Los huevos de dinosaurio parecían bien protegidos, pero su sistema de incubación fallaba frente al de las aves actuales

El cuerpo del animal se inclinó sobre el nido y se retiró después de unos segundos, repitiendo ese movimiento una y otra vez mientras ajustaba su posición sobre la tierra. El oviraptor se desplazaba alrededor de los huevos y volvía al centro, donde apenas podía apoyar el peso sin tocar todos a la vez. El dinosaurio incubaba los huevos sin quedarse quieto, iba y venía, probando distintos apoyos para repartir el calor.

Cada cambio dejaba partes del nido fuera de su alcance, con zonas que recibían contacto y otras que quedaban aisladas. Esa forma irregular de cubrirlos dejaba abierta una duda que exigía comprobar cómo se distribuía el calor en un nido así.

El modelo confirmaba una incubación desigual en toda la puesta

Esa duda sobre cómo se repartía el calor dentro del nido llevó a un equipo a recrear la situación en condiciones controladas. Un estudio publicado en Frontiers in Ecology and Evolution reconstruyó un oviraptor y su nido y mostró que su incubación combinaba calor corporal y ambiental con menor eficiencia y efectos en el desarrollo de los embriones.

Los investigadores no se limitaron a interpretar fósiles, sino que levantaron un modelo completo del animal y su puesta para medir qué ocurría en cada punto. El trabajo confirmó que el adulto no lograba mantener una temperatura uniforme en todos los huevos. También dejó claro que el entorno tenía un papel fundamental en ese proceso.

El problema aparecía en la forma en que el adulto se colocaba sobre el nido, ya que su cuerpo no cubría toda la superficie al mismo tiempo. El espacio central quedaba vacío y el peso del animal se apoyaba sobre los huevos más externos, mientras que los del interior permanecían rodeados de sedimento y parcialmente protegidos por otros huevos.

Esa disposición limitaba el contacto directo con parte de la puesta, lo que impedía una transferencia uniforme de calor. La posición elevada del cuerpo hacía que algunas zonas quedaran más expuestas que otras. Esa diferencia marcaba el punto de partida de un sistema de incubación desigual.

El sistema se situaba entre aves y reptiles actuales

Ese funcionamiento encaja con un modelo que no reproduce el de las aves actuales ni el de los reptiles de forma pura. Las aves mantienen todos los huevos dentro de un rango térmico muy estrecho gracias al contacto continuo, algo que aquí no se cumplía. Tampoco se trataba de una simple dependencia del ambiente, como ocurre en muchos reptiles.

El sistema funcionaba como una solución en la que el adulto aportaba calor, pero no lo controlaba por completo. El entorno, sobre todo la radiación solar, compensaba parte de esa falta de contacto continuo. Ese equilibrio sitúa a los oviraptores en una posición intermedia dentro de la evolución de la incubación.

El caso concreto de Heyuannia huangi ayuda a entender cómo funcionaba ese sistema, ya que sus nidos se han conservado en varios yacimientos de China y Mongolia. Este oviraptor, de alrededor de un metro y medio de longitud, organizaba los huevos en anillos concéntricos alrededor de un hueco central.

Los huevos no estaban amontonados, sino colocados con cierta inclinación y parcialmente enterrados. Esa estructura no respondía solo a una cuestión de espacio, sino que condicionaba la forma en que el calor llegaba a cada punto. Por lo tanto, el diseño del nido influía en el desarrollo de los embriones.

Las diferencias térmicas alteraban el momento de nacimiento

Cuando los investigadores midieron la temperatura dentro de esos nidos recreados, detectaron diferencias claras entre unos huevos y otros. En ambientes fríos, esas variaciones podían alcanzar varios grados dentro de la misma puesta, lo que hacía que algunos embriones avanzaran más rápido que otros.

Ese desfase llevaba a una eclosión asincrónica, con nacimientos separados en el tiempo dentro del mismo nido. En aves actuales este fenómeno se regula con el comportamiento de los adultos, pero aquí parecía surgir como consecuencia del sistema. En entornos más cálidos, en cambio, la diferencia térmica se reducía porque el calor ambiental equilibraba el conjunto.

La recreación física permitía observar cada detalle del proceso

Para llegar a estas conclusiones, el equipo construyó un modelo a tamaño real del dinosaurio utilizando espuma, madera y tejidos que imitaban su estructura corporal. Añadieron una fuente de calor que reproducía la temperatura del animal y fabricaron huevos de resina rellenos de agua para replicar su comportamiento térmico. Sensores colocados en el interior permitieron registrar los cambios de temperatura durante las pruebas.

El nido se diseñó siguiendo la disposición observada en los fósiles, con dos anillos de huevos superpuestos. Esa recreación permitió observar con detalle cómo circulaba el calor dentro de la puesta y cómo cada zona respondía de forma distinta a las condiciones externas.