De origen volcánico y 80 metros de altura, este monolito canario es uno de los símbolos más queridos y protegidos de esta isla

Se trata de un gigante de piedra que trasciende su naturaleza geológica para convertirse en el símbolo más querido de la isla de Gran Canaria. Este imponente monolito, el Roque Nublo, tiene origen volcánico y, con una altura que ronda los 80 metros desde su base, domina el paisaje insular a 1.813 metros sobre el nivel del mar. Su silueta es una página que recuerda un pasado convulso, ubicada exactamente en el centro geográfico del municipio de Tejeda. Considerada, de hecho, una de las peñas naturales más grandes del mundo, su presencia es una referencia ineludible para los habitantes y visitantes.

La majestuosidad de este hito geográfico ha inspirado durante décadas a pintores, escritores y músicos, quienes han plasmado su esencia en obras inmortales, un símbolo que representa la identidad de un pueblo profundamente vinculado a su relieve. La formación de esta maravilla natural se remonta a procesos geológicos titánicos ocurridos hace millones de años en el archipiélago. La ciencia moderna ha identificado en su estructura un tipo especial de roca volcánica bautizada como brecha Roque Nublo. Este material es el resultado de la consolidación y enfriamiento de nubes ardientes tras su depósito en la superficie terrestre.

Su singularidad es tal que da nombre al segundo gran ciclo volcánico de la isla, el cual abarcó un periodo de casi dos millones de años. Este ciclo se desarrolló aproximadamente entre hace 5,3 y 3,4 millones de años, moldeando la fisonomía de las cumbres. Las erupciones volcánicas iniciales, seguidas de largos periodos de inactividad y erosión, fueron las responsables de este relieve tan abrupto. Hoy, el Nublo permanece como un testigo silencioso de aquellas fuerzas primigenias que dieron vida a la isla de Gran Canaria.

Antes de ser un destino turístico, el Roque Nublo fue un espacio de profunda significación espiritual para los antiguos aborígenes canarios. Los primeros pobladores, de origen bereber, utilizaban estos lugares elevados como puntos de culto y observación astronómica. En torno a lugares sagrados conocidos como almogarenes, rendían adoración al dios Acorán, también llamado El Celestial. Se cree que su ubicación estratégica permitía observar fenómenos como los lunasticios desde el vecino Roque Bentayga. Esta conexión con el cosmos era vital para su economía agrícola, permitiéndoles conocer con exactitud el cambio de las estaciones. El monolito funcionaba como un eje sagrado donde la magia y la religión se fundían bajo el cielo de la cumbre.

El compromiso de la sociedad canaria con la conservación de este entorno se ha traducido en diversas figuras de protección legal. En 1987 todo el territorio que rodea al monolito fue declarado Espacio Natural Protegido por su incalculable valor ecológico. Siete años más tarde, en 1994, la zona fue reclasificada como Parque Rural, consolidando su estatus como un área de especial atención. Además, desde el 29 de junio de 2005, forma parte esencial de la Reserva Mundial de la Biosfera de Gran Canaria. Esta distinción otorgada por la UNESCO subraya la importancia de preservar su biodiversidad y sus paisajes volcánicos únicos. Actualmente, el acceso está regulado para garantizar su sostenibilidad, requiriendo incluso reserva previa para recorrer sus senderos principales.

Estas medidas buscan controlar el aforo y proteger el delicado equilibrio de un monumento natural que es herencia de todos. Y es que el ecosistema que arropa al Roque Nublo es un espectáculo de vida que se adapta a las rigurosas condiciones de la alta montaña. La vegetación predominante consiste en un joven pinar canario de repoblación que destaca por su capacidad de recuperación ante incendios. Junto a los pinos convive un matorral de retamas, codesos y salvias, propio de las cumbres más elevadas de la isla. En épocas específicas, la floración roja de los tajinastes ofrece un contraste cromático impresionante sobre el gris de la roca.

En cuanto a la fauna, es común observar aves rapaces como el cernícalo o el ratonero planeando sobre las corrientes térmicas. También habitan la zona reptiles endémicos como los lagartos gigantes y el pequeño pinzón azul de Gran Canaria. Los suaves vientos alisios mantienen el clima agradable, permitiendo que la biodiversidad florezca en este refugio natural.

Toda una musa

Para los amantes del senderismo, alcanzar la base del monolito es una experiencia gratificante que ofrece vistas panorámicas inigualables. La ruta más común parte del aparcamiento de La Goleta, consistiendo en un recorrido de aproximadamente 1,5 kilómetros de ida. El sendero está bien señalizado y, aunque presenta algunos tramos empinados, es accesible para personas de diversas edades y familias. Durante el ascenso, el visitante se encuentra con otros hitos como el Roque del Fraile y el Roque de la Rana. El primero sugiere la figura de un religioso con capucha, mientras que el segundo parece una rana sentada sobre un nenúfar. Una vez en la plataforma superior, conocida como El Tablón, el esfuerzo se ve recompensado por una vista de 360 grados. Desde allí se divisa la Caldera de Tejeda y, en días claros, la silueta del Teide sobre el mar.

La impronta del Roque Nublo en la cultura canaria es profunda, habiendo sido descrito por Miguel de Unamuno como una tempestad petrificada. El escritor vasco quedó cautivado por el paisaje abrupto y la fuerza visual que emana de esta formación rocosa singular. Su nombre aparece en multitud de obras literarias y artísticas, consolidándose como la musa eterna de la cumbre canaria. Visitar este monumento natural implica también descubrir el encanto de los pueblos cercanos, especialmente el municipio de Tejeda. Esta localidad, situada entre pliegues montañosos, ha sido reconocida como uno de los pueblos más bonitos de España. Sus casas blancas con tejas tradicionales ofrecen un refugio acogedor como un aliciente añadido a la espectacularidad del Roque Nublo.