¿Qué mantiene viva la teoría del falso alunizaje? El debate sigue abierto para muchos pese a décadas de pruebas

La fama de una misión puede depender tanto de sus protagonistas como de las dudas que otros levantan después sobre ella. En los alunizajes, los astronautas quedaron asociados a una hazaña que exigía confianza en la tecnología, en las imágenes y en el relato público de la exploración espacial.

Esa misma grandeza alimentó otra reacción: para muchas personas, cuanto más extraordinario parecía el viaje, más fácil resultaba sospechar que todo había sido un montaje. La creencia en el falso alunizaje nace ahí, en la tensión entre una proeza humana presentada como real y una parte del público que prefiere verla como engaño.

El bulo siguió circulando pese a las pruebas acumuladas

Space informa de que el bulo del falso alunizaje sigue vivo más de 50 años después de la llegada del Apollo 11 a la Luna, la primera misión tripulada que pisó su superficie. La persistencia de esa teoría aparece pese a las fotos, los vídeos, las muestras lunares y los datos científicos acumulados por la NASA.

El profesor Anu Ojha, director de descubrimiento del National Space Centre, vinculó esa resistencia a un problema más amplio de información en internet: “Las únicas herramientas que tenemos para navegar por esta vorágine son las habilidades de pensamiento crítico que intentamos desarrollar en la gente como científicos”.

El divulgador científico Phil Plait conoce bien ese desgaste. Según Space, Plait ganó notoriedad después de responder al documental Conspiracy Theory: Did We Land on the Moon?, emitido por Fox Broadcasting en febrero de 2001.

Aquel programa dio aire a una sospecha que ya existía, y Plait publicó una respuesta en su blog que alcanzó miles de lecturas antes de la explosión de las redes sociales. Su libro Bad Astronomy, editado en 2002, amplió esa labor de desmontaje y le consolidó como una de las voces más conocidas contra los bulos espaciales.

La cultura popular ayudó a que la sospecha circulara durante décadas. Space recuerda que la película Capricorn One, de 1978, imaginaba un aterrizaje humano en Marte rodado en un estudio, mientras series como Expediente X, Futurama o Friends incorporaron alusiones a conspiraciones espaciales. Roger Launius, exhistoriador jefe de la NASA, indicó a Associated Press que las encuestas suelen situar en torno al 5% el porcentaje de estadounidenses que creen que los alunizajes fueron falsos.

La NASA ha respondido con pruebas que considera irrefutables. Allard Beutel, portavoz de la agencia, citó a The Washington Post las rocas lunares traídas a la Tierra, los reflectores que permiten rebotar rayos láser desde nuestro planeta y las imágenes tomadas por el Lunar Reconnaissance Orbiter de los lugares de aterrizaje.

Plait advierte de que debatir bulos ya desmontados puede darles apariencia de legitimidad, aunque también ve necesario intervenir cuando alcanzan una difusión amplia. El riesgo, para él, supera la anécdota espacial porque las conspiraciones pueden afectar a vacunas, clima y decisiones con consecuencias reales.

Bill Kaysing impulsó la versión conspirativa con un libro

The Conversation sitúa el origen moderno del falso alunizaje en Bill Kaysing, antiguo oficial de la Marina estadounidense y redactor técnico de una empresa vinculada a las misiones Apollo.

En 1976 publicó We Never Went to the Moon: America’s Thirty Billion Dollar Swindle, un libro en el que afirmó que tenía información interna sobre una conspiración del Gobierno para fingir los alunizajes y que la NASA, incapaz de cumplir la promesa de llevar a un hombre a la Luna antes del final de los años 70, habría enviado a los astronautas solo a la órbita terrestre.

Peter Knight, profesor de Estudios Americanos en la Universidad de Manchester, explica que aquella teoría creció en un clima de desconfianza tras los Papeles del Pentágono, el Watergate y las revelaciones sobre abusos de la CIA.

Las misiones Apollo dejaron rastros que reforzaron su autenticidad

Las supuestas pruebas visuales para vilipendiar el alunizaje también han tenido mucha importancia. El profesor Ojha explicó que las sombras no paralelas en las fotos del Apollo 11 responden a la perspectiva al pasar una realidad tridimensional a una imagen plana. La radiación del cinturón de Van Allen tampoco impedía el viaje, porque los astronautas lo cruzaron muy rápido.

Por otra parte, la ausencia de estrellas se debe a la exposición de las cámaras ante una superficie iluminada por el Sol. La bandera, por su parte, parecía ondear porque llevaba una barra telescópica y arrugas del viaje.

El regreso humano a la Luna se frenó después del Apollo 17, en 1972, por un cambio de prioridades ligado a la guerra de Vietnam, la carrera espacial ya ganada por Estados Unidos y el giro hacia el transbordador espacial y la Estación Espacial Internacional.

La NASA, además, fotografió en 2009 todos los lugares de aterrizaje Apollo con más resolución que antes. Ojha destacó que las pisadas y los rastros de los vehículos lunares podrán conservarse durante millones de años, una permanencia que deja al bulo frente a marcas físicas difíciles de borrar.