Día Europeo de los Parques: este famoso parque catalán iba a ser una urbanización burguesa llamada 'la Montaña Pelada'

Turistas en el Parque Güell de Barcelona.

Adrián Roque

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Hoy resulta difícil imaginar Barcelona sin el colorido banco ondulado del Park Güell, sin sus viaductos imposibles o sin las columnas que parecen surgir de la propia montaña. El parque forma parte de esa postal colectiva de la ciudad que millones de personas reconocen incluso antes de haber pisado Cataluña. Pero lo cierto es que aquel lugar nunca nació con la intención de convertirse en uno de los grandes espacios públicos de la capital catalana.

De hecho, el proyecto original era justo el contrario. A principios del siglo XX, Eusebi Güell encargó a Gaudí la creación de una urbanización privada para familias acomodadas en una zona entonces conocida popularmente como “la Montaña Pelada”. Lo que hoy es uno de los grandes reclamos de qué ver en Barcelona iba a ser, en realidad, un exclusivo complejo residencial inspirado en los modelos británicos de ciudad jardín.

La ubicación parecía perfecta para aquella idea. El terreno tenía vistas al mar, aire limpio y una situación privilegiada sobre la llanura barcelonesa. En una ciudad cada vez más industrializada y congestionada, la propuesta aspiraba a ofrecer una especie de refugio burgués entre naturaleza y arquitectura modernista. Tal y como dice la misma web del Park Güell, el objetivo era crear una urbanización “para familias acomodadas” en una gran finca adquirida por Güell. Aquel proyecto contemplaba unas 60 parcelas triangulares conectadas mediante caminos, escaleras y viaductos adaptados a la complicada topografía del terreno.

Numerosas personas disfrutan del buen tiempo en el Parc Güell de Barcelona este jueves. EFE/Enric Fontcuberta

El Park Güell que quiso construir Gaudí

La idea no era únicamente construir viviendas elegantes. Había toda una filosofía urbanística detrás del proyecto. Güell quería reproducir el modelo de los parques residenciales británicos, de ahí que el nombre escogido fuera “Park Güell”, utilizando directamente el término inglés. En el fondo, el proyecto intentaba equilibrar urbanización y paisaje en una época en la que Barcelona empezaba a expandirse sin demasiado control.

Ahí aparece también la mirada de Gaudí, que trató de integrar el entorno natural dentro del diseño. El arquitecto respetó buena parte de la vegetación existente y apostó por especies mediterráneas con poca demanda de agua. Además, desarrolló sistemas de captación y almacenamiento hídrico inspirados en soluciones rurales que había conocido durante su infancia.

Esa relación entre arquitectura y naturaleza sigue siendo una de las claves que explican por qué el Park Güell continúa fascinando más de un siglo después. No parece un espacio impuesto sobre la montaña, sino una prolongación de ella. Los viaductos se confunden con la roca, las columnas recuerdan troncos y los caminos siguen las formas naturales del terreno.

Las obras comenzaron oficialmente en 1900 y avanzaron con rapidez durante los primeros años. En apenas tres años ya estaban terminados elementos fundamentales del recinto, como los pabellones de entrada, la gran escalinata o parte de la explanada principal. Poco después se completaría también la famosa Sala Hipóstila y, en 1914, el icónico banco cerámico que hoy define gran parte de la imagen del parque.

Durante aquellos años, el recinto empezó a llenarse de vida. Según cuenta la web, “El primero en comprar, en 1902, una parcela en el Park fue un amigo de Güell, el abogado Martín Trias i Domènech, que encargó la construcción de su chalé al arquitecto Juli Batllevell”. Y el propio Gaudí se trasladó a vivir al recinto en 1906 junto a su familia.

De fracaso urbanístico a símbolo de qué ver en Barcelona

Sin embargo, el proyecto nunca terminó de funcionar. Y ahí aparece una de las grandes ironías de la historia del Park Güell. Aquella urbanización exclusiva destinada a las élites barcelonesas acabó siendo un fracaso comercial. Al final, solo llegaron a construirse dos de las sesenta casas previstas. En 1914 las obras quedaron abandonadas y el recinto empezó a transformarse en otra cosa. Ya no era una urbanización privada viable, pero sí un inmenso jardín monumental que comenzaba a llamar la atención de visitantes y curiosos.

Tal y como explica la propia web oficial, “El parque se convertía así en un gran jardín privado, que Güell cedía para actos públicos, mientras empezaba a aparecer en las guías turísticas de Barcelona como uno de los puntos de atracción de la ciudad”.

Con el tiempo, el antiguo proyecto residencial terminó convertido en uno de los grandes pulmones culturales y turísticos de la ciudad. La casa de la familia Güell pasó a utilizarse como escuela pública y la vivienda donde residió Gaudí acabó transformada en museo.

Hoy el Park Güell forma parte del imaginario mundial de Barcelona y es uno de los espacios más reconocibles de los parques de Barcelona. Fue declarado monumento artístico en 1969 y reconocido como Patrimonio de la UNESCO en 1984, una distinción que consolidó definitivamente su dimensión internacional.

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