Este es el pájaro verde que grazna por toda Barcelona: una especie invasora que amenaza los gorriones
Las cotorras forman parte desde hace años del paisaje habitual de Barcelona. Sin embargo, detrás de sus llamativos colores verdes y de sus característicos graznidos se encuentra una realidad que preocupa a los expertos en biodiversidad. El Ayuntamiento de Barcelona las considera, como cita en su web, una especie “exótica que se ha convertido en invasora”.
Tal y como dice el Ajuntament de Barcelona en el artículo Cotorras, Bienestar Animal, “son exóticas porque han sido capaces de sobrevivir y reproducirse en áreas distintas de las originarias, y son invasoras porque se han establecido en un ecosistema en el que han provocado cambios y resultan una amenaza para la diversidad biológica autóctona”.
Las dos especies con mayor presencia en la ciudad son la cotorra ventigrís (Myiopsitta monachus), originaria de Sudamérica, y la cotorra de Kramer (Psittacula krameri), procedente del África subsahariana y de la India. Ambas han logrado adaptarse con éxito al entorno urbano barcelonés hasta convertirse en una de las aves más visibles de parques, jardines y calles.
Cómo llegaron a Barcelona
Según el Ajuntament, las cotorras que hoy sobrevuelan la ciudad son descendientes de ejemplares que fueron adquiridos como mascotas durante las décadas de 1970 y 1980. Con el paso de los años, muchos individuos escaparon o fueron liberados, iniciando poblaciones que acabaron asentándose de forma permanente.
Barcelona ofrecía condiciones favorables para su expansión. Las temperaturas suaves durante todo el año, la abundancia de agua y alimento, así como la escasez de depredadores naturales, facilitaron que estas aves encontraran un entorno idóneo para reproducirse.
Su capacidad de adaptación también ha contribuido a su éxito. Las cotorras pueden alimentarse de semillas, flores, frutos, hojas e incluso larvas de insectos, aprovechando recursos muy diversos presentes tanto en árboles como en espacios urbanos.
La preocupación principal no se encuentra únicamente en el crecimiento de la población de cotorras, sino en sus posibles efectos sobre otras especies. Al competir por espacio, alimento y zonas de nidificación, pueden afectar a aves autóctonas que tradicionalmente ocupaban esos mismos hábitats urbanos. Entre ellas aparecen especies tan comunes y representativas como el gorrión, cuya presencia en muchas ciudades europeas lleva años siendo objeto de seguimiento por parte de científicos y administraciones.