Trump intenta culminar décadas de ofensiva estadounidense contra Irán mientras desmonta el orden mundial
Era marzo también. Pero de hace 75 años.
Aquel 20 de marzo de 1951, el entonces primer ministro iraní, Mohammad Mosaddeq, recién elegido en unas elecciones democráticas, se atrevió a nacionalizar la Anglo-Persian Oil Company. Aquello fue recibido como una ofensa por la capital del que fue el viejo Imperio británico, y conspiró con la CIA en la Operación Ajax para montar un golpe que echara del poder a Mosaddeq y convirtiera en nuevo hombre fuerte del país al sha de Persia, Mohammad Reza Pahlavi, inaugurando una suerte de dictadura monárquica que duró hasta 1979. Entonces, una revolución derribó la monarquía e instauró una república islámica profundamente antiestadounidense.
Ahora el presidente de EEUU; Donald Trump, está intentando culminar décadas de ofensiva estadounidense contra su viejo vasallo. Aunque para ello esté desatando un caos global y ni siquiera esté garantizado que Washington retomará el control del país como ocurría en los tiempos de Reza Pahlavi.
De momento, el petróleo se ha disparado hasta el punto de que Trump ha decidido aliviar sanciones a Rusia en el afán de reducir el impacto del bloqueo de Ormuz. Es decir, que la guerra de Trump en Irán está beneficiando económicamente a Rusia, al tiempo que está perjudicando armamentísticamente a Ucrania en tanto que el Pentágono está priorizando el suministro para el frente iraní por encima del ucraniano.
Además, la guerra no para de extenderse, con bombardeos en Líbano que están ocasionando un éxodo de hasta 800.000 refugiados, según los últimos cálculos de las organizaciones humanitarias, y con misiles y drones iraníes contra los aliados de EEUU e Israel en la zona. Y todo ello sin un calendario claro de cuánto piensa alargar el presidente de EEUU esta espiral de muerte, destrucción y desorden mundial que está impactando directamente en los estadounidenses en pleno año electoral.
Independencia y soberanía
Trump sueña con un nuevo sha de Persia, pero, de momento, no se vislumbra en el horizonte. El régimen de Pahlavi era tan amistoso con Londres, Washington y Tel Aviv que uno de los ingredientes fundamentales de la Revolución Islámica de los ayatolás tenía que ver con el grito de independencia y soberanía de las potencias occidentales.
Cuando Mohammad Mossaddeq fue depuesto en 1953, se trató de la primera operación encubierta de la recién creada CIA. Para llevar a cabo aquel golpe, trabajaron codo con codo con la inteligencia británica. Restituyeron al sah en el poder, quien se volvió cada vez más autocrático a lo largo de los 26 años en los que continuó gobernando el país. Mantenía relaciones muy estrechas tanto con los estadounidenses como con los israelíes.
Como consecuencia, comenzó a gestarse un resentimiento en la sociedad iraní y “empezó a consolidarse la narrativa de que el sha no era más que una marioneta de los Estados Unidos. Asimismo, un gran número de personas se oponía firmemente al estilo de gobierno sumamente autocrático que este ejercía dentro de Irán”, explica Narges Bajoghli, profesora asociada de antropología y estudios de Oriente Medio en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS) de la Universidad Johns Hopkins, en Democracy Now. “Aquel régimen apadrinado por Washington condujo a la Revolución de 1979. En su esencia fue una reivindicación y un anhelo de independencia y soberanía frente a las grandes potencias”.
Tariq Ali escribía en X sobre el Irán del sha de Persia: “Su policía secreta, la SAVAK, fue una de las más innovadoras de su tiempo. Con el respaldo total de la CIA, experimentaron con nuevas formas de tortura y alardeaban de poseer una tostadora de tamaño humano. Los prisioneros políticos eran introducidos en esta tostadora, uno a uno, y se activaba el mecanismo para que la parte delantera y trasera del cuerpo humano pudieran ser tostadas de una sola vez”.
“La SAVAK era la policía secreta durante la época del sha en Irán”, explica Bajoghli, “asistida y concebida por la CIA y el Mossad. Y era, en realidad, una de esas organizaciones colosales que los iraníes detestan profundamente; y constituyó uno de los elementos clave que contribuyeron a generar gran parte del resentimiento que, a la postre, desembocó en la Revolución del 79. La SAVAK era una policía secreta sumamente brutal y recibió un intenso entrenamiento por parte de la CIA, manteniendo además relaciones muy estrechas con el Mossad. Todo este aparato se basaba en la premisa de que el país debía permanecer bajo la influencia de Estados Unidos y de los intereses estadounidenses en la región”.
En aquella época, Irán era uno de los mayores aliados de Estados Unidos, en plena Guerra Fría y compartiendo una extensa frontera con la Unión Soviética. “La SAVAK y todo el aparato de la monarquía de aquel entonces reprimieron con dureza todo tipo de disidencia interna, especialmente a los izquierdistas, pero también a grupos de todo el espectro político. Los únicos a quienes no reprimieron, en gran medida porque no podían hacerlo, fueron las instituciones religiosas del país. Y una de las razones que explican el surgimiento de la República Islámica tras la Revolución de 1979 es que uno de los únicos grupos sociales que lograron seguir organizándose durante las décadas de 1960 y 1970 fue precisamente aquel vinculado a las organizaciones religiosas del país, dado que todas las demás formas de disidencia habían sido erradicadas”.
Y ahora, toda esta guerra, incluido el ataque a la escuela de niñas con 175 personas asesinadas y el bombardeo de depósitos de petróleo en las inmediaciones de Teherán, que provocó una intensa lluvia negra sobre una ciudad de más de 9 millones de habitantes; y las declaraciones de Trump sobre su deseo de modificar el mapa de Irán, está siendo interpretado dentro de Irán como una guerra dirigida contra el pueblo iraní y contra la nación iraní en su conjunto, razona la profesora: “La República Islámica no se ha desmoronado, a pesar de que eliminaron al líder supremo. Dentro de Irán esto se percibe como una guerra contra la nación y contra la población civil, debido a la forma en que se está llevando a cabo, lo cual, a su vez, está intensificando el sentimiento nacionalista”.
La guerra, en todo caso, es asimétrica, Irán no puede enfrentarse militarmente de tú a tú con Estados Unidos. En su lugar, Teherán que ha estado sometido a sanciones bastante severas desde hace ya muchas décadas, y a sanciones de máxima presión desde hace unos ocho o nueve años y ha sido expulsado de la economía global, “está atacando precisamente a esa economía global de la cual él mismo ha sido aislado. Y sabe que la única manera de cambiar realmente los términos del debate es continuar atacando los mercados petroleros con el fin de presionar a los estadounidenses y a otros actores para que se retiren de este conflicto”, explica Bajoghli.
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