Quitarse los pantalones a casi 9.000 metros tuvo premio: el Everest reveló un secreto del cuerpo humano
La nieve endurecida cedía bajo cada cramponazo mientras el viento obligaba a reducir el paso sobre la última pendiente de la montaña. Los montañeros avanzaban hacia la cima del Everest con el cuerpo inclinado y la respiración recortada por un aire que apenas alimentaba sus músculos.
Cada metro exigía detenerse unos segundos porque las piernas perdían fuerza antes de recuperar el ritmo. Las gafas se cubrían de escarcha mientras los guantes buscaban apoyo en la cuerda fija para impedir cualquier traspié. La cercanía de la cumbre aumentaba la presión sobre un organismo que ya trabajaba al límite. A esa altura cualquier demora podía convertir el último tramo en una amenaza.
La arteria femoral permitió obtener muestras con mayor seguridad
Cuatro escaladores aceptaron que les extrajeran sangre arterial cerca de los 8.400 metros durante la expedición Caudwell Xtreme Everest. Tuvieron que bajarse parte de la ropa térmica y dejar al descubierto la ingle mientras un compañero introducía una aguja en la arteria femoral.
Hugh Montgomery, profesor de medicina de cuidados intensivos en University College London e investigador del proyecto, explicó a ZME Science que el equipo descartó la arteria radial de la muñeca porque el frío extremo podía provocar espasmos. La femoral ofrecía un vaso mayor que podía pincharse y comprimirse con mayor seguridad.
Los análisis revelaron valores de oxígeno que en un hospital se considerarían propios de una urgencia grave aunque procedían de personas capaces de caminar cerca de la cima. Montgomery resumió ese contraste: “Eran niveles de oxígeno que habrías considerado mortales”.
El hallazgo obligó a revisar la explicación clásica de la aclimatación basada en respirar con más fuerza, aumentar el bombeo cardíaco y elevar la concentración de hemoglobina. Esa respuesta sostuvo el contenido de oxígeno arterial hasta los 7.100 metros, pero a 8.400 metros había caído un 26% respecto a ese nivel.
La supervivencia a semejante altitud dependía entonces de gastar menos energía por cada unidad de oxígeno disponible en los tejidos. El organismo podía recurrir con mayor frecuencia a los hidratos de carbono, que producen más energía útil por unidad de oxígeno que las grasas, mientras reducía tareas costosas como fabricar proteínas.
Montgomery comparó esa adaptación con aligerar un coche cuando queda poco combustible y explicó su precio fisiológico: “Desconectas lo que no utilizas especialmente la producción de proteínas”. Esa austeridad metabólica favorecía una pérdida considerable de masa muscular durante las estancias prolongadas en altura.
Los sherpas obtienen más rendimiento sin espesar tanto la sangre
El proyecto Xtreme Everest 2 examinó después a participantes sherpas para comprobar cómo varias generaciones de vida en altitud habían modificado esa respuesta. Un estudio posterior encontró menor capacidad para oxidar ácidos grasos, mejor aprovechamiento del oxígeno, mayor conservación de la energía muscular y más protección frente al estrés oxidativo. Su ventaja dependía de obtener más rendimiento de cada unidad disponible en lugar de espesar cada vez más la sangre.
La montaña permitió observar esos cambios porque los investigadores partieron de personas sanas y repitieron las mediciones durante el ascenso. La expedición reclutó a 198 senderistas y 24 investigadores, de los que 190 alcanzaron el campamento base situado a 5.300 metros.
Catorce integrantes del equipo siguieron hasta cotas superiores y doce llegaron al Collado Sur, a 7.950 metros. Allí instalaron un laboratorio con corriente alterna dentro de tiendas y cinco participantes completaron pruebas cardiopulmonares sobre bicicletas estáticas.
Quienes diseñaban un experimento debían someterse primero a él porque faltaban precedentes fiables para varias pruebas invasivas en esas condiciones. “La verdad es que había diseñado algunos experimentos que resultaron no ser nada seguros, como descubrí al llevarlos a cabo”, reconoció el doctor a ZME Science sobre anteriores experiencias. El material había pasado por cámaras frías e instalaciones hipobáricas, aunque ninguna simulación reproducía todos los riesgos de trabajar por encima de los 8.000 metros.
El estudio busca explicar por qué unas personas resisten mejor
Los investigadores aspiraban a obtener sangre en la propia cumbre, pero terminaron instalando el puesto de extracción en el Balcón durante el descenso. Ese punto se encuentra cerca de los 8.440 metros y permitió recoger cuatro muestras que establecieron un récord de altitud. El documento metodológico del proyecto advirtió después de que un escalador aclimatado no representa por completo a un paciente crítico.
Montgomery señaló que algunos pacientes toleran niveles muy bajos mientras otros empeoran con rapidez y el objetivo era descubrir los mecanismos de esa diferencia. El Everest ofrecía una reducción gradual del oxígeno en cuerpos sanos, algo que no puede provocarse deliberadamente en personas graves. Sus resultados abrieron líneas de investigación sobre el uso celular de la energía sin borrar las cautelas sobre su aplicación médica.
El cambio climático llevó las conclusiones del Everest a otro debate
Montgomery llevó después esa reflexión sobre los límites del cuerpo humano a otro ámbito muy distinto: el cambio climático. Como copresidente de Lancet Countdown on Health and Climate Change, participa en una iniciativa internacional que estudia cómo el calentamiento provocado por la actividad humana afecta a la salud. Sus informes relacionan este fenómeno con un aumento de las muertes, problemas sanitarios, sequías, inseguridad alimentaria y alteraciones en las cadenas de suministro.
Según datos de 2025 citados por ZME Science, el 89% de la población quería que sus gobiernos reforzaran las medidas frente a la crisis climática, aunque muchas personas ni siquiera sabían que esa opinión era mayoritaria.
Para Montgomery, una de las dificultades es que muchos responsables políticos no cuentan con la formación científica necesaria para comprender el alcance de los efectos biológicos, meteorológicos y económicos del calentamiento. Además, cree que las personas reaccionan con mucha más rapidez ante un peligro inmediato que afecta a alguien cercano que frente a amenazas que avanzan poco a poco, como ocurre con el cambio climático.
Esa es la conexión que establece con el Everest: igual que el cuerpo puede adaptarse durante un tiempo a la falta de oxígeno, pero pagando un precio, una sociedad también puede retrasar las consecuencias del calentamiento mediante distintas medidas, aunque no puede hacerlo de forma indefinida sin asumir un coste cada vez mayor.