Paulina Bonaparte, la “venus del imperio” y la mejor de las criaturas vivientes

Cuando se habla de la familia Bonaparte, la figura de Napoleón suele eclipsar a todos los demás miembros del clan. Sin embargo, pocas personalidades resultan tan fascinantes como la de su hermana Paulina Bonaparte. Considerada una de las mujeres más bellas de su época, inmortalizada por pintores y escultores y convertida en objeto de innumerables rumores, su vida estuvo marcada por una mezcla de escándalo, independencia y fidelidad familiar. El propio emperador llegó a definirla como “la mujer más hermosa de su tiempo y la mejor de las criaturas vivientes”, una afirmación que resumía tanto la admiración que sentía por ella como el lugar singular que ocupó dentro de la dinastía napoleónica.

Nacida en Ajaccio, Córcega, el 20 de octubre de 1780, Paulina fue la sexta de los ocho hijos de Charles Marie Bonaparte y Letizia Ramolino. Su juventud coincidió con el ascenso político y militar de su hermano Napoleón, cuya creciente influencia permitió a la familia abandonar la isla e integrarse en los círculos de poder de Francia. Desde muy joven destacó por una belleza que atrajo la atención de militares, aristócratas y artistas, pero también por un carácter difícil de domesticar que la llevó a desafiar muchas de las normas sociales reservadas a las mujeres de su tiempo.

Entre el escándalo y la tragedia

En 1797 contrajo matrimonio con el general Charles Victoire Emmanuel Leclerc, uno de los hombres de confianza de Napoleón. La pareja tuvo un hijo, Dermide, y pocos años después acompañó a Leclerc a Saint-Domingue, la actual Haití, donde Francia intentaba recuperar el control de la colonia frente a la rebelión liderada por Toussaint Louverture. Allí Paulina desarrolló una intensa actividad social, pero también mostró una faceta menos conocida cuando la fiebre amarilla comenzó a diezmar a las tropas francesas. Diversos relatos de la época señalan que transformó su residencia en un hospital improvisado y promovió la atención a los enfermos mientras la epidemia avanzaba por la isla.

La campaña terminó en tragedia. Leclerc murió en 1802 víctima de la enfermedad y Paulina regresó a Francia con el cuerpo embalsamado de su marido. Aunque respetó el periodo de luto establecido por el protocolo, pronto retomó una vida sentimental que acabaría convirtiéndola en una de las mujeres más comentadas de su tiempo. Su nombre apareció asociado a actores, militares y miembros de la alta sociedad, generando una sucesión de escándalos que preocupaban especialmente a Napoleón, cada vez más cerca de convertirse en emperador.

Para intentar controlar aquella situación, Napoleón impulsó un segundo matrimonio con el príncipe romano Camillo Borghese. La unión convirtió a Paulina en princesa Borghese y la trasladó a Italia, donde recibió propiedades, rentas y una posición privilegiada dentro de la aristocracia europea. Sin embargo, la distancia con París no modificó demasiado su comportamiento. Su matrimonio fue turbulento y las relaciones extramatrimoniales continuaron formando parte de una vida marcada por la búsqueda constante de libertad personal, algo que chocaba frontalmente con la imagen de respetabilidad que el emperador deseaba proyectar para su familia.

La mujer que posó como Venus

La fama de Paulina trascendió la política gracias al arte. Entre 1804 y 1808, el escultor Antonio Canova realizó una de las obras más célebres del neoclasicismo: una representación de la princesa convertida en Venus Victoriosa. La escultura la muestra reclinada sobre un diván, con una actitud serena y sensual que causó un enorme impacto en su época. La pieza, conservada actualmente en la Galería Borghese de Roma, terminó consolidando una imagen pública basada tanto en su belleza como en su carácter provocador. Con el paso del tiempo, aquella representación acabaría convirtiéndose en uno de los iconos artísticos más reconocibles del periodo napoleónico.

Sin embargo, la faceta más sorprendente de Paulina apareció cuando la fortuna política de Napoleón comenzó a derrumbarse. Mientras buena parte de la familia Bonaparte se alejaba del emperador tras su caída, ella permaneció a su lado. Fue la única de sus hermanos que lo visitó durante su exilio en la isla de Elba y llegó incluso a entregarle joyas y diamantes para ayudar a financiar su regreso al poder durante los Cien Días. También intentó acompañarlo posteriormente a Santa Elena, aunque las autoridades europeas nunca autorizaron ese viaje. Su lealtad contrastó con la imagen frívola que durante años había alimentado la prensa y la sociedad de la época.

Tal día como hoy, 9 de junio de 1825, murió en Florencia Paulina Bonaparte a los 44 años víctima de cáncer. Tras la muerte de Napoleón en 1821 se había retirado progresivamente de la vida pública, marcada por la enfermedad. Su figura sigue ocupando un lugar singular en la historia del Imperio: una princesa asociada tanto a la fama y la controversia como a una lealtad poco común hacia su hermano en los momentos más difíciles de su vida política.