Las montañas tienen memoria: científicos españoles demuestran que una cordillera conserva huellas de hace 250 millones de años
Las montañas pueden conservar durante cientos de millones de años las huellas de los procesos que contribuyeron a formarlas. Gracias a eso, un equipo internacional con participación de científicos españoles y chinos ha conseguido reconstruir la arquitectura profunda de la cordillera de Tianshan, en Asia Central, utilizando el registro conservado en rocas magmáticas formadas hace más de 250 millones de años. El resultado muestra hasta qué punto el interior actual de la Tierra es consecuencia de acontecimientos ocurridos en un pasado remoto.
El trabajo, publicado en la revista científica Earth and Planetary Science Letters, cuenta con investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y de diversas instituciones chinas. Los científicos estudiaron el sector occidental de Tianshan, una enorme cordillera que ocupa más de 2.000 kilómetros en Asia Central. Su objetivo era averiguar si las rocas visibles actualmente en superficie podían proporcionar información fiable sobre estructuras situadas a decenas de kilómetros de profundidad.
Para ello analizaron rocas magmáticas originadas entre finales del Carbonífero y mediados del Pérmico, hace aproximadamente entre 305 y 250 millones de años. Estas rocas funcionan como una especie de archivo del pasado: sus características químicas e isotópicas permiten reconstruir procesos que ocurrieron cuando los magmas se generaron y evolucionaron en las profundidades de la Tierra.
Una huella de hace cientos de millones de años
La principal conclusión es que aquellos procesos no desaparecieron completamente con el paso del tiempo. Los investigadores han identificado dos grandes dominios en la litosfera de Tianshan, diferenciados mediante el análisis isotópico de las rocas. Esas diferencias coinciden con contrastes observados actualmente mediante métodos geofísicos en las zonas profundas de la corteza, lo que permite relacionar el magmatismo antiguo con las formas que tiene hoy esta región.
El hallazgo refuerza así una idea fundamental: la litosfera actual no puede entenderse únicamente observando cómo es en el presente, porque constituye el resultado acumulado de procesos desarrollados durante cientos de millones de años. “Nuestros resultados demuestran que el magmatismo del Paleozoico tardío dejó una huella clara y cuantificable en la estructura profunda de la litosfera que todavía podemos detectar hoy”, explica He Huang, investigador de la Academia China de Ciencias Geológicas y primer autor del estudio.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo combinó una enorme cantidad de información recopilada durante décadas. La novedad reside especialmente en integrar cartografía geoquímica e isotópica de las rocas, observaciones geofísicas y modelos termodinámicos para comparar lo que se observa en superficie con la composición y las propiedades físicas del interior terrestre. El estudio propone precisamente este procedimiento como una metodología reproducible para investigar otros antiguos sistemas montañosos.
“Es la primera vez que se realizan estudios que integran la cartografía isotópica, las observaciones geofísicas y modelizaciones termodinámicas a gran escala, porque estamos hablando de una cordillera que se extiende más de 2.000 kilómetros”, explica Antonio Castro, investigador del MNCN-CSIC y uno de los autores del trabajo. Castro centra parte de sus investigaciones precisamente en los procesos relacionados con la generación de la corteza continental y los grandes cuerpos de rocas graníticas.
Una nueva forma de mirar bajo las cordilleras
La importancia de la metodología está en que estudiar directamente las zonas más profundas de la litosfera es muy complicado. Sin necesidad de llegar físicamente hasta ellas, los científicos pueden utilizar rocas magmáticas que actualmente afloran en la superficie como testigos de las condiciones existentes millones de años atrás y contrastar esa información con las imágenes geofísicas del interior del planeta.
Además, el trabajo también ayuda a comprender mejor cómo se forman y evolucionan los continentes. Tianshan forma parte del cinturón orogénico de Asia Central, construido mediante una larga sucesión de procesos tectónicos. Los resultados del estudio indican que determinados episodios magmáticos del Paleozoico dejaron una herencia suficientemente profunda y estable como para seguir siendo reconocible cientos de millones de años después.
Esta forma de reconstruir el subsuelo puede tener además aplicaciones más allá de conocer la historia del planeta. Comprender la arquitectura y composición profunda de antiguas cordilleras puede contribuir al estudio de la distribución de recursos minerales y materias primas, además de nuevas herramientas para investigar la evolución de la corteza terrestre.