El cementerio escocés que inspiró a J. K. Rowling para Harry Potter: con fama de estar embrujado y lleno de vegetación

La magia de Harry Potter se fraguó en Edimburgo. La ciudad escocesa sirvió de inspiración a la británica J.K. Rowling, que escribió gran parte de la saga allí y se inspiró en muchos de sus rincones históricos para crear la saga del joven mago, seguramente el más famoso de la historia. Para el Callejón Diagon, el sitio de compras habitual, la escritora se fijó en las fachadas y en la forma de Victoria Street. La escuela de Hogwarts fue una realidad (en la ficción) gracias a George Heriot's School, un histórico colegio del siglo XVII. 

Los momentos más tristes y tensos de la saga también salieron de Edimburgo. Hablamos de la escena que ocurre en un cementerio durante Harry Potter y el cáliz del fuego, la cuarta entrega. El mago, que participa contra su voluntad en el Torneo de los Tres Magos, aparece en un cementerio de forma involuntaria, llevado ahí por un traslador. Se reencuentra con Lord Voldemort, que termina reviviendo gracias a la colaboración de sus seguidores y contra la voluntad de Harry, atrapado en la tumba de la familia Riddle. 

Las tumbas y el lugar que aparecen la ficción están inspirados en Greyfriars, un céntrico cementerio escocés al que no le faltan atributos: hay descansan algunos ciudadanos con más renombre del país, el lugar tiene fama de estar embrujado, es único por sus monumentos góticos y renacentistas y está rodeado de vegetación. A su lado, se encuentra Greyfriars Kirk, una histórica iglesia construida entre 1602 y 1620. 

Greyfriars sirvió como fuente de inspiración para J.K. Rowling. Tanto por su arquitectura como por los apellidos de las personas que están ahí enterradas. Seguramente el más llamativo sea el Riddell, casi idéntico al apellido del malvado de la saga literaria y cinematográfica: Tom Marvolo Riddle. 

Harry Potter, Bobby y Mackenzie

Greyfriars se inauguró como cementerio municipal en 1562, en el lugar que ocupaba un antiguo convento franciscano. Además de por Harry Potter, es célebre por la historia de Greyfriars Bobby, un perro que se hizo conocido en Edimburgo en el siglo XIX por permanecer junto a la tumba de su dueño, John Gray, hasta su muerte el 14 de enero de 1872. En honor del can, se enterró ahí y se colocó una lápida. También se levantó una estatua, que se encuentra del lado opuesto de la puerta del cementerio, en el cruce del puente George IV. 

El cementerio de Greyfriars le debe su fama a otros eventos, como la firma del Pacto Nacional (National Covenant) en 1638, un histórico acuerdo que supuso un entendimiento entre parte de la población civil y de la nobleza escocesa para defender la autonomía de la Iglesia frente a los intentos de imposición de la corona inglesa. 

Greyfriars también tiene fama de estar embrujado. De hecho, se le vincula con el abogado escocés George Mackenzie, principal responsable de la política persecutoria de Carlos II en Escocia contra los Covenanters Presbiterianos. De ahí, que se le conociese como El sangriento. Fue enterrado allí en 1691 y se ha vinculado su nicho con numerosos fenómenos paranormales, lo que explica que se haya convertido en un punto de peregrinación para curiosos.