De manantial curativo a parque de atracciones: los 440 años de Bakken, el más antiguo del mundo que todavía funciona

En el siglo XVI, los habitantes de Copenhague tenían un problema: el agua de la ciudad era tan mala que muchos preferían recorrer diez kilómetros hacia el norte para beber de un manantial en el bosque. En 1583, una mujer llamada Kirsten Piil descubrió ese manantial en el bosque de Dyrehaven y la noticia corrió rápido: el agua era limpia y muchos llegaron a decir incluso que tenía propiedades curativas. La gente empezó a desplazarse hasta allí en masa, y con ellos aparecen músicos, vendedores y feriantes que querian hacer negocio. Así, casi sin quererlo, nació el parque de atracciones más antiguo del mundo que todavía funciona: Dyrehavsbakken, conocido simplemente como Bakken.

Durante casi un siglo, el acceso fue intermitente. En 1669, el rey Federico III convirtió la zona en coto de caza real y parque de animales, cerrando el paso al público. Su hijo, Cristian V, amplió el recinto hasta tres o cuatro veces su tamaño original, y no fue hasta 1756 cuando Federico V abrió de nuevo las puertas a los ciudadanos. Con el público regresaron los artistas, los juegos y los restaurantes ambulantes, y el entretenimiento fue profesionalizándose hasta dar lugar al parque que hoy conocemos.

Un parque sin dueño único

Uno de los rasgos más singulares de Bakken es que no pertenece a ninguna gran empresa. El parque es, en realidad, una colección de pequeños negocios familiares independientes, cada uno propietario de su atracción, su puesto de comida o su espectáculo. En 1885, los propietarios de los puestos fundaron la Asociación de Propietarios de Carpas de Dyrehavsbakken, que mejoró la recogida de basuras, el suministro de agua y la publicidad, y llevó la electricidad al parque. La asociación sigue activa hoy en día y todos los negocios están obligados a afiliarse. Para mantener esa estética histórica, en Bakken no se permiten grandes carteles de neón ni cadenas internacionales de comida rápida.

La entrada al recinto sigue siendo gratuita, igual que en sus orígenes. El visitante solo paga por las atracciones que quiere disfrutar, con opción de pases individuales o combinados. Eso no ha impedido que Bakken reciba entre 2,5 y 2,9 millones de visitantes al año, siendo la segunda atracción más popular de Dinamarca, solo por detrás de los Jardines de Tivoli. La paradoja es perfecta: dos de los parques de atracciones más antiguos del mundo están en el mismo país y en la misma ciudad, pero con las posiciones intercambiadas. Bakken es el primero en antigüedad y el segundo en visitas, y Tivoli, al revés.

La montaña rusa con copiloto humano

Entre las más de treinta atracciones del parque, ninguna explica mejor su carácter que la Rutschebanen, una montaña rusa de madera diseñada por el ingeniero danés Valdemar Lebech e inaugurada el 16 de mayo de 1932. Sus datos técnicos son modestos para los estándares actuales (852 metros de recorrido, 22 metros de altura máxima y velocidades de hasta 75 km/h en las bajadas más pronunciadas), pero tiene una cosa que la hace única: durante décadas, cada tren llevaba a bordo un operador de frenos humano encargado de controlar la velocidad manualmente durante el recorrido, una práctica heredada de los primeros parques de atracciones que convierte cada vuelta en una 'experiencia artesanal'.

Bakken abre de finales de marzo a finales de agosto dentro del parque natural de Jægersborg Dyrehave, declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2015 por su paisaje de caza real diseñado en los siglos XVII y XVIII. Los 11 kilómetros cuadrados del parque albergan unos 2.000 ciervos en libertad, acostumbrados a la presencia humana aunque está prohibido tocarlos o alimentarlos. A pocos minutos a pie se encuentra Bellevue Beach, desde donde en días despejados se distingue la costa sueca en el horizonte.