El jardín del siglo XVIII que combina tres estilos distintos y todavía alberga un búnker de la Guerra Civil en Madrid

Madrid conserva varios parques históricos que permiten conocer diferentes etapas de la ciudad a través de sus jardines, edificios y elementos decorativos. Algunos nacieron como propiedades privadas vinculadas a familias aristocráticas y terminaron integrándose en el entorno urbano. En el barrio de Alameda de Osuna se encuentra El Capricho, un parque cuyo origen se remonta a finales del siglo XVIII y que reúne arquitectura, zonas ajardinadas y restos relacionados con la Guerra Civil.

La propiedad comenzó a desarrollarse en 1787 por iniciativa de María Josefa de la Soledad Alonso Pimentel, duquesa de Osuna, y las obras se prolongaron hasta 1839. Durante esos años fue tomando forma un lugar pensado para el paseo, el ocio y la vida social, frecuentado por intelectuales, artistas y otras personalidades de la época. A lo largo del terreno se construyeron pabellones, pequeñas edificaciones y distintos elementos decorativos que quedaron incorporados a los caminos y todavía hoy pueden verse durante la visita.

Con el paso de los años, el parque fue sumando elementos pertenecientes a momentos históricos muy diferentes. A los jardines y construcciones de los siglos XVIII y XIX se añadió durante la Guerra Civil un refugio subterráneo destinado a funciones militares. De esta forma, El Capricho conserva tanto el pasado de una propiedad aristocrática creada para el recreo como las huellas de un periodo en el que parte del terreno tuvo que adaptarse a las necesidades de un conflicto armado.

Un jardín con tres estilos diferentes

Una de las principales características de El Capricho es la combinación de tres estilos de jardinería. Frente a la fachada oeste del palacio se encuentra el parterre o jardín francés, organizado mediante formas geométricas y setos recortados. En la parte baja aparece el giardino italiano, considerado la zona más antigua, donde los árboles y los espacios de sombra se mezclan con los setos. Hacia el norte se extiende el jardín paisajista inglés, planteado con líneas más libres y un diseño menos sujeto a la geometría.

Cerca de la zona italiana se encuentra también el laberinto de laurel, cuyo trazado actual mantiene el diseño de los planos originales. A su alrededor aparecen algunos de los llamados caprichos que dieron carácter a la propiedad, como el Abejero, un pabellón pensado para observar la actividad de las abejas; el embarcadero, la ermita, el fortín, el Casino de Baile y la Casa de la Vieja, construida para recrear una vivienda de ambiente rural.

El parque conserva además templetes, fuentes, puentes, plazoletas, esculturas, una ría y el Palacio de los Duques de Osuna. Desde la entrada parte un camino principal acompañado por dos casetas destinadas a los guardas. Este eje conduce hasta la plaza de los Emperadores y continúa hacia la fachada posterior del palacio, mientras que otros senderos van comunicando las distintas zonas ajardinadas con las construcciones repartidas por el terreno.

La duquesa de Osuna fue adquiriendo la propiedad y los terrenos cercanos entre 1783 y 1803, dando forma poco a poco a un proyecto en el que se mezclaban naturaleza, arquitectura y ocio. El lugar funcionó también como punto de encuentro para figuras de la vida cultural de la época y acogió actividades teatrales y musicales. Con los años se incorporaron nuevos elementos artísticos y escultóricos que fueron ampliando el conjunto y dando forma al parque que ha llegado hasta la actualidad.

El búnker de la Guerra Civil

Bajo una parte de El Capricho se conserva el búnker de la Posición Jaca, construido alrededor de 1937 para albergar el Cuartel General del Ejército Republicano del Centro. El lugar reunía varias condiciones útiles para instalar allí el cuartel general: estaba alejado del frente, disponía de buenas comunicaciones y la vegetación permitía ocultar mejor las instalaciones desde el exterior. El refugio quedó así bajo unos terrenos que hasta entonces habían tenido principalmente un uso ligado al ocio y los jardines.

La estructura ocupa unos 2.000 metros cuadrados y se sitúa aproximadamente a 15 metros de profundidad. Fue diseñada para soportar el impacto de bombas de hasta 100 kilos. En el interior se distribuyen siete estancias rectangulares, cuatro a un lado y tres al otro, junto con diferentes zonas de paso que permitían desplazarse por el complejo sin necesidad de salir a la superficie.

El sistema dispone de cuatro salidas hacia el exterior del parque y de una galería de escape que llega hasta la calle después de atravesar el subsuelo del Palacio de los Duques de Osuna. Los accesos y las dependencias conservadas formaban parte de una infraestructura preparada para dar servicio al cuartel general durante la Guerra Civil.

La existencia del búnker añade una etapa muy distinta a la historia del parque. Sobre la superficie siguen estando los caminos, jardines y construcciones que comenzaron a levantarse a finales del siglo XVIII, mientras que bajo tierra permanece una infraestructura militar construida casi siglo y medio después. Ambos elementos permiten entender cómo un mismo lugar fue cambiando de uso con el paso del tiempo y conservó huellas de etapas muy distintas de la historia de Madrid.