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La masificación de la montaña dispara los rescates: “Hay gente que sube al Aneto en zapatillas de correr y pantalón corto”

En las últimas tres semanas los Grupos de Rescate Especial de Intervención en Montaña de la Guardia Civil —los GREIM— han rescatado a más de 60 personas, que habían sufrido percances diversos en la montaña, con picos de hasta 20 rescates en un día. La temporada estival montañera ha comenzado y, con ella, la masificación de las cumbres, las imprudencias, los excursionistas poco preparados, los instagramers que no miden dónde se meten en busca de una foto y los motivados que sobrevaloran sus capacidades.

“Antes teníamos un mes y medio de temporada alta, de mediados de junio a finales de agosto. Ahora la temporada empieza a primeros de junio y acaba en otoño, por lo menos en el Pirineo Aragonés. Si hay más gente, hay más probabilidades de que sucedan cosas”, cuenta Marta Ferrer, coordinadora de Montaña Segura, una campaña de prevención de accidentes en el medio natural fruto de la colaboración entre el Gobierno de Aragón, Aramón y la Federación Aragonesa de Montañismo.

Un paseo rápido por internet muestra la dimensión del problema año tras año. Llega el verano y los rescates en montaña disparan. Es cuestión de estadística, recalcan los expertos, pero también de gente inexperta que acude a la montaña con poca preparación y acaba extraviándose o, en el peor de los casos, teniendo un accidente, cuentan los profesionales del sector.

Este año ya se han contabilizado 534 rescates de montaña, según datos del Servicio de Montaña de la Guardia Civil, cuando apenas está empezando la masificación de las cimas que trae el verano. El año pasado el número de rescates en España ascendió a 1.210, con 144 fallecidos, 771 heridos y 977 ilesos, lo que suma un total de 1.892 víctimas. En 2025, las intervenciones aumentaron un 1,17% respecto al año anterior, incrementándose el número total de personas asistidas un 2,49%.

Si se abre el arco una década, en 2015 se registraron 920 rescates y 1.563 personas auxiliadas en total; es una subida que supera el 30% en ambas estadísticas.

Cada año hay más días de calor, lo que se traduce en estaciones cálidas más largas que invitan a hacer actividades al aire libre. Al mismo tiempo, el calentamiento global está haciendo que la nieve se derrita mucho antes de las cimas de las montañas, lo que también aumenta la peligrosidad del medio. En enero del año pasado, la superficie nevada en las montañas era menos de la mitad que en el mismo momento de 2024.

“Se han quedado aquí”

En la montaña llevan notando este aumento de afluencia desde la pandemia. “La gente que no conocía la montaña se lanzó a ella y ya se ha quedado aquí”, cuenta Joan Maria Vendrell, guarda del Refugio de Góriz, situado a 2.200 metros de altitud en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. “Como hay más gente, también más accidentes, es una cuestión estadística”, resalta.

Bernat Clarella, presidente de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME), también respalda que en los últimos años, y en especial en verano, ha habido un aumento de los accidentes de montaña. “Los datos de los cuerpos de seguridad del Estado nos hablan de que cada vez hay más gente que no está en el mundo de los clubs y federativo, que va por su cuenta a la montaña y tiene más accidentes”, explica. Según la FEDME, alrededor de un 80% de las personas que tienen accidentes en montaña no está federada.

Clarella explica los beneficios de estar federado en un club de montañismo: “Aparte de tener un seguro que te cubre todas las incidencias del rescate y la rehabilitación, te proporciona un valor añadido en cuanto a formación, prevención, y acompañamiento de actividades que tal vez tú solo no puedes realizar”. Esta formación es esencial para hacer de la montaña un lugar más seguro. Sin embargo, federarse no es el “salvoconducto” para evitar accidentes, sino una herramienta de formación y seguridad que garantiza la práctica de la montaña de una manera más segura y más eficiente.

La campaña Montaña Segura se dirige principalmente a aquellos que están comenzando en el montañismo, pero también a gente más experimentada, pues han notado que el perfil experto también está teniendo accidentes, y muchas veces de gravedad, porque son actividades más exigentes. Para garantizar una exitosa y segura salida a la montaña, Ferrer y su equipo ponen el foco en tres partes esenciales: planificar la excursión, equipar la mochila y actuar con prudencia.

Todo comienza en casa, “en el planifica hay que tener claro qué, con quién y cuándo vamos a hacer, y estudiarlo un poco”, explica Ferrer. Es importante saber las características concretas del sitio, su desnivel y duración de la actividad. El segundo paso es preparar la mochila. Cada persona debería llevar como mínimo un litro y medio de agua, por ejemplo, así que compartir mochila si se va en grupo no es la mejor opción. “Ese material personal es del que dependemos para nuestra autonomía. Siempre hay que llevar algo de abrigo, agua y comida”, explica la coordinadora. Además, se recomienda llevar un mapa en papel y un teléfono para orientarse o en caso de emergencia y un botiquín pequeño.

En el Refugio de Góriz han notado que la gente va más preparada en invierno que en verano, pues en la estación estival los accesos son más sencillos y no parece que haga falta tanta preparación. “La gente ya no pasa por un curso de montañismo, por un centro especialista o por una formación, se lanzan porque su referencia es una foto de Instagram y quieren tener esa misma foto”, explica Vendrell.

La importancia de darse la vuelta

Una vez en la montaña, es muy importante estar siempre pendientes de lo que ocurre en los alrededores y actuar con prudencia. Hay muchos rescates por agotamientos y extravíos, incluso algunos esguinces y tropiezos vienen de un cansancio extremo. Para no llegar a estas situaciones, es necesario conocer y planificar bien el recorrido. Datos de la Guardia Civil muestran que el tipo de rescate más frecuente es por caídas, seguido de cerca por los extravíos y situaciones como agotamiento, deshidratación e incluso infartos.

“Nuestra capacidad de valorar nuestra actividad y darnos la vuelta a tiempo es súper importante”, confirma Ferrer. Además, destaca la importancia de tener siempre un plan alternativo, en caso de que surja algún imprevisto o complicación. “Nosotros siempre recordamos que tu seguridad depende de tus decisiones. Uno puede pensar que llamará al 112 cuando tenga un problema, pero a veces no hay cobertura o no pueden venir”, advierte la coordinadora.

También hay casos de gente que llama al 112 con “demasiada facilidad”. Vendrell resalta que probablemente muchos de los rescates se deban a causas menores, sin quitar importancia a aquellos que sí tienen gravedad. “Muchos son porque se han cansado de andar, tienen una uña del pie mal o se han perdido, no han encontrado el camino… Hay un exceso de llamar al helicóptero para que nos venga a buscar porque es muy fácil”, cuenta. Este año, los servicios de rescate de montaña de la Guardia Civil han atendido ya 208 falsas alarmas, frente a las 340 de todo el año pasado.

Desde Montaña Segura explican, con los datos facilitados por la Guardia Civil, que la mayoría de los rescates suceden en senderismo. En 2025, se registraron 668 rescates en esta modalidad, lo que supone un 55,2% del total. No porque sea la actividad más complicada, sino porque es la más practicada. Además, es la actividad que realizan todos aquellos que están comenzando en el montañismo, por lo que es más normal cometer errores.

“Ese volumen de personas normalmente no están federadas en montaña. Hay un porcentaje que sí, pero no significativo”, cuenta Ferrer. En las actividades más técnicas el porcentaje de federados en montaña aumenta, como las actividades en montaña invernal. En ellas hay menos accidentes, pero también el medio es mucho más comprometido y exigente, por lo que el riesgo asumido es mucho mayor.

Redes sociales y “gentrificación” de la montaña

Desde la FEDME, han observado cómo las redes sociales provocan cierto individualismo en la práctica del montañismo. “Cualquier persona puede colgar algo en una red social y parece que sea muy fácil, entonces la gente lo ve, se atreve enseguida y luego es cuando pasan las cosas que pasan”, cuenta Clarella. “Hay gente que sube al Aneto en pantalón corto, con zapatillas de correr, y se piensa que todo el mundo lo puede hacer. Aquí está el error o este individualismo y mala información que provocan las redes sociales”, advierte el presidente.

Subir una foto “aesthetic” a redes sociales en un lugar no tan conocido puede llevar a su “gentrificación” y excesivo tránsito de montañistas, con un consecuente deterioro de los espacios naturales. Algunas zonas, como los ibones de Anayet en Aragón, ya se han blindado contra el turismo de masas: el Gobierno de Aragón ha prohibido este verano acampar y bañarse en el humedal. La medida llega después de que el año pasado hubiera un gran número de montañistas bañándose, acampando e incluso usando drones en este espacio natural.

Vendrell, del Refugio de Góriz, explica que hay “seis o siete” lugares focalizados que es donde acuden todas las masas, por su popularidad en redes sociales y ser los más conocidos. Sin embargo, resalta que el resto del Pirineo sigue siendo “muy salvaje” y de un acceso más complejo. “En sitios cerca de la carretera con accesos fáciles hay mucha más masificación. Ahora la gente no viene tan preparada y hay más rescates, cualquiera tiene un teléfono y desde cualquier sitio se puede llamar para que te rescaten”, concluye.