Tu perro podría estar a salvo: la oruga procesionaria tiene por primera vez depredadores carnívoros que se las comen
Un gesto tan simple como acercar el hocico a algo en el suelo puede acabar en un problema grave en cuestión de minutos. Los perros se mueven así por naturaleza y, entre febrero y mayo, ese impulso los pone frente a un riesgo real de muerte ligado a la oruga procesionaria.
El contacto suele llegar sin aviso, cuando olfatean, lamen o pisan, mientras los dueños no pueden vigilar cada segundo de lo que hacen. Esa falta de control absoluto deja una ventana abierta a la exposición a los pelos urticantes. En caso de contacto, la toxina actúa rápido y convierte un paseo en una urgencia que obliga a actuar de inmediato.
Un equipo científico detecta una conducta nueva en carnívoros ibéricos
Ese peligro explica por qué ciertos estudios miran ahora a lo que ocurre con esta especie en el entorno natural. Un equipo de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y la Universidad de Huelva documentó por primera vez que mamíferos carnívoros consumen hembras adultas de la procesionaria del pino, con implicaciones para el control de la plaga, según datos publicados en la revista Ecosphere y difundidos por EBD-CSIC y recogidos por Efe.
El trabajo identifica un comportamiento que no se había descrito hasta ahora y que introduce una vía adicional en la dinámica de esta especie. Además, sitúa ese consumo en un punto del ciclo que hasta ahora quedaba fuera del foco.
Los indicios aparecieron al revisar restos biológicos recogidos en campo, donde el análisis de excrementos reveló algo que no encajaba con lo conocido hasta ahora. En muestras de zorro y garduña aparecieron huevos de procesionaria junto a pequeñas escamas que las hembras utilizan para cubrir sus puestas.
Ese rastro apunta a que los animales habían ingerido polillas adultas y no solo fases previas del insecto. La cantidad detectada resultó elevada en algunos casos, con cerca de 1.700 huevos en una muestra de zorro y unos 700 en heces de garduña.
Jacinto Román, investigador de la EBD-CSIC y primer autor del estudio, explicó que “esto ocurre probablemente porque las hembras adultas de la procesionaria tienen una movilidad limitada”. En su descripción añadió que “tras aparearse, hemos observado que a veces caminan por el suelo del bosque para poner los huevos”. Ese comportamiento las deja expuestas en un punto en el que depredadores terrestres pueden encontrarlas con facilidad.
Las reacciones en canes avanzan con rapidez y pueden ser letales
Ese hallazgo se entiende mejor si se observa el efecto que tiene esta especie sobre animales y entorno, ya que la procesionaria del pino no solo afecta a la vegetación. Las orugas poseen pelos urticantes que liberan una toxina capaz de provocar reacciones alérgicas intensas en personas y animales.
En perros, el contacto genera inflamación casi inmediata en lengua, hocico o piel, con evolución hacia necrosis si no se trata a tiempo. Los síntomas avanzan desde salivación y picor hasta dificultad respiratoria o shock, y en los casos graves pueden derivar en pérdida de tejido o muerte.
El consumo de adultas reduce la descendencia en el siguiente ciclo
Ese hallazgo abre una vía que afecta al número de nuevas orugas, ya que cada hembra transporta alrededor de 200 huevos y su eliminación reduce la descendencia potencial. El estudio plantea que este consumo por parte de carnívoros podría influir en el control natural de la plaga, al actuar en una fase que hasta ahora no se tenía en cuenta. Además, se suma a la acción de otros depredadores como aves insectívoras, hormigas o murciélagos, aunque estos últimos evitan en parte las orugas por sus pelos urticantes.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo trabajó con muestras recogidas entre 2022 y 2024 en varios espacios naturales españoles. Entre ellos figuran el Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, Sierra Nevada y la zona de Aracena. El análisis incluyó especies como zorro, garduña, gineta y tejón, aunque en estas dos últimas no se detectaron pruebas claras de consumo de adultos.
Ese conjunto de datos permite fijar un hecho que hasta ahora no estaba documentado, ya que la literatura previa solo había identificado depredadores en fases como huevos, orugas o pupas. La presencia de restos asociados a hembras adultas cambia ese esquema y amplía el papel de estos mamíferos en el ciclo de la procesionaria.
La consecuencia inmediata es que parte de la población del insecto puede desaparecer antes de poner los huevos, reduciendo el número de nuevas orugas que aparecen en el siguiente ciclo.