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El juicio contra Meta por causar adicción a los menores busca repetir la historia que tumbó el muro de las tabaqueras

Juan Gabriel García

Nueva York —
22 de agosto de 2026 21:56 h

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Mark Zuckerberg podría revivir en sus propias carnes el momentum que en los años 90 tumbó a las grandes tabaqueras. El juicio contra Meta que empezó esta semana en Oakland, California, recupera la arquitectura legal del caso que logró limitar a la gran industria del tabaco en EEUU. La demanda de 233 páginas liderada por California, Nueva Jersey, Colorado y Kentucky pone el foco en el hecho de que la empresa diseñó sus redes sociales (Instagram y Facebook) a sabiendas de sus efectos nocivos en los menores.

Este planteamiento también obliga a mirar a Meta desde un encuadre muy concreto, y que hace tres décadas fue clave para tener éxito contra las grandes tabaqueras. Antes de que se abriera el gran caso estatal, la industria había ganado más de 800 demandas privadas en las que se les exigía responsabilidades por los daños causados. Pero las compañías lograron escudarse poniendo el acento en la libertad individual y culpando al fumador de sus decisiones, a pesar de que ya había investigaciones que vinculaban el tabaco con el cáncer y otro tipo de afecciones.

Para evitar que volviese a caer en saco roto, los estados decidieron dejar fuera de la discusión la responsabilidad por los daños y apuntaron a las prácticas sistemáticas de la industria para fomentar el tabaco, especialmente entre los menores. Uno de los ejemplos más sonados es el dibujo animado Joe Camel, que la marca Camel presentó en 1988 y que era tan reconocible por los niños como Mickey Mouse.

Los fiscales aportaron documentos internos que demostraban que las compañías aplicaban sin ningún escrúpulo este tipo de estrategias con el objetivo de crear clientes de por vida y maximizar beneficios, a pesar de conocer los efectos perjudiciales de su producto. Entre las pruebas, había documentación interna que revelaba cómo se habían minimizado intencionadamente, o incluso ocultado, los efectos nocivos que provocaban los cigarrillos solo para ganar más dinero. La revelación de que la industria había priorizado sus beneficios a costa de enganchar a los niños fue una de las informaciones que más movilizó la opinión pública y, por tanto, al jurado.

Un acuerdo histórico que ahora se quiere replicar

Gracias a esta estrategia legal, se logró un acuerdo histórico con las grandes tabaqueras que incluía sanciones económicas y cambios en la manera en que se comercializaban los productos, especialmente en lo relativo a los niños.

Esta historia, la de ignorar deliberadamente el daño que causaba el producto en los usuarios para así maximizar beneficios, seguramente le resulte familiar a Meta. En 2022, se desató la polémica en Estados Unidos cuando se conoció que Facebook sabía que su algoritmo incitaba a las chicas a tener trastornos alimentarios y les recomendaba cuentas que fomentaban la anorexia. Otros memorandos que salieron a la luz también recogían la preocupación de algunos trabajadores de la compañía por una investigación interna que revelaba que una de cada tres adolescentes que usaba Instagram se sentía peor con su cuerpo. Además, las chicas jóvenes registradas en esta red social tenían niveles más elevados de ansiedad y depresión.

Todos estos casos son precedentes que han ayudado a construir el caso contra Meta bajo el mismo esquema de la acusación contra las tabaqueras de los 90. La Fiscalía pone el acento en que la compañía ya conocía los daños que provocaban sus plataformas en los menores, pero decidió hacer caso omiso.

La otra parte de la demanda pivota sobre las acusaciones contra Meta de haber recopilado datos de menores de 13 años de forma habitual sin el consentimiento de sus padres, lo que supondría una violación de las leyes federales y estatales. Los documentos judiciales recogen que la compañía “se niega a abandonar el uso de funciones perjudiciales conocidas” y que sus motivos se basan en el lucro para “maximizar sus ganancias financieras”.

El martes, en la sesión inicial del juicio, la fiscal adjunta de California, Megan O'Neill, hacía referencia a una serie de documentos internos de Meta que decían que “los jóvenes son lo mejor”, ya que “los adolescentes están enganchados a pesar de cómo les hace sentir [la plataforma]. Instagram es adictivo”. O'Neill ya ha avanzado que esta será una de las principales líneas argumentales del juicio, con testimonios y documentos internos descubiertos por los fiscales federales mientras investigaban a la empresa de Zuckerberg.

Ahí está precisamente una de las claves de la estrategia de los fiscales: no necesitan demostrar primero en qué grado es responsable Meta de los efectos negativos de Instagram y Facebook. Necesitan demostrar otra cosa más sencilla: que la compañía conocía esos efectos perjudiciales, pero aun así decidió seguir adelante por el beneficio que le reportaban. Una información que, además, se ocultó deliberadamente al público.