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Los objetivos reales de Trump y Netanyahu en Irán y la complicidad europea
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Los objetivos reales de Trump y Netanyahu en Irán y la complicidad europea

Benjamín Netanyahu y Donald Trump en una reunión en diciembre de 2025 en Mar-a-Lago Club (Florida).
14 de marzo de 2026 22:36 h

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Los ataques ilegales estadounidenses e israelíes contra Irán y los bombardeos de Israel contra Líbano han aumentado seriamente la escalada regional, con riesgos internacionales. Este viernes el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, volvía a subrayar que la guerra contra Irán pretende consolidar “el estatus de Israel como superpotencia global, más que nunca”.

Israel busca reforzar su hegemonía regional para proseguir con la anexión ilegal de territorio palestino, sirio y libanés, en su idea del Gran Israel. Por eso sigue anexionándose tierras en Cisjordania, ocupa más de la mitad de Gaza y avanza en sus ataques contra Líbano, donde nunca respetó la tregua establecida en 2024.

Según datos de las fuerzas de paz de la ONU en Líbano, el Ejército israelí ha violado ese alto el fuego en más de 10.000 ocasiones. Ahora pretende hacer lo mismo que en Gaza: vaciar grandes zonas de población en el sur, a través de órdenes de desplazamiento y bombardeos. Unos 800.000 libaneses han tenido que abandonar sus hogares y más de setecientos han muerto por ataques israelíes, entre ellos un centenar de niños y niñas, así como trabajadores médicos y profesores universitarios.

Los ataques contra territorio iraní del pasado 28 de febrero no ocurrieron de forma inesperada. Cualquiera que siga la actualidad de Oriente Próximo sabía que Estados Unidos llevaba semanas enviando tropas, barcos y aviones a la zona, haciendo uso para ello de algunas de sus bases militares en Europa, incluidas las de Rota y Morón.

Israel pretende hacer en el sur de Líbano lo mismo que en Gaza: vaciar grandes zonas de población, a través de órdenes de desplazamiento forzado y bombardeos

Suez 1956

Israel buscó la participación de EEUU en esta ofensiva por dos razones. Una, para contar con el respaldo de sus fuerzas aéreas, navales e incluso terrestres. Otra, para evitar una crisis parecida a la de 1956, cuando Israel invadió la Franja de Gaza y el Sinaí egipcio, con el apoyo secreto de Francia y Reino Unido, como respuesta a la nacionalización del canal de Suez por el presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser.

El pacto —Protocolo de Sèvres— contemplaba usar esa invasión como excusa para el envío de tropas francesas y británicas al canal de Suez, con el objetivo de retomar su control y derrocar a Abdel Nasser. Londres y París enviaron efectivos militares pero Estados Unidos se interpuso en sus planes, oponiéndose a aquella operación.

El presidente de EEUU, Dwight D. Eisenhower, quiso dejar claro que, tras la Segunda Guerra Mundial, Reino Unido y Francia ya no tenían las riendas de Oriente Próximo. Ejerció presión diplomática, impuso sanciones económicas y maniobró políticamente en Naciones Unidas para exigir resultados. Los dos países europeos captaron el mensaje y se retiraron del Sinaí y de Gaza en 1956. Poco tiempo después, en marzo de 1957, también lo hizo Israel.

A partir de entonces, Israel entendió que en el futuro necesitaría tener a Estados Unidos de su lado, como su nuevo gran aliado. Con gran consenso académico, ese episodio marca la consolidación de EEUU como sucesor del imperialismo francés y británico en la región, hasta hoy.

Al igual que en 1956 con el Canal de Suez, una ofensiva israelí es usada como pretexto para intentar intervenir en una de las rutas comerciales más importantes

Unidos por la Paz

Es interesante detenerse en la resolución Unión pro Paz (377A), empleada por EEUU en 1956, para exigir resultados en la Asamblea General de Naciones Unidas, esquivando en el Consejo de Seguridad de la ONU el veto de Reino Unido y Francia, dos integrantes permanentes del Consejo. A través de ella, la Asamblea aprobó la creación de la Fuerza de Emergencia de Naciones Unidas (FENU), la primera operación de mantenimiento de la paz destinada a supervisar el cese de hostilidades y la retirada de fuerzas extranjeras de Egipto.

Esta resolución Unión pro Paz ha sido propuesta por la relatora de Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese, a lo largo de estos dos últimos años, como iniciativa para detener el genocidio en Gaza. A través de ella se podrían acordar mecanismos para presionar a Israel, entre ellos, su suspensión de la Asamblea de la ONU, como se hizo con el régimen del apartheid sudafricano en 1974.

Esta herramienta también podría utilizarse actualmente para empujar a una desescalada en la región, esquivando así el derecho a veto de Estados Unidos, uno de los dos autores de los ataques ilegales contra Irán.

Se sabía que Teherán podría lanzar ataques contra barcos en el estrecho de Ormuz como forma de defenderse ante una eventual agresión y que esto provocaría una subida de precios, lo cual ha sido usado por EEUU para justificar más presencia militar

La escolta como pretexto

El ataque israelí contra el Sinaí y Gaza en 1956 fue el pretexto fabricado para la entrada en escena de las tropas francesas y británicas, al igual que ahora los bombardeos ilegales de Israel contra Irán han sido la excusa esgrimida para justificar la participación estadounidense.

Así lo enunció el propio secretario de Estado, Marco Rubio, cuando dijo hace unos días que el ataque israelí provocaría una respuesta iraní y que, por ello, EEUU decidió que tenía que intervenir. En vez de actuar para presionar a su mayor socio en la región para que no lanzara esa guerra ilegal, optó por sumarse a ella, porque la Administración Trump buscaba pretextos para la escalada.

Entre los objetivos del Protocolo de Sèvres de 1956 estaba el de hacerse con el control de esa vía marítima que Egipto había nacionalizado. En los objetivos de ahora está, entre otros, un mayor control del estrecho de Ormuz. Son varias las diferencias con aquel escenario: entre otras, que es más sencillo tomar militarmente el canal de Suez que el estrecho.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, ha propuesto una coalición liderada por la marina estadounidense para que escolte buques petroleros a través de Ormuz. Irán insiste en que no ha cerrado el paso fluvial, pero señala que esta ruta es clave para la cadena global del petróleo y que, mientras duren los ataques contra su territorio, no permitirá el paso de crudo que beneficie a Washington, Tel Aviv o sus aliados.

Esto se sabía ya antes del inicio de esta guerra contra Irán. Decenas de expertos y analistas estadounidenses escribieron y alertaron de que Teherán podría lanzar ataques contra barcos en el estrecho de Ormuz como forma de defenderse ante una eventual agresión.

También era previsible que eso provocara una subida mundial del precio del crudo, ante la cual Washington aprovecharía para justificar más envíos de barcos de guerra o de efectivos militares, como ya está haciendo, en nombre de la necesidad económica internacional.

Si Irán permite el paso y garantiza protección a transacciones en yuanes, otros países podrían unirse al pago de petróleo en moneda china, algo que EEUU pretende evitar para mantener el predominio del dólar en todo el mundo

Trump pide una coalición para Ormuz

Así lo ha expresado Trump hace unas horas, invitando a “China, Francia, Japón, Corea del Sur, Reino Unido y otros países afectados por esta restricción artificial” a enviar “buques a la zona” para que el estrecho de Ormuz “deje de ser una amenaza usada por una nación totalmente decapitada”. El presidente de Estados Unidos ha añadido que, “mientras tanto, EEUU seguirá bombardeando sin piedad la costa”. También ha hecho un llamamiento “a los países del mundo que reciben crudo de Ormuz”, diciendo que “deben encargarse de ese paso” marítimo, y que EEUU “ayudará mucho” en ello.

Una desescalada y una negociación que garantice el fin de las agresiones contra Irán volverían a garantizar la navegación por Ormuz. Sin embargo, la apuesta por una mayor presencia militar estadounidense y de otros aliados aumenta las probabilidades de más tensión, de un escenario enfangado y el riesgo de una guerra de desgaste, con consecuencias en el precio y el flujo de materias energéticas en el mercado internacional y con efectos sobre Europa, económicos y en materia de seguridad.

En el mensaje de Trump es llamativa la invitación a China, el único país de los que menciona que no pertenece a la órbita de influencia de Washington. De hecho, Pekín es percibido por la Administración Trump como máximo adversario económico. Estados Unidos pretende anular el uso de moneda china en la compra de petróleo iraní, contemplado como una amenaza al predominio del dólar.

China ha seguido adquiriendo crudo de Irán pagándolo principalmente en yuanes. Si Irán permite el paso y garantiza protección a este tipo de transacciones, otros países podrían unirse al pago de barriles en moneda china, algo que Estados Unidos pretende evitar para mantener el predominio del dólar.

Una vez desestabilizado el mercado energético, Washington apela a una coalición internacional para derrotar a Irán y tomar el estrecho de Ormuz, intentando legitimar así una guerra ilegal

Hace unas horas se supo que Washington ha enviado a la región más efectivos, 5.000 marines –que llegarán en una semana– y otros tres barcos de guerra. El Gobierno estadounidense está jugando en ese tablero. Una vez desestabilizado el mercado energético, Washington apela a una coalición internacional para derrotar a Irán y tomar el estrecho de Ormuz, intentando legitimar así una ofensiva nacida de forma ilegal. Trump consiguió el bloqueo parcial del estrecho y, tras ello, pide a diferentes países que lo abran, a través de la vía militar. Ese es su guión.

De paso, abre camino al proyecto del Gran Israel, permitiendo que su gran aliado regional avance en su proyecto colonial. Trump también pretende reforzar su presencia militar en la región, como hizo en los años noventa con la excusa de la Primera Guerra del Golfo, momento en el que consolidó y amplió bases militares estadounidenses en países como Kuwait, Qatar, Emiratos y Arabia Saudí.

Sin embargo, los ataques iraníes contra sus bases en la región y la inestabilidad que está provocando esta guerra puede terminar teniendo el efecto contrario, con naciones árabes que podrían plantearse cuántos beneficios y cuántos riesgos conlleva albergar en su territorio bases militares estadounidenses.

La Unión Europea sigue mirando hacia otro lado ante las violaciones de dos de sus grandes aliados internacionales, EEUU e Israel, y evita condenar la ilegalidad de sus ataques mientras anuncia más sanciones contra Teherán.

Europa

El coste de esta guerra ilegal es ya enorme. La falta de acción de los socios de Israel para prevenir, detener y sancionar el genocidio en Gaza contribuyó activamente a este escenario actual. Esto incluye a la Unión Europea, el mayor socio comercial de Israel en el mundo, que ha ignorado el derecho internacional, ha incumplido lo solicitado por la Corte Internacional de Justicia y mantiene sus acuerdos preferenciales con Tel Aviv.

Cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, declaró esta semana que “ya no podemos confiar en el sistema basado en reglas como la única forma de defender nuestros intereses ni asumir que sus normas nos protegerán” se armó un gran revuelo. Ese escándalo no surgió ante más de dos años de desprecio y violación del derecho internacional por parte de Bruselas y de varios Estados de la UE. Cuando Von der Leyen reculó al día siguiente, afirmando que “siempre defenderemos el derecho internacional”, la hipocresía europea respiró aliviada. El emperador no está desnudo y en el Café de Rick, en Casablanca, no hay casino clandestino ni se juega.

La agresión contra territorio iraní, al igual que el genocidio israelí, era previsible y evitable. Pero la Unión Europea sigue mirando hacia otro lado ante las violaciones de dos de sus grandes aliados internacionales, Estados Unidos e Israel, y evita condenar la ilegalidad de sus ataques mientras anuncia más sanciones económicas contra Teherán. Lejos de usar todas las herramientas posibles para lograr una desescalada, Bruselas está dejando actuar, como hizo ante Gaza, poniéndose del lado de la agresión.

La única diferencia es que aquí las economías europeas se ven afectadas, por lo que las declaraciones públicas han llegado mucho antes. Pero, como ha denunciado el exdirector general de la Organización Internacional para la Energía Atómica, Mohamed El Baradei, “al igual que ocurre con Gaza, estas siguen siendo declaraciones vacías que no van acompañadas de ninguna acción concreta para detener la guerra”.

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