Un estudio revela cómo el clima ayudó a los cocodrilos a sobrevivir al asteroide que acabó con los dinosaurios
Los antepasados y parientes evolutivos de los cocodrilos actuales pudieron sobrevivir al impacto del asteroide que acabó con los dinosaurios no avianos gracias a la persistencia de hábitats cálidos en determinadas regiones del planeta. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio publicado en la revista científica Science Advances, que reconstruye la evolución de las preferencias climáticas de estos animales durante unos 250 millones de años. Según los investigadores, las regiones tropicales y subtropicales conservaron condiciones adecuadas para algunos linajes durante las alteraciones ambientales que siguieron al impacto ocurrido hace 66 millones de años, lo que pudo facilitar su supervivencia sin necesidad de desarrollar nuevas tolerancias climáticas.
La investigación, encabezada por Alfio Alessandro Chiarenza, del University College de Londres, se centra en los pseudosuquios (Pseudosuchia), un amplio grupo evolutivo que incluye a los cocodrilos actuales y numerosos parientes extinguidos, no todos antepasados directos de las especies vivientes. Los resultados muestran que, pese a su diversidad anatómica y ecológica, estos animales conservaron durante largos periodos unas preferencias de temperatura y precipitación relativamente estables. Este fenómeno, denominado conservación del nicho climático, implica que los linajes tendieron a ocupar territorios compatibles con sus necesidades ambientales en lugar de adaptarse continuamente a condiciones diferentes. Su distribución geográfica dependió, por tanto, de la disponibilidad de esos hábitats y de su capacidad para desplazarse hacia ellos.
Para reconstruir esta historia evolutiva, el equipo utilizó una filogenia de 402 taxones actuales y extinguidos, elaborada a partir de más de 7.000 registros fósiles. También incorporó aproximadamente 130.000 registros de distribución de cocodrilos vivientes y 52 reconstrucciones paleoclimáticas globales. Con esta información, los científicos desarrollaron modelos para estimar dónde existieron condiciones ambientales adecuadas para el grupo a lo largo de unos 245 millones de años, desde el Triásico hasta la actualidad. El análisis permitió relacionar los cambios de temperatura y precipitación con la distribución de estos animales y contrastar las predicciones climáticas con las evidencias del registro fósil.
Los refugios tropicales que pudieron evitar su desaparición
Una parte fundamental del estudio analiza las consecuencias climáticas del impacto de Chicxulub, ocurrido al final del Cretácico. Los investigadores simularon distintos escenarios de reducción de la radiación solar, acumulación de partículas atmosféricas y aumento del dióxido de carbono relacionado con el vulcanismo de las Traps del Decán. En las simulaciones con disminuciones del 5% y del 10% de la radiación solar persistían zonas climáticamente adecuadas para los pseudosuquios en latitudes bajas. Solo el escenario más extremo, que contemplaba una reducción sostenida del 15% durante varios años o décadas, eliminaba esos hábitats a escala mundial. Los autores precisan que esta última situación se sitúa en el extremo superior de las estimaciones sobre el oscurecimiento atmosférico posterior al impacto y supera la mayoría de los valores considerados plausibles.
La comparación con los dinosaurios no avianos refuerza la importancia de estos resultados. Investigaciones anteriores, citadas por los autores y basadas en simulaciones climáticas comparables, habían mostrado una pérdida mucho más generalizada de los ambientes adecuados para estos animales. En cambio, los modelos aplicados a los pseudosuquios indican que algunos territorios ecuatoriales y subtropicales pudieron actuar como refugios durante la crisis. No obstante, los investigadores advierten de que el clima no explica por sí solo las diferencias de supervivencia. También pudieron influir el menor tamaño de determinados animales, sus hábitos semiacuáticos, una alimentación flexible y las reducidas necesidades energéticas de los organismos ectotermos, cuya temperatura corporal depende en gran medida del entorno.
Una historia evolutiva marcada por los cambios del clima
La reconstrucción también ayuda a explicar por qué los cocodrilos actuales se concentran principalmente en regiones cálidas, aunque sus parientes extinguidos llegaron a ocupar territorios mucho más amplios. Durante los periodos de temperaturas elevadas, los hábitats adecuados se extendieron hacia latitudes superiores, lo que permitió su presencia en regiones alejadas del ecuador. Un ejemplo se produjo durante el Eoceno temprano, hace unos 50 millones de años, cuando las condiciones cálidas favorecieron su expansión por zonas de Norteamérica, Europa e incluso la Antártida. En las etapas posteriores de enfriamiento, las áreas favorables retrocedieron hacia latitudes tropicales. Los modelos relacionan estos desplazamientos principalmente con los cambios geográficos de los ambientes disponibles, no con una modificación continua de las preferencias térmicas del grupo.
Sin embargo, la conservación del nicho climático no fue absoluta. Los investigadores identificaron un cambio relevante en las preferencias de temperatura cerca de la transición entre el Cenomaniense y el Turoniense, hace aproximadamente 93,9 millones de años, coincidiendo con un periodo especialmente cálido. Otro cambio destacado afectó a las preferencias de precipitación alrededor de 33,9 millones de años atrás, durante la transición entre el Eoceno y el Oligoceno, marcada por un enfriamiento global y procesos de aridificación. Este último episodio se relaciona especialmente con determinados linajes australianos. Los análisis también indican que las preferencias de precipitación estuvieron sometidas a restricciones evolutivas más intensas que las de temperatura, lo que demuestra que ambos componentes climáticos no evolucionaron necesariamente al mismo ritmo.
Los autores concluyen que la disponibilidad de refugios climáticos pudo desempeñar un papel importante en la supervivencia de algunos linajes de pseudosuquios durante la extinción del final del Cretácico, aunque sus simulaciones no permiten reconstruir todas las circunstancias que determinaron qué animales sobrevivieron. El trabajo también plantea implicaciones para la conservación actual: si estos reptiles respondieron históricamente a los cambios climáticos desplazándose hacia territorios adecuados, la posibilidad de acceder a nuevos hábitats puede resultar importante ante el calentamiento global Las barreras creadas por las infraestructuras, la agricultura y la expansión urbana dificultan esos movimientos, en un contexto en el que las especies vivientes afrontan presiones ambientales crecientes.