Los tigres de India lograron salir del borde de la extinción con el paso de las décadas y ese mismo avance ha abierto una carrera para impedir su colapso genético

Una investigadora analiza material antiguo para medir la diversidad

Héctor Farrés

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La piel de muchos animales muestra dibujos que ayudan a sobrevivir en lugares donde acechan presas y depredadores. Los tigres llevan en el pelaje un sistema de rayas oscuras sobre fondo anaranjado que rompe la silueta del cuerpo cuando se mueven entre hierba alta o troncos caídos.

Cada individuo presenta un patrón distinto, tan reconocible como una huella digital, y esa diferencia permite identificarlos incluso a distancia mediante cámaras instaladas en la selva. Sin embargo, en algunos lugares han aparecido tigres melanísticos, animales con franjas tan anchas que casi cubren todo el pelaje. Ese aspecto no indica una especie distinta, pero sí puede señalar un problema cuando empieza a repetirse demasiado dentro de la misma población.

Un santuario del este de India concentra numerosos felinos con coloración muy oscura

En el santuario de Similipal, en el estado indio de Odisha, esa repetición se ha vuelto evidente. Según National Geographic, cerca de la mitad de los alrededor de 30 tigres del área muestran un pelaje muy oscuro producido por una variación genética.

El fenómeno ha despertado interés científico porque no se trata de una ventaja evolutiva, sino de una señal de parentesco demasiado cercano entre los animales. El problema surge porque el santuario se encuentra aislado de otras poblaciones, lo que limita el intercambio de genes entre territorios.

Ese aislamiento explica que la mutación se haya extendido con rapidez. Las franjas negras se vuelven más anchas de lo habitual y el color naranja apenas se ve en algunas zonas del cuerpo. Estudios citados por Scientific American indican que alrededor de uno de cada tres tigres de Similipal presenta este aspecto.

Investigaciones genéticas han relacionado el rasgo con una variante del gen taqpep, detectada en 10 de 12 tigres analizados dentro del santuario. Ninguno de los 395 ejemplares estudiados fuera de esa región tenía la mutación, señal de que la población lleva años reproduciéndose sin contacto con otras.

Un encuentro en el camino revela el aspecto del macho dominante

La preocupación por ese patrón se hizo evidente durante una búsqueda en el propio santuario. Tras semanas recorriendo caminos de grava y bosque denso, un equipo vio por fin a un gran macho identificado como T12. El guardabosques Raghu Purti reaccionó en voz baja cuando el animal cruzó la carretera delante del vehículo y dijo al medio: “Es negro... ¡es negro!”. El tigre tenía el cuerpo cubierto por franjas tan amplias que parecía oscuro a primera vista. Ese macho, de unos diez años, había transmitido el rasgo a parte de sus crías.

La científica Uma Ramakrishnan, responsable de un laboratorio en el National Centre for Biological Sciences de Bengaluru, lleva años estudiando el ADN de tigres para entender cómo ha cambiado la diversidad genética de la especie. Su equipo ha reunido más de 250 muestras históricas procedentes de colecciones antiguas, museos y material recogido en el campo.

Mientras examinaba una piel antigua en una casa de Akaltara, la investigadora explicó a National Geographic la importancia de ese material y afirmó: “Esto es el verdadero tesoro”. Esos datos permiten comparar las poblaciones actuales con las del pasado y detectar pérdidas de diversidad genética.

La llegada de nuevas hembras busca renovar la herencia genética

El análisis de Similipal llevó a Ramakrishnan a una conclusión evidente. La propagación del rasgo oscuro indicaba un parentesco demasiado cercano entre los animales del santuario. La propia investigadora explicó el riesgo de este proceso y dijo: “Seguimos intentando entender el impacto completo de esta endogamia”. Añadió, además, una advertencia clara: “No hay ninguna ventaja en esta erosión genética”. El siguiente paso consistía en introducir nuevos genes desde otra población.

La solución elegida fue trasladar hembras jóvenes desde la reserva de Tadoba-Andhari, en el distrito de Chandrapur, a unos 720 kilómetros de distancia. Esa zona alberga cerca de 95 tigres y mantiene contacto con otros territorios protegidos mediante zonas de bosque continuas. Allí fue capturada una tigresa de 28 meses llamada Jamuna. Un equipo veterinario la sedó con un dardo tranquilizante, tomó muestras de sangre y colocó un collar con GPS antes de iniciar un viaje de 28 horas hasta Similipal.

Tras varios días de adaptación en un recinto cerrado, Jamuna fue liberada en el territorio del macho T12. Poco después llegó otra tigresa trasladada desde la misma reserva, llamada Zeenat. Ambas quedaron bajo seguimiento mediante cámaras nocturnas y sistemas de localización. Durante semanas no hubo señales de encuentro con los machos del lugar.

Finalmente, en mayo, una cámara térmica captó imágenes de Zeenat junto a T12. La grabación mostraba el inicio del cortejo típico de la especie, que puede durar semanas. Para los responsables del santuario, ese momento abrió la posibilidad de que una nueva generación de cachorros introduzca genes diferentes en la población y reduzca el problema detectado en el pelaje oscuro.

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