Este es el motivo por el que el cementerio de Montjuïc está tan alejado del centro de la ciudad de Barcelona
Quien haya paseado alguna vez por Montjuïc Barcelona probablemente se haya encontrado con uno de los lugares más sorprendentes —y a la vez menos conocidos— de la ciudad: el cementerio de Montjuïc. Situado en la ladera sur de la montaña, frente al mar, este enorme camposanto parece casi una pequeña ciudad de nichos, panteones y avenidas silenciosas.
Sin embargo, su ubicación tan alejada del centro urbano no es casual. La historia del cementerio de Montjuïc está directamente relacionada con un cambio radical en la forma de entender la salud pública y el urbanismo en las ciudades europeas del siglo XIX.
En aquella época, Barcelona empezó a transformar por completo su relación con la muerte… y con los cementerios de Barcelona.
Cuando los muertos convivían con los vivos
Durante siglos, en Barcelona —como en muchas ciudades europeas— los enterramientos se realizaban dentro de la propia ciudad.
Las iglesias y sus alrededores eran los lugares habituales para sepultar a los difuntos. Era común encontrar tumbas en patios parroquiales o incluso bajo el suelo de los templos.
Este modelo provocaba numerosos problemas sanitarios. Con el crecimiento demográfico y las epidemias del siglo XIX, las autoridades comenzaron a considerar que los cementerios de Barcelona debían situarse lejos de las zonas habitadas.
Las teorías médicas de la época defendían que los enterramientos dentro de la ciudad podían favorecer la propagación de enfermedades.
Por ese motivo, muchas capitales europeas empezaron a trasladar sus cementerios de Barcelona a espacios más alejados del núcleo urbano.
El nacimiento del cementerio de Montjuïc
En este contexto nació el cementerio de Montjuïc, inaugurado en 1883.
Las autoridades municipales eligieron la ladera sur de Montjuïc Barcelona por varias razones. En primer lugar, se trataba de un terreno amplio y relativamente alejado del centro urbano, lo que permitía construir un gran recinto funerario sin afectar al crecimiento de la ciudad.
Además, la montaña ofrecía una topografía que facilitaba la construcción de terrazas escalonadas donde ubicar nichos y panteones.
Así comenzó la historia del cementerio de Montjuïc, concebido desde el principio como el gran cementerio de Barcelona para las generaciones futuras.
Con el tiempo, el recinto creció hasta convertirse en uno de los cementerios más grandes de España.
Una auténtica ciudad de los muertos
Hoy el cementerio de Montjuïc ocupa más de cincuenta hectáreas y alberga cientos de miles de sepulturas.
Sus calles empinadas, sus escalinatas y sus terrazas llenas de nichos hacen que muchos visitantes lo describan como una auténtica ciudad silenciosa que mira al mar.
Entre los panteones más destacados del cementerio de Barcelona se encuentran algunos de gran valor arquitectónico, construidos por familias burguesas de finales del siglo XIX y principios del XX.
Por eso el recinto no solo forma parte de la historia del cementerio de Montjuïc, sino también de la historia social y económica de la ciudad.
Un reflejo del crecimiento de Barcelona
La creación del cementerio de Montjuïc también refleja cómo Barcelona empezó a expandirse fuera de sus límites tradicionales.
A finales del siglo XIX, la ciudad acababa de derribar sus murallas y comenzaba a desarrollarse el Eixample, un proyecto que cambiaría para siempre el urbanismo de la capital catalana.
Mientras el centro urbano crecía, los cementerios de Barcelona se desplazaban hacia espacios periféricos, siguiendo las nuevas ideas de higiene urbana que se extendían por Europa.
Por eso hoy el cementerio de Montjuïc parece estar lejos del centro de la ciudad. En realidad, fue construido así desde el principio: como un lugar apartado donde los vivos pudieran seguir ampliando la ciudad sin convivir con los enterramientos.
Una decisión que, más de un siglo después, sigue definiendo el paisaje funerario de Barcelona.
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