El castillo medieval a 650 metros de altitud que corona esta aldea histórica de Portugal ubicada en la ladera de una sierra

Castelo Novo se sitúa en plena Serra da Gardunha, dentro del municipio portugués de Fundão, en un entorno donde la pendiente, el granito y la huella medieval marcan buena parte del paisaje. Forma parte de las Aldeas Históricas de Portugal, una red de doce localidades que conservan estructuras antiguas y un patrimonio muy ligado a la evolución del interior del país. En este caso, el pueblo se despliega sobre una ladera y mantiene una conexión directa con el castillo que le da nombre, ubicado en la zona más alta y convertido en su principal referencia visual.

Recorrer Castelo Novo implica hacerlo a pie, entre calles adoquinadas, casas de granito, desniveles constantes y pequeños rincones que reflejan cómo el núcleo se fue adaptando al terreno. El trazado urbano es irregular, con manzanas de formas diversas, calles estrechas, pasos que acortan distancias y escaleras que salvan la inclinación de la sierra. Esta disposición, común en muchos enclaves medievales, explica el carácter laberíntico del casco antiguo y facilita la conexión entre la fortaleza y otros puntos de interés, como iglesias, fuentes, antiguas casas administrativas o construcciones ligadas a la vida tradicional.

El castillo templario que dio nombre al pueblo

El origen de Castelo Novo está ligado a los territorios entregados a los caballeros templarios a comienzos del siglo XIII. En 1208, Pedro Guterres donó estas tierras a la Orden de los Templarios. Estas cesiones tenían como objetivo asegurar el control de los espacios conquistados a los musulmanes y reforzar la defensa de una zona interior con valor estratégico. En ese contexto se enmarca la construcción del castillo, que ya estaba en marcha o en sus primeras fases por entonces.

La fortificación se levanta a unos 650 metros de altitud y ocupa la parte superior del núcleo, sobre un área rocosa que domina la ladera de la Serra da Gardunha. Su ubicación explica el papel que desempeñó en la organización del asentamiento: el pueblo creció bajo su protección, sin llegar a contar con una muralla propia, y se fue extendiendo por el desnivel. Desde este punto se entiende la relación entre la función defensiva original y la forma actual del casco histórico.

El nombre de la localidad procede precisamente de esta fortaleza. En la zona existía un castillo anterior, pero fue abandonado al no ofrecer buenas condiciones defensivas. La nueva construcción terminó consolidándose como referencia y acabó dando nombre al pueblo. Aunque el castillo medieval sufrió daños importantes tras el terremoto de 1755, sus restos siguen marcando la silueta de Castelo Novo y mantienen su peso dentro del conjunto histórico.

Hoy en día, la visita al castillo es más accesible gracias a pasarelas y estructuras instaladas sobre la roca, que permiten alcanzar las zonas principales del recinto. Desde la parte alta se observan la torre del reloj, la torre del homenaje, el caserío de granito y el entorno natural de la sierra. Más allá de su función como mirador, la fortificación ayuda a entender el origen de la aldea, su vínculo con los templarios y la importancia de la defensa en la configuración de este núcleo portugués.

Qué ver en Castelo Novo además de la fortaleza

El casco antiguo reúne varios espacios que completan la visita más allá del castillo. Uno de los puntos destacados es la zona de la antigua Casa da Câmara, un edificio que recuerda el pasado administrativo de la localidad y que hoy ya no cumple esa función. A su alrededor se concentra parte del patrimonio civil, con casonas señoriales y construcciones de granito que refuerzan la identidad arquitectónica del conjunto. Estos elementos muestran que el interés del pueblo no depende solo de la fortificación, sino también de la conservación de su estructura histórica.

En el Largo da Bica se encuentra una fuente del siglo XVIII con influencia barroca, uno de los elementos más reconocibles de la aldea. Este tipo de construcciones permite seguir la evolución del núcleo tras la Edad Media y entender cómo se fueron incorporando nuevos elementos con el paso del tiempo.

La arquitectura religiosa también tiene un papel relevante. La iglesia principal, dedicada a Nuestra Señora de la Gracia, se sitúa en el Largo do Adro y data del siglo XVIII. Cerca del castillo se encuentra la capilla de Santo António, atribuida a la segunda mitad del siglo XVI, mientras que la iglesia de la Misericordia corresponde a la segunda mitad del siglo XVII. Estos templos, de distintas épocas, permiten completar la lectura histórica del lugar y reflejan la consolidación de sus espacios de culto.

El recorrido puede cerrarse con elementos vinculados a los usos tradicionales y al entorno natural. Destaca el antiguo lagar de vino excavado en la roca, compuesto por dos pilones que se utilizaban para pisar la uva y recoger el mosto. A la entrada del pueblo se localiza también la playa fluvial de Castelo Novo, alimentada por la Ribeira de Alpreada. De este modo, la visita combina patrimonio histórico, arquitectura, espacios religiosos y elementos ligados al agua en una aldea marcada por la Serra da Gardunha.