El motivo por el que Barcelona fue pionera en Europa en que obreros y burgueses viviesen en el mismo barrio

Hoy parece normal que en una misma calle convivan vecinos con distintos niveles de renta. Sin embargo, en el siglo XIX esa idea era bastante poco habitual en las grandes ciudades europeas. En muchas capitales del continente, la industrialización había provocado una fuerte separación entre barrios ricos y zonas obreras.

Barcelona intentó romper con ese modelo a mediados del siglo XIX con uno de los proyectos urbanísticos más ambiciosos de su historia: el Plan Cerdà. Diseñado por el ingeniero Ildefons Cerdà, el proyecto dio origen al actual Eixample de Barcelona y proponía algo que para la época resultaba casi revolucionario: una ciudad pensada para todos.

El objetivo era claro. Crear un nuevo urbanismo de Barcelona basado en la igualdad, la higiene y la convivencia entre diferentes clases sociales en Barcelona.

El Plan Cerdà y la idea de una ciudad igualitaria

Cuando Ildefons Cerdà diseñó el Plan Cerdà en 1859, Barcelona aún estaba rodeada por murallas. La ciudad crecía rápidamente debido a la industrialización y el casco antiguo comenzaba a sufrir problemas graves de hacinamiento, falta de ventilación y condiciones insalubres.

El proyecto del Eixample de Barcelona planteaba una expansión ordenada de la ciudad con una serie de innovaciones urbanísticas que hoy parecen normales, pero que entonces eran muy avanzadas.

Entre ellas destacaban las manzanas cuadradas con chaflanes en las esquinas, amplias calles que permitían la ventilación y patios interiores pensados para aportar luz natural a las viviendas.

Pero el Plan Cerdà no solo era una propuesta técnica. También era un proyecto social. El ingeniero defendía que la ciudad debía favorecer la convivencia entre diferentes clases sociales en Barcelona, evitando que la riqueza y la pobreza quedaran separadas en barrios distintos.

Por eso el Eixample de Barcelona se diseñó como un espacio urbano uniforme, donde teóricamente cualquier ciudadano podía vivir.

Un detalle poco conocido: los pisos nobles estaban abajo

Uno de los aspectos más curiosos del urbanismo de Barcelona del siglo XIX tiene que ver con la distribución social dentro de los propios edificios.

A diferencia de lo que ocurre hoy, cuando los áticos suelen ser las viviendas más exclusivas, en aquella época los pisos más caros eran los primeros.

En los edificios del Eixample de Barcelona, el llamado “principal” era la vivienda de la burguesía. Estos pisos tenían techos más altos, balcones más grandes y una decoración más elaborada.

Por encima se encontraban las viviendas de clases medias y, en los niveles superiores, las buhardillas donde vivían trabajadores o el servicio doméstico.

El motivo era simple: no existían ascensores. Subir varios pisos a pie resultaba incómodo, por lo que las familias con mayor poder adquisitivo preferían los primeros niveles.

Este sistema generaba una convivencia vertical dentro de los edificios que reflejaba, en cierto modo, la mezcla de clases sociales en Barcelona que pretendía el Plan Cerdà.

La realidad fue diferente a la idea original

Aunque el proyecto de Ildefons Cerdà planteaba una ciudad más igualitaria, el desarrollo real del Eixample de Barcelona acabó siendo diferente.

Con el tiempo, la especulación inmobiliaria y el crecimiento económico de la ciudad transformaron el plan inicial. Muchos patios interiores se cerraron para construir más viviendas y las nuevas promociones comenzaron a orientarse hacia la burguesía.

Esto hizo que el urbanismo de Barcelona evolucionara hacia un modelo más parecido al de otras capitales europeas, donde ciertos barrios acabaron concentrando mayor nivel económico.

Aun así, durante décadas fue habitual que en un mismo edificio del Eixample de Barcelona convivieran comerciantes en los bajos, burgueses en el piso principal y trabajadores en los niveles superiores.

Un modelo urbano adelantado a su tiempo

Aunque la utopía social del Plan Cerdà nunca llegó a cumplirse del todo, el proyecto sí dejó una huella profunda en el urbanismo de Barcelona.

La idea de una ciudad abierta, bien ventilada y pensada para mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos fue una propuesta muy avanzada para la Europa del siglo XIX.

Hoy el Eixample de Barcelona sigue siendo uno de los ejemplos más estudiados de planificación urbana moderna y una muestra de cómo Ildefons Cerdà intentó construir una ciudad donde las clases sociales en Barcelona compartieran el mismo espacio urbano.

Una idea que, más de siglo y medio después, sigue influyendo en la forma de pensar las ciudades.