El dinero se ha convertido en la herramienta con la que las grandes empresas tecnológicas intentan mantener su posición en un mercado cada vez más competitivo. En los últimos años, los directivos más poderosos del sector han decidido utilizar la remuneración como su principal arma para atraer y retener a los mejores especialistas. Los salarios y los paquetes de acciones han dejado de ser un incentivo secundario para transformarse en un elemento importantísimo de la estrategia empresarial.
En este escenario, los CEOs no dudan en ofrecer cifras desorbitadas con tal de asegurar la fidelidad de ingenieros y científicos que dominan tecnologías muy concretas. Este fenómeno responde a una lucha global por el talento que no solo afecta a la rentabilidad inmediata, sino que también condiciona la estructura financiera y el futuro de las compañías. Con ello, el mercado tecnológico se ha convertido en un laboratorio económico en el que el valor de las ideas depende, cada vez más, del precio que las empresas estén dispuestas a pagar por quienes las desarrollan.
OpenAI impone un nuevo récord salarial en Silicon Valley
The Wall Street Journal ha revelado que OpenAI paga una media de 1,5 millones de dólares por empleado, una cifra 34 veces superior a la de otras compañías tecnológicas antes de salir a bolsa. Con una plantilla cercana a 4.000 personas, esta política salarial eleva el gasto total a unos 6.000 millones de dólares y marca un récord sin precedentes en la historia reciente de Silicon Valley. Las compensaciones se reparten principalmente en acciones, una estrategia que busca fidelizar a los trabajadores mientras se aproxima la salida a bolsa prevista para 2026.
Cuando Google preparaba su debut bursátil en 2003, la compañía ofrecía a sus empleados una retribución media siete veces inferior a la que OpenAI concede hoy. El análisis del periódico estadounidense, basado en datos de Equilar, muestra que ninguna de las 18 grandes firmas tecnológicas estudiadas en los últimos 25 años se acerca a esos niveles. El estudio, por lo tanto, concluye que las cifras de OpenAI superan con amplitud los patrones de retribución previos al lanzamiento en bolsa.
El gasto de OpenAI en compensaciones salariales tiene una justificación clara: el temor a perder a sus mejores ingenieros. La empresa ha establecido una dinámica en la que las acciones y las bonificaciones reemplazan a los incentivos tradicionales. Algunos miembros del equipo de investigación ya figuran entre los empleados más ricos de Silicon Valley. Esta política busca evitar que los fichajes de la competencia erosionen la capacidad de desarrollo de los modelos de inteligencia artificial que la compañía diseña.
Meta entra en la pugna y dispara la competencia por los expertos en inteligencia artificial
La carrera por el talento se intensificó en los últimos meses. Según el mismo medio, el consejero delegado de Meta, Mark Zuckerberg, llegó a ofrecer paquetes de compensación de cientos de millones de dólares a investigadores y ejecutivos del ámbito de la inteligencia artificial. Esas ofertas provocaron la salida de más de 20 empleados de OpenAI, entre ellos Shengjia Zhao, coautor de ChatGPT. Para frenar esa fuga, la compañía otorgó primas únicas a parte de su personal técnico e investigador, algunas de ellas también millonarias.
A esta política se sumó la eliminación de la regla que obligaba a los trabajadores a permanecer seis meses antes de poder consolidar sus acciones, lo que incrementó aún más el valor efectivo de las compensaciones. Los documentos internos de OpenAI sugieren que este modelo podría alcanzar los 3.000 millones de dólares anuales en pagos en acciones hasta 2030, una cantidad que representaría cerca de la mitad de los ingresos previstos para 2025.
El coste del modelo crece, pero Altman defiende la inversión como una cuestión de supervivencia
Las cifras sitúan a OpenAI en una posición de referencia, pero también revelan los riesgos del modelo. El aumento del gasto en remuneraciones eleva las pérdidas operativas y diluye la participación de los accionistas existentes. Sin embargo, la empresa considera que los beneficios de retener talento superan los costes a corto plazo.
Para el fundador, Sam Altman, mantener a los expertos con perfiles más interesantes es una cuestión de supervivencia en una industria que se mueve con rapidez y en la que cualquier fuga de personal puede alterar años de desarrollo. Con ello, la batalla económica por los trabajadores especializados en inteligencia artificial se ha convertido en el principal motor financiero del sector tecnológico contemporáneo.