La historia del parque que cumple 125 años en la cima de Barcelona: nació como una Sociedad Anónima
Hoy es uno de los lugares más reconocibles de Barcelona, pero el Tibidabo que millones de personas conocen estuvo a punto de no existir. La transformación de la montaña comenzó formalmente el 20 de febrero de 1899, cuando se constituyó la Sociedad Anónima El Tibidabo, una empresa creada con el objetivo de urbanizar la zona y convertir aquella cumbre, entonces alejada y poco accesible, en un gran espacio de ocio para la ciudad, según narran en su página oficial.
Aquella sociedad, como cuentan, reunió a algunas de las “personalidades” más destacadas “de la época, como los señores Rómulo Bosch y Alsina, Romano Macayá, Francisco Simón, Teodoro Roviralta o el propio Salvador Andreu”. Este último fue quien impulsó el proyecto. Los planes eran ambiciosos: construir una ciudad-jardín en la parte baja de la montaña, crear un tranvía, instalar un funicular y desarrollar un centro recreativo en la cima.
Tal y como dice la web del Tibidabo en su sección sobre su historia, “el 20 de febrero de 1899 se constituía la Sociedad Anónima El Tibidabo”, y aquel proyecto acabaría cambiando para siempre la relación de Barcelona con la montaña más alta de la Serra de Collserola.
Una montaña aislada
Basándonos en los datos que exponen en su web, a finales del siglo XIX el Tibidabo era un lugar frecuentado principalmente por excursionistas, pastores y los pocos habitantes que residían en la zona. La falta de comunicaciones convertía el acceso en una tarea complicada, lo que limitaba enormemente las visitas.
Las obras arrancaron en el 1900 y apenas un año después ya se inauguraban tres de las infraestructuras clave del proyecto: la avenida principal, el tranvía y el funicular. Este último se convirtió en el primero de sus características en España y permitió que miles de barceloneses pudieran alcanzar cómodamente una cima que hasta entonces resultaba bastante inaccesible.
La respuesta de la ciudadanía fue inmediata. Por primera vez era posible contemplar Barcelona desde las alturas y disfrutar de unas vistas prácticamente desconocidas para la mayoría de la población. Aquellos primeros visitantes pertenecían principalmente a las clases acomodadas, pero poco a poco el espacio fue popularizándose. Cafés, restaurantes, espectáculos y nuevas atracciones comenzaron a aparecer en la montaña, consolidando el nacimiento del futuro parque de atracciones.
Del primer carrusel a la Cuca de Llum
En un carrousel de décadas en su web, la página oficial narra la evolución del Tibidabo como un constante durante todo el siglo XX. En 1910 llegó el Carrusel Eléctrico y en 1915 se inauguró el Ferrocarril Aéreo, una atracción que todavía continúa funcionando y que se convirtió en una de las grandes novedades de la época al ofrecer sensación de vuelo a los visitantes.
Tras la Guerra Civil y la posguerra, el parque vivió una nueva etapa de crecimiento. Durante los años cincuenta se modernizaron las instalaciones y aparecieron atracciones que marcarían a varias generaciones de barceloneses. También nacieron dos de los símbolos más reconocibles del recinto: Doña Atalaya y Don Avión.
Las décadas posteriores trajeron nuevas incorporaciones y una constante renovación de la oferta de ocio. La noria, el Supertobogán, la Nave Cósmica, los coches eléctricos o las camas elásticas fueron ampliando un parque que se convirtió en una referencia para miles de familias. En la actualidad, el Tibidabo sigue mirando al futuro. La gran transformación reciente llegó con la inauguración de la Cuca de Llum, el nuevo funicular que conecta la ciudad con la montaña en apenas cuatro minutos y que apuesta por una movilidad más sostenible. Una infraestructura que, más de un siglo después de la creación de aquella Sociedad Anónima, mantiene vivo el mismo objetivo que inspiró a sus fundadores: acercar el Tibidabo a Barcelona.