El calor extremo obliga a aumentar la prevención: “La mejor herramienta para combatirlo es el sentido común”
El incremento de las olas de calor y de las temperaturas extremas está teniendo un impacto cada vez mayor sobre la salud de la población. En declaraciones a Europa Press, el médico del Servicio de Urgencias del Hospital Quirónsalud Zaragoza, Julián Cremallet, ha advertido de que el aumento sostenido de las temperaturas en los últimos años está provocando un mayor número de complicaciones médicas, especialmente entre las personas más vulnerables, y ha insistido en que la mejor herramienta para prevenirlas sigue siendo “aplicar sentido común”.
“Desde hace años vamos viendo que sube la temperatura y que las complicaciones derivadas del calor están afectando al ser humano”, ha explicado el facultativo, quien ha señalado que el aumento de entre cuatro y cinco grados registrado en los últimos años está haciendo que “los cuerpos y, sobre todo, las viviendas no estén adaptados a estos cambios”.
Según Cremallet, aunque las personas mayores y los niños siguen siendo los colectivos más vulnerables, también existe un grupo de pacientes del que habitualmente se habla menos. “No nos podemos olvidar de los pacientes oncológicos, las personas malnutridas o quienes presentan patologías que los hacen especialmente sensibles a estos cambios”, ha indicado. “Lo están pasando peor e incluso estamos ingresando a más personas que antes por estas causas”.
El especialista ha explicado que las altas temperaturas obligan al organismo a realizar un importante esfuerzo para regular la temperatura corporal, una situación que incrementa el riesgo de deshidratación, pérdida de sales minerales y agotamiento físico.
Evitar las horas centrales y reconocer los primeros síntomas
El médico ha recomendado evitar cualquier actividad física intensa durante las horas centrales del día y desplazar el ejercicio a primera hora de la mañana o al final de la tarde. “Salir a correr a las cuatro de la tarde, salvo que seas un ultramaratoniano muy preparado y con una hidratación excelente, es una auténtica locura”, ha afirmado. Como alternativa, ha aconsejado optar por actividades acuáticas o realizar deporte en los momentos de menor temperatura.
Entre los primeros síntomas de un golpe de calor o una insolación, Cremallet ha citado el mareo, la sudoración excesiva, la visión borrosa o doble y la sensación de agotamiento. Ante estas señales, recomienda detener inmediatamente la actividad, buscar un lugar con sombra e hidratarse.
El facultativo también ha alertado sobre uno de los errores más frecuentes: intentar enfriar el cuerpo de forma brusca. “No podemos meternos directamente en agua con hielo porque provocaríamos un choque térmico, y el choque térmico, igual que un golpe de calor, puede ser potencialmente mortal”, ha advertido. En estos casos, aconseja reducir la temperatura corporal de manera progresiva mediante agua templada, paños húmedos o ambientes frescos.
En caso de presenciar un desvanecimiento o una posible insolación grave, el doctor Cremallet ha insistido en que la prioridad es avisar al 112 para que los servicios de emergencia indiquen cómo actuar mientras llegan los sanitarios. Mientras tanto, recomienda colocar a la persona en un lugar fresco, retirar parte de la ropa si es necesario, refrescarla con toallas húmedas y, si ha perdido el conocimiento, mantenerla en una posición segura mientras recibe asistencia.
El calor pasa factura al trabajo y al descanso
El especialista considera que las altas temperaturas pueden reducir drásticamente el rendimiento laboral, especialmente entre quienes desarrollan su actividad al aire libre.
“Con calor el cuerpo está más cansado, sudas más, pierdes electrolitos y el calor te agota. No es lo mismo caminar con 22 grados que con 40”, ha remarcado, al tiempo que ha defendido la necesidad de introducir pausas frecuentes, zonas de sombra y periodos de hidratación para los trabajadores expuestos al sol.
En estos casos apuesta por alternar agua con bebidas que aporten sales minerales para compensar las pérdidas producidas por la sudoración, además de realizar descansos periódicos que permitan bajar la temperatura corporal antes de retomar la actividad. “Alguien tiene que hacer esos trabajos, pero necesitamos parar, hidratarnos y enfriar el cuerpo para poder seguir”, ha resumido.
El calor repercute directamente en la calidad del sueño. Cremallet recuerda que el descanso óptimo se produce con temperaturas comprendidas entre los 18 y los 21 grados. “A partir de los 24 grados ya dormimos peor y cuando la vivienda supera los 26 o 28 grados el descanso se vuelve muy complicado”, ha aseverado.
Dormir mal durante varios días consecutivos provoca cansancio acumulado, menor concentración y un peor rendimiento físico y mental durante la jornada siguiente. Para reducir ese impacto aconseja ventilar las viviendas, utilizar aire acondicionado o ventiladores cuando sea posible y favorecer la circulación del aire durante la noche.
Protección solar
El especialista ha querido llamar la atención sobre otro de los riesgos asociados a la exposición solar: el cáncer de piel. “La incidencia ha aumentado y el melanoma puede matar”, ha recordado, por lo que insiste en abandonar la idea de que un bronceado intenso equivale a salud. “Tomar el sol puede hacerse, pero siempre de forma muy moderada y con protección”.
Entre sus recomendaciones figura utilizar fotoprotectores de alta protección, reaplicar la crema cada dos horas o después del baño y buscar siempre la sombra en las horas de mayor radiación. “No te broncearás tanto, pero estarás más sano. No puedes morirte por haberte puesto moreno”, ha subrayado.
Como mensaje final, Cremallet ha resumido las claves para afrontar las olas de calor en tres ideas: “Sentido común, cuidar especialmente a las personas más vulnerables e hidratarse correctamente”. “No cerveza, agua. Y, cuando sea necesario, bebidas con sales minerales”, ha concluido.
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