El valle de Hinnom, el lugar real dio origen a la imagen del infierno que aparece en la Biblia

Héctor Farrés

15 de marzo de 2026 13:38 h

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Algunas tradiciones religiosas describen un destino final de dolor que llega tras una vida marcada por decisiones contrarias a Dios. En esa visión aparece el infierno como un lugar donde las almas que han rechazado a Dios permanecen separadas de él y viven una experiencia permanente de sufrimiento.

La idea parte de la convicción de que cada persona responde libremente a la llamada divina y puede negarse a esa relación. Cuando esa negativa se mantiene hasta el final de la vida, la tradición cristiana habla de una condición definitiva que se identifica con la condenación. El infierno se presenta entonces como el estado al que llegan las almas condenadas, donde el sufrimiento expresa esa separación definitiva de Dios.

Un paraje cercano a Jerusalén origina una imagen futura de condena eterna

Esa imagen de castigo no nació de golpe. La tradición bíblica muestra una evolución larga que empezó con lugares y conceptos muy distintos de la idea posterior de infierno. En el mundo antiguo de Israel, la región de los muertos se vinculó con un lugar real situado al sur de Jerusalén. El valle de Hinnom dio origen al nombre Gehenna, una palabra que más tarde se usó para hablar del castigo eterno.

El valle de Hinnom aparece en el Libro de Josué como un punto geográfico cercano a Jerusalén. Allí existía un lugar llamado Topheth donde se realizaban ceremonias con fuego. El Libro de Jeremías recuerda ese espacio cuando denuncia sacrificios realizados en ese valle y recoge la crítica divina con estas palabras: “Construyeron los lugares altos de Baal en el valle del hijo de Hinnom para ofrecer a sus hijos e hijas a Molech”. Con el tiempo, esa zona vinculada al fuego y a ritos funerarios terminó asociándose a la idea de un destino de castigo tras la muerte.

Antes de que apareciera esa imagen, la tradición hebrea hablaba sobre todo de Sheol, la morada general de los muertos. No era un lugar de castigo ni de recompensa sino el destino común de todos. El Libro del Génesis describe el dolor de Jacob por la muerte de su hijo con una frase que refleja esa visión. “Bajaré en duelo a Sheol junto a mi hijo”. En ese momento la tradición religiosa no distinguía entre justos y malvados en el más allá.

Los textos sagrados presentan sombras antiguas que habitan el mundo subterráneo

Algunas partes de la Biblia describen además a los habitantes de ese mundo subterráneo. Los textos hablan de figuras llamadas Rephaim, una especie de sombras o espíritus de antiguos gobernantes y héroes. El Libro de Isaías describe esa reunión de figuras del pasado con una frase que alude a su despertar en el mundo de los muertos: “El Sheol se estremece para recibirte cuando llegas y despierta a las sombras”. La imagen muestra un reino silencioso donde los muertos conservan una forma tenue de existencia.

Otro término relacionado con ese mundo subterráneo fue Abaddon, palabra que significa destrucción. El Libro de Proverbios lo menciona junto a Sheol al hablar de la muerte como una realidad que nunca queda completa. El texto afirma: “Sheol y Abaddon nunca se sacian”. El Libro de Job también subraya que ese mundo permanece bajo la mirada divina cuando declara: “El Sheol está desnudo ante Dios y Abaddon no tiene cobertura”.

Los pensadores religiosos empezaron a rechazar ritos ligados a los difuntos

La actitud hacia estos temas cambió con el paso de los siglos. Algunos pensadores religiosos comenzaron a rechazar las creencias populares sobre espíritus y prácticas relacionadas con la invocación de muertos. El Libro del Eclesiastés refleja esa tendencia cuando afirma que “los muertos nada saben y ya no tienen recompensa”. Al mismo tiempo, los profetas criticaron con dureza los rituales realizados en el valle de Hinnom.

Las reformas religiosas impulsadas por reyes como Josías intentaron eliminar esas ceremonias. El Libro de los Reyes relata la medida tomada contra el lugar de sacrificios: “Profanó Topheth que está en el valle de Ben Hinnom para que nadie hiciera pasar a su hijo o a su hija por el fuego para Molech”. Ese rechazo marcó el abandono de aquellos ritos y reforzó la idea de que ese valle representaba algo negativo.

La reflexión teológica moderna interpreta la condena como una situación elegida

Con el paso de los siglos, el pensamiento judío y luego el cristiano reinterpretaron esas tradiciones. El Evangelio de Lucas presenta una escena que describe un castigo tras la muerte en la historia del rico y el pobre Lázaro: “En el Hades estaba siendo atormentado y levantó los ojos y vio a Abraham a lo lejos con Lázaro a su lado”. Esa narración introduce una separación clara entre destinos distintos después de la vida.

La tradición cristiana añadió además la idea de la liberación de los justos que habían muerto antes de Cristo. Fr. Terry Donahue explicó ese episodio al comentar un pasaje del Nuevo Testamento con estas palabras: “La Buena Noticia fue anunciada también a los muertos”. Según esa interpretación, Cristo descendió al lugar de los muertos para llevar el mensaje de salvación a quienes habían vivido antes de su misión.

El pensamiento cristiano posterior también reflexionó sobre el significado del infierno. Juan Pablo II explicó esa doctrina en una audiencia pública celebrada el 28 de junio de 1999. En esa catequesis afirmó que “el infierno indica la situación en que llega a encontrarse quien se aleja definitivamente de Dios”. Con esa interpretación el infierno dejó de entenderse solo como un lugar físico y pasó a describir una condición final elegida por la persona que rechaza la relación con Dios.