Esta es la historia real tras las galerías de compras más famosas de la capital española

Entender Madrid pasa, muchas veces, por mirar hacia arriba. Por fijarse en las fachadas, en los frisos, en las puertas que parecen decorativas pero que antes custodiaban algo más que escaparates. En pleno corazón de la ciudad, entre Alcalá, Sevilla, la Plaza de Canalejas y la Carrera de San Jerónimo, se concentra un conjunto de siete inmuebles que explican como pocos la historia de Madrid. Hoy los conocemos como Galería Canalejas, pero durante más de un siglo fueron otra cosa muy distinta.

Hablar de estas galerías no es hablar solo de compras en Madrid, sino de banca, arquitectura, poder económico y de cómo la ciudad ha ido reutilizando sus propios espacios sin borrarlos del todo. Porque aquí, antes que tránsito de visitantes, hubo cajas de seguridad, patios de operaciones y despachos que marcaron el pulso financiero del país.

El origen: cuando Madrid se pensaba en clave bancaria

La historia arranca en 1887, cuando una gran aseguradora neoyorquina encargó al arquitecto José Grases Riera la construcción de su sede madrileña en la intersección de Sevilla y Alcalá. Nacía así el Palacio de la Equitativa, un edificio que albergó oficinas, viviendas, el antiguo Casino de Madrid y comercios a pie de calle. Era un Madrid en expansión, que empezaba a parecerse a las grandes capitales europeas.

A comienzos del siglo XX, la manzana se fue consolidando como un centro financiero de primer orden. En 1902 se colocó la primera piedra del Banco Hispano Americano, obra del arquitecto Eduardo de Adaro, cuya fachada sigue presidiendo hoy la Plaza de Canalejas. Y en 1922, el Palacio de la Equitativa pasó a manos del Banco Español de Crédito, inaugurado en presencia del rey Alfonso XIII.

En ese proceso, los comercios abiertos a la calle desaparecieron de la planta baja. El edificio se cerró hacia dentro, como tantos otros inmuebles financieros del centro. La ciudad seguía creciendo, pero algunos espacios se volvían cada vez más inaccesibles para el ciudadano común.

Siete edificios, una sola historia urbana

A lo largo del siglo XX se fueron sumando nuevas sedes bancarias al conjunto. En 1942, el Banco Zaragozano abrió su edificio en la calle Alcalá, con una fachada reconocible por el friso escultórico de Frederic Marès y una llamativa rejería art déco. Durante décadas, estas construcciones funcionaron de forma independiente, aunque compartían algo esencial: su papel central en la vida económica de la ciudad.

El punto de inflexión llegó en 1999, con la fusión bancaria que conectó interiormente varios de estos inmuebles. Por primera vez, los edificios dejaban de ser compartimentos estancos. Esa unión sería clave para lo que vendría después.

Hablar hoy de edificios históricos de Madrid implica entender este tipo de transformaciones. No se trata de conservarlos como piezas de museo, sino de darles un nuevo uso sin borrar su pasado. Y eso es precisamente lo que ocurrió aquí.

De sedes financieras a Galería Canalejas

En 2012, el conjunto de los siete edificios pasó a manos privadas y se puso en marcha un ambicioso proyecto de rehabilitación bajo la dirección del Estudio Lamela. El objetivo no era demoler, sino recuperar. Así nació Centro Canalejas Madrid, un complejo que reorganizó los espacios interiores y devolvió al público zonas que llevaban décadas cerradas.

Dentro de ese proyecto se integra Galería Canalejas, un espacio que ocupa varias plantas y que funciona como eje de compras en Madrid, pero también como recorrido arquitectónico. Caminar por sus pasillos es, en realidad, atravesar antiguos patios bancarios, vestíbulos restaurados y estructuras que mantienen su identidad original.

Una restauración que explica la ciudad

La rehabilitación fue minuciosa. Más de 8.000 metros cuadrados de fachadas y miles de piezas históricas fueron restauradas con técnicas artesanales. Vidrieras, mármoles, barandillas, frisos y capiteles recuperaron su lugar. Incluso las puertas acorazadas de antiguas cajas de seguridad, rescatadas de los subterráneos, hoy forman parte del recorrido.

Todo ello convierte a Galería Canalejas en algo más que un espacio comercial. Es un ejemplo claro de cómo la historia de Madrid se puede leer en capas: primero aseguradora, luego banco, más tarde conjunto financiero y, finalmente, espacio abierto a la ciudad.

Por eso, cuando se habla de compras en Madrid en este punto concreto del centro, conviene levantar la vista y mirar alrededor. Porque aquí no solo se compra. Aquí se camina, literalmente, sobre más de cien años de ciudad.