De calles empedradas y rodeado de innumerables viñedos, este pueblo riojano alberga uno de los castillos mejor conservados de esta comunidad

En un entorno dominado por la calma de sus campos, la villa ha sabido mantener intacta su esencia histórica

Alberto Gómez

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Situado en la comarca de Haro, en la confluencia de los ríos Aguanal y Ea, Sajazarra es una auténtica joya del patrimonio rural. Su casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico, ofrece al visitante una inmersión apasionante en la época medieval. A través de un entorno dominado por la calma de sus campos, la villa ha sabido mantener intacta su esencia histórica, convirtiéndose en un destino único de La Rioja. Además de sus calles empedradas y sus innumerables viñedos, este pueblo riojano alberga uno de los castillos mejor conservados de esta comunidad. 

La trayectoria histórica de la localidad cuenta con un rico legado documental que se remonta al siglo XI, cuando fue mencionada como Sagga en el Fuero de Miranda de Ebro. Décadas más tarde, en el año 1146, apareció registrada con su denominación actual en los documentos de concesión de fuero a Cerezo de Río Tirón. Donada por el rey Alfonso VIII al monasterio de Valdefuentes durante el siglo XII, la población inició una progresiva expansión fortificada. Su posterior transformación en señorío feudal bajo el dominio de los Velasco en el siglo XV consolidó la fisonomía señorial que todavía hoy la caracteriza.

El indiscutible símbolo arquitectónico del municipio es su impresionante castillo palacio del siglo XV, levantado sobre una fortificación anterior por la familia de los Velasco. Construida en piedra de sillería de tono crema, la fortaleza presenta una imponente torre del homenaje rectangular flanqueada por torres octogonales. Sus estilizadas almenas y matacanes defensivos confieren a la construcción un aspecto monumental único en toda la región. Su estampa exterior continúa deslumbrando a viajeros y apasionados de la arquitectura medieval.

Rodeada de viñedos, la villa mantiene una vinculación indisoluble con la cultura del vino riojano

Protegiendo el antiguo trazado urbano se conservan los vestigios del recinto amurallado promovido en la segunda mitad del siglo XIII bajo la influencia del rey Alfonso X el Sabio. Esta estructura defensiva aprovechaba el curso natural del río Ea para garantizar la seguridad de los vecinos frente a posibles incursiones. De los cuatro accesos originales que regulaban la entrada a la villa fortificada, hoy en día perdura la emblemática Puerta del Arco. Este paso gótico del siglo XV constituye la puerta de entrada principal al entramado histórico y a las plazas del municipio.

Recorrer las callejuelas peatonales de Sajazarra permite contemplar un espléndido catálogo de casonas hidalgas y palacetes edificados en piedra de sillería entre los siglos XVII y XVIII. Entre estas construcciones destacan la casona barroca de los Martínez de Salinas, ornamentada con el escudo de los Loma Osorio, y el palacio de los Ruiz de Loizaga. La cuidada conservación de las fachadas, adornadas con vistosos balcones floridos y escudos nobiliarios, refleja la bonanza económica experimentada por las familias acomodadas ligadas al comercio del vino.

Junto al perímetro de la muralla y en estrecha proximidad con la fortaleza medieval se alza la iglesia de Santa María de la Asunción, templo declarado Bien de Interés Cultural. Su construcción inicial se remonta al siglo XII con la fundación del antiguo monasterio cisterciense y amalgama de manera armoniosa elementos románicos, renacentistas y barrocos. En su sobrio interior de tres naves se custodian valiosas obras sacras, entre las que sobresalen un retablo renacentista de gran mérito artístico y las imágenes veneradas de la Virgen de la Antigua y de la Virgen de Cillas, patrona de la villa.

Cultura del vino

Más allá de sus monumentos centenarios, la villa destaca por su firme compromiso con la innovación cultural a través del Museo de Arte Contemporáneo al aire libre. Diversas esculturas de hierro y piedra integran de forma ingeniosa la creación moderna en el paisaje urbano tradicional de la localidad. Entre las piezas más singulares sobresale la figura de un dragón de metal que asoma por las ventanas del edificio del ayuntamiento, construido en 1893. Asimismo, obras repartidas por rincones y plazas entablan un diálogo constante entre la memoria histórica del pueblo y la expresión artística más vanguardista.

Rodeada por un mar ininterrumpido de viñedos que cambian de tonalidad con las estaciones, la villa mantiene una vinculación indisoluble con la cultura del vino riojano. Su histórico barrio de bodegas y su inclusión en la asociación de Los Pueblos más Bonitos de España han impulsado un modelo de turismo sostenible y respetuoso con la tradición. Sajazarra representa el equilibrio idóneo entre el patrimonio histórico, la belleza paisajística y la autenticidad rural.

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