Nacida en 1875, esta exploradora y escritora es considerada una de las mujeres pioneras de la fotografía de naturaleza

Fue una de las más grandes exploradoras de la historia moderna, y su extraordinaria trayectoria combinó la investigación científica, el periodismo de combate y la fotografía documental de naturaleza en una época en la que el mundo de la exploración pertenecía casi exclusivamente a los hombres. Nacida en Stockton, California, el 22 de octubre de 1875, Harriet Chalmers Adams creció de una forma muy distinta a las mujeres de su época. Hija de Alexander Chalmers y Frances Wilkens, Harriet recibió desde pequeña una educación orientada a la exploración y los deportes al aire libre. A los ocho años de edad, realizó un viaje a caballo por Sierra Nevada con su padre que marcaría su espíritu aventurero para siempre.

Pocos años después, con tan solo once años, asombró al nadar 457 metros sin descanso en Santa Cruz antes de abandonar su educación formal para formarse con tutores privados. De esta manera, Harriet logró dominar de manera fluida el español, portugués, alemán, francés e italiano, al mismo tiempo que cultivó un enorme interés por la geografía, las ciencias, la historia, la arqueología y la antropología.

El cinco de octubre de 1899, Harriet contrajo matrimonio con Franklin Pierce Adams, con quien compartía su gran pasión por la aventura. Cinco años más tarde, la pareja emprendió su primera expedición trascendental: un periplo de tres años alrededor de América del Sur en el que recorrieron más de 64 mil kilómetros a caballo, a pie, en canoa y en tren. Durante esta travesía, visitaron cada uno de los países sudamericanos y cruzaron la cordillera de los Andes a caballo en cuatro ocasiones. En el camino de montaña, superaron enormes picos y sobrevivieron a una helada tempestad de tal magnitud que congeló por completo los párpados de Harriet. El viaje no detuvo su incansable deseo de ver el mundo, sino que sirvió para dar inicio a su notable trayectoria profesional.

A su regreso a los Estados Unidos, se establecieron en la ciudad de Washington, donde Harriet presentó sus extraordinarias historias a la joven National Geographic Society. Así comenzó una fructífera carrera de treinta años como colaboradora de la prestigiosa revista, para la cual redactó 21 artículos ilustrados con sus propias imágenes entre 1907 y 1935. Entre sus textos más destacados sobresalen títulos como “Algunas vistas maravillosas en los Andes”, “Caleidoscopio La Paz: ciudad de nubes” o “Paraguay rodeada de ríos”. Además, se convirtió en una de las conferenciantes más célebres y solicitadas de la geografía, cautivando a miles de personas con su gran elocuencia, energía, humor y el uso innovador de diapositivas en color y películas.

A lo largo de sus tres décadas de expediciones, Harriet recorrió lugares sumamente remotos del planeta como Siberia, Sumatra y el inhóspito desierto de Gobi. En América Latina, se consagró como la primera mujer en realizar el viaje por tierra desde el Amazonas hasta la Guayana Francesa y en coronar la cima del volcán Misti en el Perú. Asimismo, cruzó Haití a caballo y recolectó raros ejemplares de solenodonte, un roedor venenoso que entregó personalmente a los zoológicos de Nueva York y Washington. Su lente capturó instantes únicos de la geografía humana y natural, documentando la vida cotidiana de familias araucanas en el sur de Chile o la maternidad en las islas Filipinas.

La audacia de Harriet Chalmers Adams no se limitó únicamente a los espacios salvajes y a la naturaleza, sino que también la llevó hasta los frentes de la Primera Guerra Mundial. Contratada por Harper's Magazine, se desempeñó como corresponsal en Europa y se convirtió en la primera y única mujer periodista autorizada a trabajar en primera línea de las trincheras. Durante tres meses enteros, Harriet recorrió las operaciones de combate en las trincheras francesas, tomando valiosas fotografías y enviando crónicas conmovedoras sobre el conflicto. A pesar de sufrir graves accidentes en su vida, como la fractura de dos de sus vértebras, jamás detuvo su marcha por los continentes.

Prestigio y discriminación

Aunque Harriet gozaba de un enorme prestigio internacional y fue admitida en la Royal Geographical Society de Londres en 1913, en su propio país se enfrentó a la discriminación. El selecto Explorers Club de Nueva York le cerró las puertas de acceso debido únicamente a su condición de mujer, ignorando su vasto bagaje profesional. Esta injusta exclusión encendió en Harriet una fuerte conciencia sobre los derechos femeninos y la necesidad de visibilizar el trabajo científico de las mujeres. Frente a las adversidades de género de la época, ella defendió con gran valentía el rol de las investigadoras profesionales y de las activistas que conoció en sus viajes. Harriet sostenía con orgullo que nunca se había topado en su camino con una dificultad que una mujer, exactamente igual que un hombre, no pudiera llegar a superar.

Como firme respuesta al rechazo del club neoyorquino, Harriet lideró en 1925 la fundación de la Sociedad de Mujeres Geógrafas. Harriet presidió esta crucial organización durante seis años, dedicándose a reclutar a las aventureras y científicas más destacadas del planeta. Gracias a su constante empeño, la sociedad sumó a figuras tan emblemáticas de la historia como la aviadora Amelia Earhart o la antropóloga Margaret Mead. Bajo su dirección, la bandera de la asociación, creada para visibilizar a las mujeres en las misiones científicas, llegó a flamear en la cima del Kilimanjaro.

Hacia el final de su vida, Harriet Chalmers Adams se estableció junto a su esposo en el sur de Francia, donde continuó escribiendo. Falleció en la ciudad de Niza en 1937 a la edad de sesenta y un años. Su esposo Franklin trasladó sus cenizas de regreso a su California natal, donde reposan en la Capilla de las Campanadas en Oakland. Antes de partir, Harriet solicitó que su invaluable colección de libros fuera donada a la biblioteca de Stockton, su querida ciudad de origen.