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ENTREVISTA
Noura Erakat, jurista y activista estadounidense-palestina

Noura Erakat, abogada: “EEUU y la UE están despreciando sus leyes y el derecho internacional para defender a Israel”

La abogada de derechos humanos, profesora universitaria en EEUU, autora y activista, Noura Erakat, en Bruselas
19 de abril de 2026 21:38 h

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Noura Erakat, estadounidense de origen palestino, es abogada de derechos humanos, profesora en la Universidad Rutgers (EEUU) y una conocida activista, con discursos que han tenido gran repercusión. En 2025 se convirtió en la primera mujer palestina que dio un discurso en el Consejo de Seguridad de la ONU, sobre Mujeres, Paz y Seguridad.

En sus intervenciones en conferencias y medios de comunicación anglosajones denuncia, con claridad y sin eufemismos, las violaciones del derecho internacional y de los derechos humanos cometidas por Israel. Es autora del libro Justice for Some: Law As Politics in the Question of Palestine (Stanford University Press, 2019) y cofundadora de la revista online Jadaliyya. Además, ha ejercido como asesora legal de un subcomité del Congreso estadounidense, como abogada para el Centro Badil por los derechos de refugiados palestinos y como organizadora y abogada defensora de la Campaña en Estados Unidos por el fin de la ocupación israelí. 

Hace una semana recibió un doctorado honoris causa de tres universidades belgas, compartido con la relatora de Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese. En el marco de ese reconocimiento, elDiario.es la entrevista en Bruselas, en un camerino, minutos antes del inicio de una conferencia de Erakat y Albanese.

Pregunta: ¿Cómo han afectado las guerras contra Irán y Líbano a la población palestina?

Han empeorado la situación en toda la región. Israel violó el alto el fuego en Líbano al menos miles de veces desde que lo pactó con Hezbolá en noviembre de 2024. Hay una construcción narrativa que cuenta que todo se trata de una guerra contra Hezbolá. Ese relato ignora que la ocupación israelí es anterior al surgimiento de este grupo, y que Hezbolá es también una respuesta al abandono de la población chií de Líbano por parte de las propias autoridades, pese a ser probablemente la mayoría del país.

Israel está continuando su proyecto de expansión colonial de asentamiento. Quiere ser más grande, tener más territorio, como lo tienen Irán, Siria o Irak. Sus gobernantes lo formulan en términos de un supuesto derecho bíblico: dicen que su expansión va del Nilo al Éufrates y que ese era el reino original. Es un Gobierno que literalmente actúa apoyándose en las Escrituras, por fuera de las normas internacionales que hemos creado.

El derecho internacional debería haberlos frenado, pero no se ha aplicado ni se han exigido responsabilidades desde el principio, pese a que se sabía que esto iba a pasar.

En cuanto a la guerra contra Irán, es un crimen de agresión, tipificado como tal en el Estatuto de Roma: una guerra sin justificación legítima de defensa propia. Aun así, en el Consejo de Seguridad de la ONU hubo más Estados miembros condenando el bombardeo iraní de bases estadounidenses en los países del Golfo que condenando el ataque ilegal contra Irán.

El sionismo no es algo intrínseco al judaísmo, es una ideología que en Estados Unidos tiene su base más amplia en los cristianos evangélicos, no en las comunidades judías

¿Cómo contempla el papel de la ONU durante el genocidio?

El ataque contra Irán forma parte de un debilitamiento y una destrucción progresiva de la ONU, que la está haciendo más irrelevante. Debería haber una reunión de emergencia inmediata para confrontar a Estados Unidos, pero nadie quiere confrontar al imperio. Esto crea precedentes que se suman a otros del pasado —Gaza, Irak, Guantánamo—, mostrando una continuidad en la erosión del orden internacional.

Así que Estados Unidos puede cometer genocidio, secuestrar a un jefe de Estado en ejercicio, matar de hambre a un pueblo soberano como el cubano, cortar el combustible y castigar a otros estados del Caribe y de América Latina por apoyarlo y por intentar construir políticas regionales propias.

Y ante ello la comunidad internacional se limita a preguntarse qué puede hacer para apaciguar a Estados Unidos y evitar que les haga lo mismo.

Noura Erakat con la relatora de Naciones Unidas, Francesca Albanese, en una conferencia reciente en Bruselas

El Partido Demócrata de Estados Unidos sacrificó su propia elección para mantener su apoyo a Israel durante el genocidio

Ahora hay soberanías amenazadas, secuestradas o incluso negadas, como la de Palestina...

Líbano es soberano. Irán es soberano. Cuba es soberana. Venezuela es soberana. Pero lo que ahora se está revelando es que, en realidad, no hay soberanía efectiva: que estos países no pueden ejercer plenamente su soberanía real. Eso es lo que está en cuestión. Esa es la cuestión, la batalla: si la soberanía nacional va a sobrevivir o si será sustituida por otras formas de soberanía privatizada.

El otro día Fareed Zakaria entrevistó al director de la Organización Internacional para la Energía Atómica, Rafael Grossi. Le preguntaron si los bombardeos iniciados contra Israel y EEUU contra Irán eran legales. Y él contestó diciendo que eso era un debate académico y que ‘nuestro propósito no es preguntar qué o por qué, sino resolverlo’. No, eso no es así. Precisamente se trata de preguntar por qué, porque tiene que haber rendición de cuentas, porque eso también dará forma a cómo lo resuelves, y porque si no, seguirá ocurriendo una y otra vez.

En enero de 2024 la Corte de La Haya ya alertó de que había un riesgo plausible de genocidio en Gaza y en julio de ese año pidió a los Estados que suspendieran relaciones comerciales e inversiones que pudieran contribuir a la ocupación ilegal y a la segregación.

No se hizo.

¿Cuáles son las consecuencias de eso?

Asistimos al vaciamiento progresivo y explícito de la ONU y el derecho internacional. Cuando Estados Unidos torturó a prisioneros en Guantánamo y fue acusado de tortura, lo negó y dijo que se trataba de “técnicas mejoradas de interrogatorio”.

Eso ya era una manipulación del lenguaje jurídico, pero indicaba que seguían tomándose en serio la ley, al menos lo suficiente como para disfrazar la violación, como para disimular. Ahora básicamente dicen que no importa la ley ni el derecho internacional.

La abogada, profesora universitaria, autora y activista Noura Erakat, en Bruselas

Asistimos al vaciamiento progresivo y explícito de Naciones Unidas y el derecho internacional

Durante todo el año 2024 y en 2025 se emitieron órdenes desde las Cortes Internacionales...

Hubo un desprecio flagrante a las tres decisiones de la Corte Internacional de Justicia sobre la UNRWA, sobre la ocupación y presencia ilegales israelíes en Cisjordania y Gaza, y sobre el genocidio plausible. Hubo un desprecio flagrante a las órdenes de arresto de la Corte Penal Internacional y a lo que podría haberse hecho desde Naciones Unidas.

También hay un desprecio flagrante incluso hacia las propias leyes europeas, hacia los acuerdos comerciales de la Unión Europea, que prohíben comerciar con países que violan los derechos humanos. O hacia las propias leyes estadounidenses sobre transferencias de armas.

Se presenta como algo excepcional y legítimo, porque hemos interiorizado y normalizado la idea de que la vida judía es superior a otras y merece todo, incluso la violación de los derechos europeos, incluso la ejecución de crímenes masivos.

En Europa se están registrando arrestos, multas, encarcelamientos e incluso acusaciones de terrorismo contra manifestantes pacíficos que protestan contra el genocidio.

Hay un serio retroceso en derechos y libertades para proteger aquello que representa un peligro para todos nosotros. En el fondo, han conseguido dos cosas a la vez: cometen el genocidio del pueblo palestino, amplían los poderes militares, llenan las arcas y aumentan los contratos para las tecnológicas y los contratistas militares; y al mismo tiempo destruyen el derecho internacional y se aseguran la posibilidad de hacer lo que quieran en ese futuro distópico que quieren construir.

Y los poderes se lo permiten, no solo el trumpismo, también los liberales que no consiguieron romper con esa disonancia, con esa incomodidad. Para llegar al otro lado, hay que cruzar un camino incómodo.

Noura Erakat, en Bruselas

La batalla de nuestro presente es si la soberanía nacional de algunos países va a sobrevivir o sería sustituida por formas de soberanía privatizada

¿Cuál?

El de nombrar el sionismo, que es una forma de racismo. Analizar el sionismo es un camino difícil que hay que cruzar. Y quienes más lo dificultan en realidad no están preocupados por los judíos o por proteger la seguridad judía, lo que les preocupa es el poder y, para ello, usan el antisemitismo.

No se protege la vida de nadie con más guerras, con más violencia, bombardeando Irán, etc. Al contrario. Y cuanto más intentan fundir sionismo y judaísmo menos seguridad hay para las personas judías.

Cuando se atribuye a los judíos posturas que en realidad son una posición ideológica y no algo intrínseco al judaísmo se están confundiendo categorías. El sionismo es una posición ideológica cuya base más amplia en EEUU son los cristianos evangélicos, no los judíos, los Cristianos Unidos Por Israel.

Dijo antes que el genocidio podía haberse evitado. No se hizo, por eso hoy estamos aquí. ¿Qué hay que hacer hoy para que mañana no estemos peor?

Los zapatistas nos enseñaron que en realidad solo hay tres cosas que podemos hacer. Me emociona decirlo. Podemos influir en el poder para que haga lo que queremos. Podemos capturar el poder para decidir qué hacer. O podemos ser poder. Y los zapatistas, en muchos sentidos, fueron poder.

No hay que tener miedo, tenemos que entender que no hay forma de salvarnos escondiéndonos y que no existe una salida que no pase por una confrontación real. Hemos tenido impacto y por eso hay tanta violencia contra nosotras. Si fuéramos irrelevantes, nos ignorarían.

Por eso hay países cambiando leyes, arrestando a gente solo por escribir tuits, expulsando a estudiantes… Están aumentando la fuerza coercitiva, porque ya no pueden convencernos de participar en nuestra propia opresión. La pregunta es: ¿cómo animamos a otros a unirse? ¿Y qué exigimos?

Noura Erakat y la relatora de la ONU, Francesca Albanese

Hay un relato predominante que transmite la idea de que las vidas de los judíos valen más que otras, que el racismo contra los judíos es mucho peor que los otros racismos

¿Cuál es la respuesta a eso?

Mi respuesta es esta: queremos cambiar el mundo entero. Todo lo que se construye sobre una base sólida se sostiene. Si construyes solo arriba, es muy fácil que se derrumbe. Pero si lo haces desde abajo —en tu ayuntamiento, en tu escuela, en tu barrio, en tu iglesia, en tu mezquita, en tu asociación vecinal o estudiantil, donde sea— esas son las bases que la gente no puede destruir.

Tenemos que confiar en que hay pequeñas victorias locales que no pueden ser arrancadas de raíz. Zohran Mamdani no ganó porque se acercara a las élites. Ganó porque fue a la base, y la base no le permitió fracasar. Y esa base va a vigilarle.

Estamos viendo que las encuestas en EEUU muestran los niveles más bajos de apoyo a Israel en la sociedad civil, ha habido protestas contra el apartheid y el genocidio y hay jóvenes judíos participando en ellas.

Más gente en Estados Unidos lo está entendiendo, pero vemos que demócratas y republicanos están atados a los mismos intereses económicos, a las mismas empresas, los mismos donantes y financiadores.

Por eso el establishment demócrata es tibio. E incluso se dan paradojas, como que haya demócratas más entregados a Israel que algunos republicanos nacionalistas para quienes la prioridad es “America First”, América Primero. Por supuesto esos republicanos consideran que Israel forma parte del proyecto imperial estadounidense en Oriente Próximo: extraer petróleo, mantener regímenes subordinados y garantizar que Estados Unidos pueda asegurar sus intereses en la región.

Para ese grupo es una cuestión estratégica, más que ideológica. La dimensión ideológica viene del sionismo cristiano, que quiere el regreso del Mesías y afirma que este vendrá cuando Israel sea fuerte. Pero también es una posición demócrata, porque dentro de su moral entienden la liberación judía como sionismo. No hacen una crítica al sionismo.

Por eso ahora vemos sectores de la base republicana actuar con más contundencia frente a Israel, porque quienes son nacionalistas no soportan la idea de que otro país pueda condicionar lo que hace Estados Unidos. Su posición no es antisionista ni antirracista. No piden la liberación de las tierras robadas ni el fin de la anti-negritud en Estados Unidos ni reparaciones. Lo que quieren es “America First”.

Noura Erakat, en una conferencia en Bruselas

Hay gente que solo se escandaliza cuando el genocidio lo hace Trump, porque para muchos nunca fue una cuestión de principios, sino de quién lo hacía y en nombre de quién.

Kamala Harris señaló, durante su campaña electoral, que apoyaba al cien por cien las políticas de Biden con respecto a Gaza.

Eso tuvo repercusión, encuestas posteriores indicaron que la posición ante Palestina fue la principal razón por la que gente que anteriormente había votado a los demócratas esta vez no lo hizo. El aparato del Partido Demócrata es una amenaza preocupante, porque ocupa el espacio que necesitamos para un verdadero partido de oposición.

Ellos sabían perfectamente que, mientras financiaban y apoyaban el genocidio, estaban mintiendo. Cruzaron todas las líneas rojas, porque la abrumadora mayoría de sus bases, el 80%, quería un alto el fuego.

El Partido Demócrata sacrificó su propia elección para mantener su posición ideológica sobre Israel. Expandieron el poder policial, intentaron ocultar información, castigaron a los estudiantes movilizados. Con todo ello le pusieron la alfombra roja a Trump para que llegara y continuara haciendo lo mismo, pero sin disimulo.

Hay gente que solo se escandaliza cuando lo hace Trump, porque para muchos nunca fue una cuestión de principios, sino de quién lo hacía y en nombre de quién. Los demócratas se han marcado un gol en propia puerta con su apoyo a Israel. Perdieron incluso en distritos que habían ganado de forma abrumadora en 2020. Y ahora es como si de repente estuvieran viviendo lo que el resto del mundo lleva tiempo viviendo a causa de su complacencia.

No soy ingenua, no creo que vaya a haber de repente una gran rebelión social. Creo que la mayoría de la gente hará lo que necesite para salvarse, estas son las condiciones en las que estamos organizándonos, es lo que hay.

Nos contamos historias sobre quién va a sobrevivir a la catástrofe climática que ya está aquí. Y una de esas historias dice que solo sobrevivirán quienes ‘lo merezcan’, los poderosos. Tenemos que mostrar que existe otra historia, una en la que nosotros también podamos vivir.

Noura Erakat, en Naciones Unidas en 2025

El establishment demócrata de EEUU se ha marcado un gol en propia puerta con su apoyo a Israel. Considera que la liberación judía es el sionismo

Va a publicar un libro después del verano, ¿se puede saber de qué tratará?

El coautor es John Reynolds, un académico irlandés que trabaja en el mismo campo que yo. En él intentamos que se entienda que el sionismo es una ideología colonial racista, que Israel nació como un proyecto supremacista y racista de colonización de asentamiento. Eso implica despojar al pueblo nativo mediante la supuesta superioridad de otro pueblo, considerado víctima paradigmática en la mentalidad europea.

Hay un relato que transmite la idea de que las vidas judías que valen más. No lo registramos como supremacía porque es presentado como preservación ante el peligro. Es el mismo argumento que usan los nacionalistas republicanos de Estados Unidos, que justifican su racismo en nombre de un presunto peligro para los blancos. Israel concede la ciudadanía a judíos de cualquier lugar, al igual que EEUU priorizaba conceder la ciudadanía a blancos de cualquier lugar.

Cuando creces como una persona marginada y racializada no esperas que el mundo sea maravilloso, aprendes desde muy niña que no lo es. No tienes grandes expectativas, pero sí una enorme dignidad. Hay una expresión en árabe: 'somos como mulas'. Somos resistentes

¿Qué es ser palestina a día de hoy? Y ¿cómo es ser palestina en este mundo, viviendo en Estados Unidos, siendo activista y una abogada conocida?

Cuando creces como una persona marginada y racializada no esperas que el mundo sea maravilloso, aprendes desde muy niña que no lo es. Así que avanzas sin grandes expectativas, pero con una enorme dignidad.

Hay una expresión en árabe: 'somos como mulas'. Somos resistentes. Eso es lo que principalmente me sostiene. En un plano muy personal, ahora soy muy distinta. Mi mundo se ha vuelto mucho más privado, más pequeño.

Quiero vivir. Amo la vida. Para eso tengo que cultivar mis propios espacios, lo cual significa salir cada vez menos, porque existe el riesgo de que alguien venga a decirme “hashtag yo apoyo a Israel” y entonces eso sea lo único que ocupe toda mi noche.

También he desarrollado una apreciación enorme por la naturaleza. Siempre me ha gustado, pero nunca como ahora. Miro a mi alrededor y pienso que la naturaleza funciona con mucho más equilibrio, más ecosistema y más coexistencia que nosotros. Y eso es hermoso.

Me siento muy afortunada todos los días. Eso me conmueve. Creo que a algunas personas les molesta que sonría tanto, pero yo hago este trabajo porque amo la vida. La rabia es una herramienta maravillosa para impulsarte, pero la rabia por sí sola no cultiva la vida. Y así es también como lo hago.

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