Los dinosaurios también se alimentaban del marisco que llegaban a la costa

Buscar alimento supone una empresa complicada para muchos animales. La solución que encuentran algunos pasa por la subvención marina, un fenómeno que ocurre cuando tormentas suelen arrastrar mariscos, biomasa y otro material marino, que es aprovechado por los animales terrestres y otros organismos. Es un proceso fundamental para garantizar el aporte, sobre todo cuando encuentran menos alimento de lo habitual. Por ejemplo, en periodo de sequía. 

Ese alimento probablemente también sirvió a los dinosaurios y sus presas, según ha encontrado una nueva investigación publicada en la revista Frontiers in Ecology and Evolution. Un hábito que no se había podido confirmar hasta ahora, destacan los responsables del análisis. 

“Demostramos que los organismos terrestres costeros en los climas cálidos del Cretácico dependían de los recursos marinos para complementar su dieta de forma similar a como lo hacen los organismos modernos”, valora el primer autor del estudio y geólogo de la Universidad de Arkansas, Clayton Forster.

Tras la pista de los dientes 

La clave estuvo en el análisis de los dientes. Los investigadores partieron de la siguiente premisa: las plantas contienen isótopos de carbono ligeros y pesados. Y la proporción de esos isótopos es una huella química que se transfiere de los alimentos al organismo del consumidor. En concreto, parte se incorpora al esmalte dental, una pieza fundamental en este puzzle. 

Al ingerir alimentos, el valor de esos isótopos se incorpora al esmalte dental, produciéndose un aumento en ese valor con respecto al de su alimento. Esta diferencia oscila entre 11 y 13 partes por 1.000 en el esmalte dental de los animales vivos. En los dientes de dinosaurio, sin embargo, se observó una diferencia consistentemente mayor, lo que generaba un misterio en torno a las firmas de carbono de estos dientes.

“Al determinar la composición isotópica del carbono en el esmalte dental de dinosaurios, peces y cocodrilos, podemos determinar cuál era su principal fuente de alimento y si existían diferencias entre regiones”, explica Forster.

Para ello, los investigadores utilizaron fósiles de yacimientos que alguna vez fueron costeros a lo largo del Mar Interior Occidental —un vasto mar interior que dividió América del Norte en dos masas continentales hace unos cien millones de años— y de la antigua costa del Golfo de México. También incluyeron fósiles de yacimientos sin litoral.

Los análisis mostraron que la huella dental de los fósiles de yacimientos costeros era mayor que en los fósiles de formaciones continentales. Además, se observó consistencia entre los yacimientos costeros, independientemente de la latitud o la antigüedad. Así, los investigadores ponen en valor que se trata del primer estudio en identificar la subvención marina en ecosistemas prehistóricos.

“Los organismos costeros debieron haber consumido algún tipo de materia orgánica del océano, o presas que lo hubieran hecho. Este patrón se observa desde los peces hasta los megaherbívoros”, sigue el científico. 

Y Forster va más allá, atendiendo a los resultados obtenidos en su análisis: “Dado el comportamiento casi omnipresente de los grandes herbívoros costeros actuales de complementar su dieta con algas marinas, es probable que la mayoría de los dinosaurios herbívoros analizados no fueran diferentes”.