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Las cicatrices de la guerra de Trump en Irán: una economía en ruinas y una población abandonada a su suerte

Una mujer pasa delante de un mural contra Israel en Teherán. Abedin Taherkenareh / EFE

Deepa Parent

5 de junio de 2026 22:28 h

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Mientras Donald Trump oscila entre amenazas de nuevas acciones militares contra Irán y predicciones de un acuerdo de alto el fuego duradero inminente, muchos iraníes han quedado exhaustos y sumidos en la incertidumbre.

A pesar del levantamiento parcial del bloqueo de internet que comenzó con el inicio de la guerra el 28 de febrero, el temor a un empeoramiento de la represión interna también ha alimentado el pesimismo sobre el futuro entre algunos de los entrevistados por The Guardian.

Saeed, quien participó en las multitudinarias protestas contra el régimen a principios de este año y, al igual que otros, pide usar un seudónimo por motivos de seguridad, expresa –en una conversación telefónica desde Teherán el fin de semana pasado– su temor a que el peor escenario posible en sus pronósticos ya se haya materializado.

“Predije mucho antes que si Estados Unidos atacaba prometiendo rescatarnos y dejándonos sin un plan definitivo, como este alto el fuego actual, sería el peor escenario. La economía está peor que el 28 de diciembre [cuando comenzaron las protestas] y, con la cantidad de redadas, arrestos y ejecuciones diarias, nos encontramos con un régimen envalentonado. Estamos en una situación realmente desastrosa”, afirma.

Para Saeed, las consecuencias no solo han profundizado los temores políticos, sino también las divisiones familiares, evidenciando las diferencias generacionales en la interpretación de la crisis.

Al preguntarle si su opinión es compartida por muchos, describe fuertes desacuerdos entre amigos y familiares. “Algunos miembros mayores de mi familia piensan que a nosotros [los jóvenes manifestantes] nos han lavado el cerebro y hemos avergonzado al país”, dice. “Creen todo lo que se dice en la televisión estatal y no se dan cuenta de que el régimen ha ejecutado a jóvenes simplemente por protestar. Creen que éramos espías”.

Esto no es un alto el fuego. Es una subasta interminable entre Estados Unidos y la República Islámica sobre nuestras vidas y nuestra sangre

Amir Empresario

Las protestas antigubernamentales que comenzaron en diciembre y se extendieron por todo el país fueron reprimidas brutalmente por las fuerzas de seguridad, según grupos de derechos humanos. Miles de personas murieron y más de 50.000 fueron arrestadas, según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA, por sus siglas en inglés), con sede en Estados Unidos, y al menos 226 fueron ejecutadas este año, según la ONG Iraní de Derechos Humanos (IHRNGO, por sus siglas en inglés), con sede en Noruega.

“Me siento humillado”

Mientras tanto, el régimen ha instalado puestos de entrenamiento militar en la capital para enseñar a civiles a manejar fusiles Kalashnikov, con el fin de prepararlos para tomar las armas si se reanuda la guerra. Las redes sociales se han inundado de imágenes de manifestaciones de grupos progubernamentales en jeeps militares equipados con ametralladoras.

“No todos apoyan el sistema ni están interesados en la guerra. El uso de niños y adolescentes en los controles de seguridad, así como la transmisión de entrenamiento militar por televisión, ha generado gran preocupación”, dice Elnaz, activista de derechos humanos radicada en la capital. “Muchos activistas por los derechos de la infancia han protestado, argumentando que la guerra no debe normalizarse”.

Las imágenes que muestran a niños con armas preocupan a muchos iraníes, añade. “El hecho de que se haya visto a niños y adolescentes con ametralladoras en imágenes transmitidas por la televisión estatal genera una gran inquietud”, dice.

Mujeres aprendiendo a usar un rifle durante una sesión de entrenamiento con armas en una manifestación en Teherán el 23 de mayo de 2026.

Ante las detenciones y redadas, otros afirman que su opinión inicial sobre la intervención extranjera ha cambiado, mientras que el temor al futuro domina cada vez más sus pensamientos.

Amir, empresario de Mashhad, dice que en su momento había deseado fervientemente la intervención estadounidense, porque creyó que la presión externa podría propiciar un cambio político. Pero tras presenciar el empeoramiento de la economía y lo que describe como un deterioro de la situación de los derechos humanos, ahora se pregunta si el precio ha sido demasiado alto.

“Me siento humillado”, afirma. “Esto no es un alto el fuego. Es una subasta interminable entre Estados Unidos y la República Islámica sobre nuestras vidas y nuestra sangre”.

Las amenazas de Trump de devolver a Irán “a la Edad de Piedra” siguen atormentándolo. “‘Devolvernos a la Edad de Piedra’ y luego tratar esta guerra como un negocio, cambiando sus promesas a cada rato, ha sido verdaderamente humillante”, añade.

“Por otro lado, el régimen parece tener una soga infinitamente larga que no deja de apretarse. No sé cómo expresar realmente lo que sentimos”, dice.

“Un infierno económico”

El aumento vertiginoso de los precios de los alimentos y los medicamentos esenciales, junto con la pérdida de empleos provocada por el bloqueo de internet impuesto por las autoridades ha dejado a muchos con dificultades incluso para cubrir sus necesidades básicas.

Noor, de 39 años, dueña de una cafetería en Teherán, dice que, si bien su negocio no está quebrando, teme que la frágil situación signifique que “lo peor está por venir”.

“Nos llevará años recuperarnos de la devastación emocional y económica causada por la masacre de enero y la guerra”, afirma. “Aunque este alto el fuego se mantenga, creo que en unos meses estaremos en una situación económica tan desesperada que la gente volverá a las calles por pura desesperación.”

Personas compran en un bazar en Teherán.

Con el restablecimiento parcial de la conectividad, muchos que aún no habían comprendido del todo la magnitud de la devastación, tanto en la economía como en la infraestructura civil, causada por las protestas de enero y la guerra, se han enfrentado a una dura realidad.

Entre los vídeos más compartidos en las cuentas de los iraníes, hay uno en Instagram de Hamed Mirzaei, residente de Teherán, quien, según se informa, perdió a 12 miembros de su familia durante la guerra. El recién casado declaró a los medios locales que perdió a sus padres, esposa, primos, nietos y a su cuñado cuando su casa fue bombardeada. Publicó vídeos de sí mismo frente a su casa, ahora sepultada bajo los escombros.

¿Qué país ha alcanzado la libertad mediante una invasión militar? ¿Afganistán, Irak, Siria? (...) Este ataque se llevó a cabo con el falso pretexto de traer la democracia y salvar al pueblo iraní, pero ha provocado la muerte de muchos de mis compatriotas y ha destruido infraestructura vital

Ro Músico

Otras grabaciones muestran escenas similares de tiendas, casas y escuelas de música destruidas. Ro, de 42 años, músico residente en Teherán, declara a The Guardian que se quedó devastado tras ver imágenes de escuelas de música y espacios civiles dañados.

“¿Qué país ha alcanzado la libertad mediante una invasión militar? ¿Afganistán, Irak, Siria?”, pregunta. “Como músico iraní, condeno la agresión militar de Estados Unidos e Israel contra mi país. Este ataque se llevó a cabo con el falso pretexto de traer la democracia y salvar al pueblo iraní, pero ha provocado la muerte de muchos de mis compatriotas y ha destruido infraestructura vital”.

“Bombardearon escuelas, hospitales, centros de investigación, universidades, plantas petroquímicas y viviendas. Han agravado la pobreza, la inflación, el desempleo y la escasez de medicamentos, llevando estas crisis aún más lejos que antes”, dice.

Otro vídeo muy difundido en los últimos dos días muestra a Hamidreza Afarideh, cofundador de una academia de música en el este de Teherán. Aparece sentado entre los escombros de lo que alguna vez fue un refugio seguro para niños, niñas y adultos que aprendían a tocar instrumentos musicales, antes de ser destruido en una ofensiva contra una base militar supuestamente cercana.

Los ataques contra estas infraestructuras han dejado a muchas personas sin trabajo, incluyendo al personal de la escuela de música de Afarideh, agravando la crisis económica del país.

Ante el creciente temor a las consecuencias que un frágil alto el fuego podría tener para la vida en Irán, muchos afirman que su prioridad ahora es sobrevivir.

“Ahora mismo solo intentamos sobrevivir. Nadie puede luchar con el estómago vacío”, dice Amir.

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