La historia de Nellie Bly, la primera mujer que contó la vuelta al mundo en 72 días

En 1889 una mujer se presentó en la redacción de un periódico con una idea que parecía una locura: dar la vuelta al mundo en 72 días. En una época en la que viajar sola ya era escandaloso para una mujer, hacerlo además intentando batir un récord global parecía directamente imposible.

Aquella mujer era Nellie Bly, una periodista pionera del periodismo moderno y una de las grandes figuras del periodismo de investigación en Estados Unidos.

Su aventura no solo terminó convirtiéndose en uno de los viajes más famosos del siglo XIX, sino que demostró que las mujeres podían hacer exactamente lo mismo que los hombres en un mundo que todavía las confinaba al ámbito doméstico.

Nellie Bly, la periodista pionera que revolucionó el periodismo

Antes de convertirse en la mujer que dio la vuelta al mundo en 72 díasNellie Bly ya era conocida por su trabajo en el periodismo de investigación.

Había nacido en 1864 en Pensilvania con el nombre de Elizabeth Cochran. Su carrera empezó casi por casualidad cuando respondió a un artículo que afirmaba que las mujeres debían limitarse a quedarse en casa. Su carta fue tan contundente que el periódico decidió contratarla.

Desde el principio quedó claro que no sería una reportera convencional. Nellie Bly se hizo famosa por infiltrarse en lugares donde nadie más podía entrar. Su investigación más conocida fue la que realizó haciéndose pasar por enferma mental para ingresar en un manicomio de Nueva York.

Durante diez días convivió con las pacientes y documentó abusos, negligencias y condiciones terribles. Aquella investigación se convirtió en un libro y provocó reformas en el sistema sanitario.

Su fama como periodista pionera ya estaba consolidada cuando surgió el desafío que cambiaría su vida.

El reto inspirado por “La vuelta al mundo en 80 días”

La idea del viaje nació de una novela. En 1872, Jules Verne había publicado La vuelta al mundo en 80 días, la historia del personaje Phileas Fogg que intenta recorrer el planeta en ese tiempo.

A finales del siglo XIX muchos lectores se preguntaban si aquel viaje sería realmente posible. Nellie Bly decidió demostrarlo. En 1889 propuso a su periódico —el New York World— intentar batir el récord ficticio de la novela y completar la vuelta al mundo en 72 días.

Al principio los editores dudaron. Consideraban que una mujer no podría viajar sola, que necesitaría demasiadas maletas o que simplemente no sería capaz de completar el trayecto.

Pero Nellie Bly insistió. Finalmente aceptaron.

La vuelta al mundo en 72 días que la convirtió en leyenda

El 14 de noviembre de 1889 comenzó la aventura. Nellie Bly salió de Nueva York con una pequeña maleta y una determinación enorme.

Durante la vuelta al mundo en 72 días atravesó océanos y continentes en barcos de vapor, trenes y carruajes. Pasó por Inglaterra, Francia, Italia, el canal de Suez, Sri Lanka, Singapur, Hong Kong y Japón antes de regresar a Estados Unidos.

Incluso aprovechó el viaje para visitar al propio Jules Verne, autor de La vuelta al mundo en 80 días, en su casa de Amiens. El escritor siguió con entusiasmo su recorrido y llegó a declarar que estaba convencido de que lograría el récord.

Y lo logró.

El 25 de enero de 1890 Nellie Bly regresó a Nueva York tras completar la vuelta al mundo en 72 días, exactamente 72 días, 6 horas y 11 minutos después de haber partido.

Había batido el tiempo imaginado en La vuelta al mundo en 80 días y se convirtió en una celebridad internacional.

Una periodista pionera que cambió la historia

El viaje convirtió a Nellie Bly en un símbolo de independencia y valentía. No solo había realizado la vuelta al mundo en 72 días, sino que lo había hecho demostrando que una mujer podía enfrentarse sola a un desafío global.

Su historia es hoy una de las más fascinantes del periodismo de investigación y del periodismo en general.

La periodista pionera que comenzó infiltrándose en hospitales psiquiátricos terminó protagonizando uno de los viajes más famosos de la historia.

Y lo hizo con una maleta pequeña, una libreta y una idea clara: que el mundo era demasiado grande como para quedarse en casa.