Trump se empantana en Irán sin opciones buenas de salida
Cuando se han cumplido dos semanas de los ataques ilegales lanzados por Estados Unidos e Israel contra Irán, no se divisa una salida rápida del conflicto ni victoriosa para sus precursores. Donald Trump no ha podido repetir en Irán una operación veloz y relativamente fácil como la de principios de año en Venezuela, donde capturó al presidente Nicolás Maduro y sometió a su régimen a las órdenes de Washington en pocos días.
El presidente de EEUU no ha podido o no ha querido fijar una fecha para concluir la ofensiva contra Irán —en la que ya han muerto más de 1.300 personas, según las autoridades locales—, pero cada día que pasa se complica una salida del conflicto que Trump pueda vender como una victoria, sobre todo en casa.
A diferencia de los bombardeos que llevó a cabo EEUU el pasado junio contra instalaciones nucleares iraníes, en apoyo a la ofensiva lanzada por Israel contra su archienemigo persa, ahora Trump tiene que demostrar la necesidad y la utilidad del mayor despliegue militar estadounidense en Oriente Medio desde la invasión de Irak en 2003 y ofrecer unos resultados concretos que justifiquen el coste económico y humano para su país (seis militares estadounidenses murieron esta semana, elevando el total de bajas de EEUU en la guerra a 14).
Los ataques de junio de 2025, muy limitados en el tiempo y en su objetivo, fueron presentados por su Gobierno como un éxito, aunque no destruyeron por completo las instalaciones atómicas de Irán. Ahora, Washington no puede decir aún que ha ganado la guerra porque no ha conseguido, de momento, derrocar o someter al régimen iraní, que sigue respondiendo con drones y misiles por toda la región.
El viernes, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, reiteró en una rueda de prensa que acabar con el programa nuclear iraní sigue siendo una “misión fundamental” de la ofensiva conjunta de EEUU e Israel, pese a que en junio del año pasado Trump declaró haber eliminado el mismo. Hegseth afirmó que Trump está centrado en acabar de una vez por todas con la posibilidad de que Irán fabrique armas nucleares. Ese es el pretexto que Israel empleó en junio del año pasado para atacar Irán, afirmando que estaba a punto de lograr la bomba atómica, y es el fantasma que Benjamín Netanyahu ha agitado desde hace décadas para convencer a su principal aliado de que Irán representa una amenaza existencial, no solo para el Estado judío sino para todo el mundo.
Miles de objetivos sin un plan claro
Ocho meses después de aquella primera ofensiva conjunta, no está claro que EEUU e Israel puedan acabar con el programa nuclear iraní —ni que ese sea el principal objetivo de su aventura militar—. Hegseth dijo el viernes que la aviación de guerra estadounidense, junto con la israelí, había atacado “15.000 objetivos del enemigo” en 15 días de operaciones, esto es, unos 1.000 objetivos por día. Una cifra altisonante pero poco concreta, ya que no detalló qué objetivos eran ni su relevancia militar y estratégica. “Tenemos previsto derrotar, destruir e inhabilitar todas sus capacidades militares importantes a un ritmo que el mundo nunca ha visto antes”, afirmó sin ofrecer más información.
El bombardeo más mortífero y más sonado de las dos semanas de campaña fue el que acabó con la vida de 175 personas, la mayoría de ellas, niñas en edad escolar. EEUU negó tener cualquier responsabilidad, en un primer momento, y ahora dice estar investigando lo sucedido, pero todo apunta a que fue uno de sus letales misiles Tomahawk el que impactó en la escuela que, según The Washington Post, estaba entre los objetivos militares del Ejército estadounidense.
Por su parte, el Ejército de Israel está efectuando intensos bombardeos a diario contra Teherán y otros puntos del país, que se han dirigido contra la Guardia Revolucionaria y la Basij (una fuerza policial afiliada al primer cuerpo de élite), las infraestructuras y centros “de mando” del régimen o instalaciones energéticas. Las autoridades locales han denunciado que los objetivos son civiles en muchas ocasiones; según la Media Luna Roja iraní, han sido dañadas 17.000 viviendas y 4.000 edificios comerciales.
Tras bombardeos contra depósitos de combustible esta semana, la ONU alertó del riesgo para salud de los iraníes y para el medio ambiente derivado de los gases tóxicos que se elevaron sobre Teherán. La portavoz de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, Ravina Shamdasani, consideró que existen “serias dudas sobre si se cumplieron las obligaciones de proporcionalidad y precaución previstas en el derecho internacional humanitario”, agregando que los lugares atacados “no parecen ser de uso exclusivamente militar”. Después de los ataques, cayó sobre la capital “lluvia ácida”, muy nociva para la salud por los daños que puede causar en las vías respiratorias y la piel, tal y como advirtió la Organización Mundial de la Salud.
No sorprenden los bombardeos masivos y contra todo tipo de objetivos de Israel, dada su actuación en la Franja de Gaza desde 2023 y en Líbano, en la ofensiva de 2024 y en la actualidad —el país árabe está siendo duramente golpeado y más de 100 niños han sido asesinados en menos de dos semanas—. Según varias fuentes militares y de Inteligencia israelíes consultadas por The Guardian, Israel no tenía un plan para acabar con el régimen iraní cuando dio comienzo a la guerra el 28 de febrero.
Una victoria que vale 440 kilos de uranio enriquecido
Antiguos y actuales miembros del Ejército y de la Inteligencia israelíes señalaron al periódico británico que, si el nuevo liderazgo iraní consigue mantenerse en el poder, el éxito a largo plazo de la campaña militar dependerá del destino de los aproximadamente 440 kilos de uranio enriquecido que posee Irán, de acuerdo con los informes del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA). Joab Rosenberg, ex subdirector de la división de investigación de la Inteligencia militar israelí, consideró que “el peor resultado de esta guerra sería una declaración de victoria como la de junio de 2025, dejando al régimen iraní débil y con 450 kilos de uranio enriquecido en sus manos”.
La prestigiosa revista The Economist es todavía más tajante a la hora de definir un final exitoso de la empresa bélica de Trump y Netanyahu: “Si la guerra desatada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero puede considerarse un éxito, aunque sea limitado, sin duda tiene que frenar las ambiciones nucleares de Irán durante años e, idealmente, para siempre”. En un artículo de opinión, plantea tres opciones para que EEUU logre poner fin al programa nuclear de Irán.
La primera opción —respaldada por algunos en Israel, según The Economist— es enviar fuerzas especiales para apoderarse del uranio enriquecido, lo cual requeriría “una ocupación masiva de varios días, con una fuerza de asalto especializada protegida por más de 1.000 soldados y apoyo aéreo constante”. “Si bien es factible, resulta exigente y arriesgado”, apunta, y EEUU ya ha perdido el factor sorpresa y el uranio podría estar en varios lugares, por lo que una parte podría quedar atrás.
Una segunda opción es “bombardear Irán cada vez que represente una amenaza”, aunque “esta guerra ha demostrado lo costoso que sería”, dice The Economist. El Pentágono ha calculado que ha gastado 11.300 millones de dólares (9.700 millones de euros) en los primeros seis días. Descarta esta opción porque los votantes estadounidenses seguramente rechazarían ir a la guerra de forma periódica y “los estrategas no querrían verse atrapados en Oriente Medio cuando su atención se centra en China”.
La tercera y única opción viable para The Economist es un acuerdo con el régimen para poner fin a su programa nuclear —lo cual devuelve a EEUU e Irán a la situación anterior a la guerra, esto es, a la mesa de negociación—. “Es una opción difícil: el señor Jamenei podría rechazar el acuerdo. El régimen podría aceptarlo y luego incumplirlo. Y, sin embargo, sigue siendo la mejor opción. Irán está exhausto tras los bombardeos. Para reconstruir su economía necesita que se levanten las sanciones. A cambio, podría estar dispuesto a alcanzar un acuerdo permanente como parte de un alto el fuego, en el que el régimen acepte el fin del enriquecimiento, la supervisión de su programa nuclear y la dilución o eliminación del uranio altamente enriquecido”, concluye.
Sin embargo, esa opción no gustaría a Netanyahu, quien hizo todo lo posible para que Trump no siguiera negociando con Irán y optara por la vía militar, cumpliendo así el sueño que 'Bibi' llevaba décadas persiguiendo. Para el israelí la guerra es una forma de mantenerse en el poder y mejorar su popularidad, pero al estadounidense le puede salir muy cara políticamente. Mientras que en Israel la mayoría de los ciudadanos respaldan la ofensiva iniciada por su Gobierno contra Irán —porque lo conciben como una amenaza directa—, en EEUU la actual guerra goza de muy poco apoyo popular (por debajo de la guerra de Irak de 2003), según varias encuestas.
Esa impopularidad y el gran impacto económico están llevando a que asesores de Trump intenten que el presidente mande un mensaje claro sobre la duración y el alcance limitados de la guerra, según revela la agencia Reuters.
Un asesor de Trump y otras dos personas cercanas a esas conversaciones dijeron a Reuters que asesores económicos y funcionarios de la Administración han advertido al republicano de que una crisis petrolera y el aumento de los precios de la gasolina podrían reducir más el apoyo a la guerra en EEUU. Según esas fuentes, asesores políticos de Trump, incluida su jefa de gabinete, Susie Wiles, están planteando al mandatario las repercusiones políticas del impacto económico e instando a Trump a acotar la definición de victoria y a decir públicamente que la operación es limitada y está casi terminada.
Según las fuentes de Reuters, algunos de sus principales asesores le han aconsejado que trabaje hacia una salida del conflicto que pueda calificar de triunfo, al menos desde el punto de vista militar, incluso si gran parte del régimen iraní sigue en el poder, con un malherido programa nuclear.
De momento, Trump no ha mandado el tipo de mensaje que le gustaría ver a sus asesores. Este sábado, ha vuelto a alardear de los logros militares y a rechazar una solución negociada: “Los medios de comunicación que difunden noticias falsas odian informar sobre lo bien que lo ha hecho el Ejército de Estados Unidos contra Irán, que está totalmente derrotado y quiere un acuerdo, ¡pero no un acuerdo que yo aceptaría!”, ha escrito en su red Truth Social.
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