De Reagan a Trump: el hotel Hilton vuelve a ser escenario de un atentado contra un presidente de Estados Unidos

Donald Trump no ha sido el único presidente estadounidense que ha salido airoso de un tiroteo en el lujoso hotel Hilton, situado en Washington. El 30 de marzo de 1981, otro hombre intentó acabar con la vida de otro inquilino de la Casa Blanca. En esa ocasión, el objetivo fue el republicano Ronald Reagan, quien no llevaba ni cien días en el cargo. 

El final para Trump y Reagan fue el mismo: el intento de asesinato cayó en saco roto gracias a la rápida actuación de las autoridades y del Servicio Secreto estadounidense. Y ambos mandatarios pueden decir que salieron indemnes. La segunda vez en poco tiempo, en el caso del actual inquilino de la Casa Blanca, quien, en 2024, sufrió un disparo en campaña. 

Otro intento de atentado en el hotel Hilton

El hotel Hilton siempre estuvo pensado para albergar grandes eventos en la capital estadounidense. Desde su apertura en 1965, a este histórico emplazamiento han acudido presidentes, jefes de estado, empresarios y figuras destacables de todos los ámbitos. No solo ha sido un lugar de paso, estancia o reposo, sino que su salón suele albergar eventos prestigiosos como la Cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca

Pero la historia de este icónico hotel también ha tenido sus sombras. La más recordada ocurrió el 30 de marzo de 1981, cuando John W. Hinckley se acercó a sus inmediaciones con la intención de acabar con la vida del entonces presidente estadounidense Reagan.

Esa tarde, Hinckley aprovechó el momento en el que Reagan se dirigía a su limusina. El tirador sacó un arma y disparó seis veces en 1,7 segundos, hiriendo al presidente, al secretario de prensa de la Casa Blanca, Jim Brady; al policía del Distrito de Columbia, Thomas Delahanty, y al agente del Servicio Secreto, Tim McCarthy.

Reagan salvó su vida gracias a la rápida actuación de los servicios de seguridad y del personal médico del Hospital de la Universidad George Washington, según recuerda la agencia de noticias estadounidense Associated Press (AP). Y el ataque se quedó sin castigo: Hinckley fue declarado inocente por razón de demencia.

A raíz del tiroteo a plena luz del día y ante decenas de periodistas, el Servicio Secreto reforzó la seguridad, como la instalación de detectores de metales para revisar a los visitantes en la Casa Blanca y en eventos públicos o la construcción de un garaje tipo búnker para que la limusina blindada pudiera estacionarse y dejar y recoger al presidente en la entrada VIP del hotel. 

Sin embargo, el histórico enclave ha vivido otro intento de asesinato. Los protagonistas han cambiado. En esta ocasión, el detenido es Cole Allen, un joven californiano de 31 años. Su objetivo era Donald Trump, quien participaba por primera vez en la Cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca. El autor se quedó a las puertas del salón y no llegó a entrar a una sala copada por las principales autoridades del país y por decenas de periodistas. 

Trump saca pecho por la actuación de los servicios de seguridad, que le han vuelto a salvar la vida en pocos años: “Estaba muy lejos, él no estaba de ningún modo cerca de traspasar las puertas del salón. El salón estaba sellado”.