Negro y el llamado mar Celta, asociado al golfo de León.
La concepción antigua de los grandes ríos europeos permite entender por qué Pirene podía acabar muy lejos del nacimiento auténtico del Danubio. Aristóteles colocó una montaña llamada Pirene al oeste de la Céltica y afirmó que de ella nacían el Danubio y, en sentido opuesto, el Tartessos, identificado con el Guadalquivir.
Estrabón contó que las fuentes danubianas permanecieron desconocidas hasta que Tiberio llegó a ellas en el 15 a. C., a una jornada del lago Constanza. Otros autores imaginaron conexiones fluviales entre el Danubio, el Ródano, el Adriático o el Loira, quizá influidas por transportes terrestres de mercancías entre cuencas.
El alcance de la propuesta de Sims-Williams termina en una cautela lingüística que separa la ubicación de Pirene de la lengua hablada en Heuneburg. El filólogo considera “desconocida” la situación étnica y lingüística del asentamiento durante los siglos VI y V a. C., y admite que futuras lecturas de textos antiguos, el ADN o los análisis de isótopos podrían aportar vínculos con grupos occidentales identificados con mayor seguridad como celtas. Mientras esas pruebas no aparezcan, prefiere describir Heuneburg como un enclave de la Edad del Hierro temprana y dejar abierta la cuestión de la lengua de sus habitantes.